Archivos de: Daniel Samper Ospina

Acerca de Daniel Samper Ospina

Es periodista, escritor, youtuber y columnista. Fue director de la revista Soho por trece años, donde colaboraron las mejores plumas del mundo. Ha escrito siete libros y ganado varios premios a largo de su carrera. Es reconocido por su capacidad por crear innovadores formatos de sátira política y llegar al público más joven a través de las redes sociales. - Twitter: @DanielSamperO - Facebook: Daniel Samper - Instagram: @DanielSamperOspina - YouTube: #HolaSoyDanny

SIN FINCA NO HAY PARAÍDO – DANIEL SAMPER OSPINA

Parafrasendo a mi gran amigo en el mundo de la bufonería, Gustavo Bolívar, “sin finca no hay paraíso”. Con la extinción de dominio de la finca que tenía la familia de Monsalve, prácticamente se reveló la verdad.

La finca ‘La Venanera’ en realidad fue comprada por Iván Cepeda a través de una de sus cientos de ONG’s de papel que durante años de odio, ha creado para sacarle plata al Estado colombiano por todo.

La adquisición de ese inmueble fue un acuerdo entre Iván Cepeda, Juan Manuel Santos y Juan Guillermo Monsalve y su familia, para lograr empuercar (más) al chalán de Salgar, por eso la decisión del ente investigador regentado por Barbosita no es más que una forma de presión.

Con los Monsalve perdiendo la finca, sin donde pernoctar y mucho menos sin medio de subsistencia; y lo peor, con la posibilidad de una investigación por testaferro y lavado de activos, al testigo estrella no le quedó otra que cantar.

*Y cantar de lo lindo, si Monsalve no quiere que sus padres y su esposa, Deyanira Gómez, no vayan presos le toca contar quien le dio esa finca en contraprestación por sus declaraciones falsas con Uribe.*

Como diría Bolívar: “Sin finca no hay paraíso”.

OJO CON EL 22 – DANIEL SAMPER OSPINA

En libertad Álvaro Uribe Vélez, luego de que una imberbe juez de bajo rango decidió concederle la libertad por una supuesta falta de imputación de cargos, este salió con el hacha de guerra en la mano.

Fiel a su estilo pendenciero y bravucón, Uribe decidió regresar a la política con bríos de adolescentes, con la testosterona con los límites arriba para lograr la consolidación de su dictadura.

Sorprende, eso sí que ante la irrupción de un fenómeno político como el de Uribe, la izquierda no se avispe, ni nada.

El acobardado Sergio Fajardo decidió vetar a Gustavo Petro ante el temor que este lo destroce en una consulta interpartidista, pues esta clarísimo que Petro ganaría. Lo mismo sucede con el vejete de Iván Marulanda,  quien luego de años de pérdidas, se pasó al partido Verde y se convirtió en un esbirro de Fajardo; ahora Marulanda pretende también vetar a Petro, ¡extraña coincidencia!

Los demás líderes de la izquierda, sin ningún tipo de conciencia y llevados por la vanidad y el odio, insiste en irse separados a las elecciones. El resultado será desastroso, el uribismo volverá a ganar el poder.

Ante este panorama tan adverso y tétrico, desde ya me alisto para irme a ver ballenas en las playas de Nuquí.

LOS ÁLVAROS – DANIEL SAMPER OSPINA

En mi familia, durante décadas la única forma de eliminar a los contrarios fue asesinándolos, todo el que resultara una amenaza terminaría muerto, así ocurrió con Álvaro Gómez Hurtado, La Monita Retrechera, el chófer de Horacio Serpa Uribe, el excongresista Carlos Alberto Oviedo, Nacho Londoño, Lorena Henao y el sobrino de Rasguño.

Todos estos crímenes fueron ordenados por mi tío Ernesto Samper Pizano, quien es el poder detrás del poder en este país, es el poder en la sombra de los bandidos, de eso no hay duda, lo puedo asegurar como su familiar.

En el caso de Uribe, al ver la imposibilidad de aniquilarlo físicamente, mi tío desplegó una estrategia para acabarlo moral y espiritualmente, partirlo y hacerlo retirar de la política activa. Para ese propósito reclutó al senador Iván Cepeda Castro, quien guarda un abismal odio por Álvaro Uribe, debido a que, en el pedido de perder por el homicidio de Manuel Cepeda Vargas, éste lo revictimizó. Ahí nació todo.

