Álvaro Uribe Velez, el gran colombiano

Por Daniel Coronel

– ¿Cuándo será que esa elite bogotana deja la soberbia y envidia que le tienen a nuestro gran expresidente Alvaro Uribe Velez.
Sería risible el tema si no fuera porque ese desdén con que se mira a la provincia colombiana y esa actitud de desprecio tiene un efecto en muchas de las políticas públicas que amarran a las regiones y las discriminan.

Lo quieran o no lo quieran los columnistas y opinadores de siempre, los directores de medios nacionales y la izquierda colombiana, Alvaro Uribe Vélez en su gobierno sacó al país del caos en que estaba. Uribe cambió a Colombia para bien y para siempre. Los colombianos lo reconocen, lo sienten y en su gran mayoría lo agradecen.

Vale la pena desgranar el episodio del activista pro FARC Ivan Cepeda Castro para desnudar la desconexión de esa élite con Colombia y para ilustrar como se da el abuso de los medios con todo lo que huela a Uribe o a uribismo en contra de una gran sentimiento nacional. Solo les falta decir que los colombianos son unos tontos por escoger a Alvaro Uribe. Y comienza a promover todo lo que sea contrario a esa opinión.

Así funcionan los medios nacionales con todo lo que tenga que ver con Alvaro Uribe. No hay capacidad de tomar distancia o de aceptar su lugar en la historia. De aceptar lo bueno y criticar los errores. Hay que destruir su imagen a como de lugar. Con columnistas o con falsos testigos o falsos escándalos. O simplemente dándole gran despliegue a todos aquellos que como Iván Cepeda son expertos en manipular la opinión y presentar falsedades como verdades o medias verdades como verdades aboslutas.

La credibilidad de los medios nacionales, por cierto hoy muy buenos recibiendo dineros de Juan Manuel Santos para acabar con todo lo que huela a Uribe, está en juego. Su desequilibrio evidente, su desinformación sobre la verdadera situación de seguridad y su falta de distancia frente a los terroritas que están en el senado dejan por el suelo una historia y una tradición de libertad e independencia que aguantó hasta los más duros embates de la censura y la violencia. Hoy sucumben a la mermelada y la presión de los grandes corruptos acreedores de contratos que siguen en el congreso y grandes medios.

Este episodio de todas maneras deja en claro que el uribismo es una fuerza viva, un caudal político listo para la batalla que nos permitió retomar el rumbo. Acá, los colombianos de bien que saben lo que es el sufrimiento de la provincia, el abandono del centralismo y la violencia. Allá Santos con sus amigos de los medios, las Farc y la tradicional clase política que solo pide puestos y auxilios paralmentarios.

Los uribistas ya ganamos otro round contra otro montaje más de la Corte suprema y Don Ivan Cepeda. Y ya estamos listos para ganar otra vez en marzo y mayo.

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