Lo demás ya todos lo sabemos, se inventaron la estratagema contra los Uribe con la ayuda de Juan Manuel Santos, Eduardo Montealegre y Leónidas Bustos -el amo y señor de la rama judicial, incluso desde el “exilio” en Canadá-.

Todo funcionó muy bien hasta que Uribe renunció al senado y cambió completamente la ecuación, pero estaba segura su condena con los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, pero todo salió mal.

Posdata: La mentira de Lozada de adjudicarse el crimen de Álvaro Gómez Hurtado, es un vano esfuerzo de mi tío por librarse de la decisión de la Fiscalía que viene en camino, que es la de ordenar la detención del exdirector del DAS de la época Ramiro Bejarano, alias ‘Dasmán’ en el mundo del hampa.

CUENTOS INFANTILES DE PANDEMIA

Por Daniel Samper Ospina

Con ustedes, la versión revisada por la OMS de las fábulas para niños adecuadas al coronavirus y a las noticias nacionales.

BLANCA NIEVES Y LOS SIETE ENANITOS DE LA SERGIO.

A una hermosa muchacha que se hacía conocer con el alias de Blancanieves la detestaba su cruel madrastra, que tenía como hábito conversar con su espejo mágico a modo de selfie:

—Espejito, espejito: ¿cuál es la canciller más bonita?

El espejito solía decirle que ella, hasta que un día la madrastra lo encontró de mal genio:

—Cualquiera menos tú, hasta Carlos Holmes; pero la mejor canciller sería tu hijastra Blancanieves.

Presa de los celos, la terrible mujer pidió a un cazador de su partido que se ocupara de Blancanieves en el bosque. El cazador les dijo a sus hombres: “que parezca una baja en combate”, pero al final se conmovió, y la bella muchacha huyó entre árboles hasta que dio con una pequeña casita donde vivían siete enanitos, todos de la Sergio Arboleda, que trabajan en una mina de Minesa (y pretendían explotar el páramo de Santurbán).

Cuando la madrastra se enteró de que Blancanieves vivía, se disfrazó de una humilde vendedora ambulante y regalole una manzana podrida del ejército, y Blancanieves cayó, víctima de un forcejeo.

Un apuesto príncipe de sombrero aguadeño que pasaba por el lugar en su caballo de paso fino la vio:

—¡Qué bella dama! –exclamó—. Seguro ya no quedan más UCIS y por eso agoniza acá.

Acto seguido, la revivió con un toque en el codo y se fueron a pasar juntos la cuarentena, mientras Iván Duque nombraba a los siete enanitos en cargos de gran importancia nacional para los que no estaban preparados.

LA CENICIENTA.

A una bella empleada doméstica, de pequeña boca preciosa, la invitaron a una fiesta clandestina en Cali con las hijas de su patrona, unos concejales y además un mágico, si saben a lo que me refiero. La pobre mujer vio tutoriales para hacerse un tapabocas, pues no le alcanzaba ni para eso. Su sueño era subir fotos a Instagram con una aplicación que tenía unos filtros increíbles, pero que se desinstalaba automáticamente a las doce en punto de la noche. pero tenía y descargó un

La bella joven subía fotos espectaculares a sus historias en la fiesta y despertó la atención del mágico:

—Ve, muñeca, qué tapabocas más hermoso –díjole, para romper el hielo.
—Lo hice yo misma –repuso ella.

Súbitamente la policía allanó en el lugar y, en la estampida, la joven dama perdió la máscara.

El mágico terminó encontrándola y al día siguiente pidió a sus escoltas que buscaran a una mujer de boca pequeña a la que el tapabocas le ajustara:

—Que le horme bien lindo –ordenó.

Lleváronle a Marta Lucía Ramírez, pero el mágico dijo:

—No puede ser ella, es muy bocona.

Violando su reclusión, el expresidente Uribe le llevó una boquisucia que lo insultaba; el exregistrador Carlos Ariel colgose una peluca para hacerse pasar él mismo por dama. Pero nada.

Al final del día por fin apareció la empleada doméstica, a la cual su patrona acababa de despedir sin indemnización. El mágico le compró tapabocas N95, le pagó operación estética; se fueron de rumba a una biodiscoteca de Juanchito y fueron felices para siempre.

PULGARCITA.

Un pequeño ser hizo un traje biomédico y se fue por toda la aldea con un megáfono pidiéndole a la gente que no saliera de la casa.

—Mi hermano, no salga o le clavo multa —gritaba como loca, mientras la ciudadanía se moría del susto.

Como era diminuta, vivía en una caja de zapatos marca Ferragamo, para furia de su dueño. Sucedió entonces que Pulgarcita se internó en el bosque y allá se encontró con otro Pulgarcito:

—¿Y tú quién eres?
—Soy Eduardo Pulgar. Estoy huyendo de la Corte Suprema en este bosque —le dijo, y siguió su camino.

En ese momento apareció un ogro, el Ogro Humano, que quería devorarla:

—Soy el sexto mejor ogro del mundo, y te daré un subsidio y te devoraré —amenazó.

Pulgarcita logró escapar de la casa del ogro (que quedaba en Santa Ana de Chía) y se voló a un supermercado con su pareja, donde fue feliz y tuvo que pagar una multa.

LOS TRES CERDITOS Y EL LOBO FEROZ.

Había una vez tres cerditos que estaban confinados en cuarentena.

—Qué bueno que pudimos mejorar el rancho que hicimos con la paja que tomamos de los discursos sobre la economía naranja —dijo uno mientras tocaba la guitarra.

Apareció entonces en su avión privado el lobo del bosque.

—Ábranme, cerditos, o entono la canción O Sole Mío –amenazó.

El lobo comenzó a cantar ópera y los cerditos por poco se suicidan.

Cuando el lobo se fue a Miami, aprovecharon la reapertura del sector de la construcción y rehicieron su rancho con troncos que obtuvieron del suspendido rentado criollo.

—¡Así estamos más seguros! —exclamó un cerdito mientras hacía cabecitas con una pelota de fútbol.

Pero el lobo regresó y entonó otra ópera, y escupió gotículas a través de su tapabocas Louis Vuitton.

Los cerditos tomaron varias columnas del propio lobo y con esos ladrillos blindaron la casa. El lobo, decepcionado, guardó silencio y cruzó los dedos para que hiciera lo mismo Alex Saab.

***

Quedan pendientes la historia de Rapunzel y la tutela que interpuso para poder salir de su torre y la del abuelito Gepeto, al que le dictaron medida de aseguramiento mientras su títere lo defendía y volvía trizas el Estado de derecho apropiándose de todos los entes de control. Serán para futuras ocasiones.

SI ME GANO LA LOTERÍA CON URIBE

Por Daniel Samper Ospina

Hermanito, le voy a decir la verdad: yo soy seguidor del doctor Uribe, lo sigo hasta en el Twitter duélale al que le duela; por eso, cuando publicó la foto con el número que le había tocado como preso, el número ese que les ponen a los reclusos, le dije a Magally: Magally, anóteme ese número, el número de la reseña del doctor, a ver si nos trae suerte, porque la situación no ha sido fácil, mano, y en eso le soy franco: no ha estado fácil levantar trabajo, aunque el gobierno del doctor Duque nos ha ayudado mucho con su economía naranja y ahora todos en la familia vendemos naranjas en los semáforos. Y si me gano la lotería con Uribe se la dono, la dono todita para la vaca que le están haciendo en el partido.

La semana pasada pensé que iba a hacer mi agosto y salí a vender a la caravana de apoyo al doctor Uribe que pasó por acá, pero eso eran todas camionetas que iban a toda mecha y pues no pude: eso pasaban a las carreras y sacaban hasta los zapatos crocs del doctor Uribe por la ventana, y yo le dije a Magally: eso no me huele nada bien, Magally. Y ella me dijo: no hable así del croc del doctor, y yo le tuve que aclarar que hablaba era del juicio contra Uribe. Para mí que esos magistrados castrochavistas van es a fregarlo: ¿los guerrilleros en el congreso y el doctor Uribe preso? Nanai, le dije yo: guerrillero es guerrillero hasta que se muera, como nos dijo el doctor Everth Bustamante, cuando íbamos allá a oír los discursos en la sede del partido. Ahora agarraron al presidente y si no lo sueltan, como pide el doctor Duque, nos vamos a convertir en otra Venezuela (y allá no hay democracia ni hay nada, ni siquiera respetan las ramas del estado).

Es que estamos en manos de unos magistrados que son de juventud Farc; magistrados que son como un virus y necesitan es que el doctor Uribe los vacune, para que sepan cómo son las cosas.

El trabajo no ha estado fácil por más esfuerzos que hace el gobierno, porque eso sí le confieso, mano, que yo voté por Duque, acá en la casa siempre votamos por el que diga Uribe, Uribe es un sentimiento. Por Santos, y mire cómo resultó, le entregó el país a las FARC; por el doctor Zuluaga, a quien le robaron la elección; por el No, que también nos lo robaron. Hasta por Jáider Villa, a quien el doctor Uribe le hizo un guiño.

Entonces también voté por Duque, pero, claro, la izquierda no lo ha dejado gobernar, y encima vino esta pandemia, y yo venda y venda naranjas para nada, hasta que vi la foto del doctor Uribe con los ojos así bien abiertos, abiertos como un expediente, mejor dicho, grandotes, y vi el número que le toca usar de preso, y ahí fue que dije: Magally, anote ese número, me voy a comprar el chance en honor al doctor Uribe, qué tal salga. Y Magally me dijo: Fabián, usted es bobo, ¿él qué va a tener chance de salir? Y yo le dije: hablo del número, Magally, de la serie. Y ella volvió y me preguntó que de cuál serie, que si de la serie Matarife, hasta que yo le expliqué que era del chance como el que vendía La Gata, y que no viera esa serie, que más bien leyera harto libro como doña Lina.

Pero en el chance ya no pagaban con ese número, ni siquiera con el 82, que porque mucha gente lo había comprado. Entonces dije: pues le hago a la lotería, qué carajos, y así hice porque le digo algo, mano: yo soy persona de fe y tenía la sospecha de que el doctor Uribe me iba a ayudar, porque él tiene poderes, ¿sí?, poderes paranormales, y no es primer vez que se manifiesta. En Soledad, Atlántico, vieron el perfil del doctor Álvaro en un pargo frito. Un pargo rojo, parece. Un conocido me dijo que se le apareció una vez en forma de pajarito. Y una muchacha que sigo en el Facebook publicó una foto de su cocina y se veía clarita la silueta del doctor en una mancha de humedad. Salía con el tinto en la mano y todo, salía a caballo. Ahora hay romería para ir a prenderle una vela, una vela a Dios y otra a él.

Magally anotó el número y me fui a conseguir un talón que lo tuviera, porque en eso soy como el presidente Duque, que es muy pegado del talón; para el caso del talón del doctor Uribe. Y fue al día siguiente que vi ya las noticias. Al principio no creí, pero luego Magally comenzó a gritar:

—¡Cayó el gordo, cayó el gordo!

Y yo le dije: Magally, esa no es manera de referirse al señor presidente, respete para que la respeten. Y entonces ella gritó:

—No, que fue que cayó el mayor, cayó en Bucaramanga.

Y yo le dije: pero si el doctor Uribe estaba era en Río Negro.

Hasta que ya al final fue que capté, y me puse feliz, casi de echar tiros al aire, plomo es lo que hay.

Yo ya había jugado a la lotería, pero inspirado en líderes políticos muy pocas veces. Le aposté una vez al ocho mil en épocas de Samper. Compré un número con varios ceros a la izquierda pensando en el gabinete del doctor Iván. Y me gané un seco jugando la lotería de Minesa, acá cerca, en Santurbán.

Ya cuando la misma Magally me hizo captar, me puse feliz, claro. Imagínese: 3500 millones, un platal. Alcanza para una campaña de publicidad en redes sociales y sobra. Los iba a donar para la vaca que están haciendo para el doctor Uribe, pero vamos a mirar con Magally, porque la situación está muy berraca.

Puede ver más contenidos de Daniel Samper Ospina ingresando aquí.

EN UNA COLOMBIA PARALELA…

Por Daniel Samper Ospina

Era jueves, y ya sentía que el país me doblegaba con sus noticias de siempre: la W denunció que el fiscal Barbosita, obsesionado acaso por la transparencia, viajó por cuenta del erario a Caño Cristales, y también a Pereira, donde asistió, en vuelo oficial, a la fiesta de la esposa del contralor, como ejemplo de trabajo interinstitucional: ¿en qué otros destinos piensa acumular millas? ¿En la isla de Barbados, con el pretexto de analizar procesos de guerrilleros? ¿En Punta Cana, como guiño a su amigo Iván Duque?

María Jimena Duzán publicó una grabación en que Tomás Uribe aterriza ante Caye Daza la donación de un amigo al que se refieren con el alias de “Carevampiro”, pero de ninguna manera se trata de Óscar Iván Zuluaga, o de la actual canciller.

Como era de esperarse, la Corte Constitucional tumbará las sesiones virtuales del Congreso, con lo cual podrían caerse leyes fundamentales para el país, como las de declarar al carriel como patrimonio inmaterial de la humanidad y a Buga como la “ciudad señora de Colombia”.

Y, por si faltaran noticias sorprendentes, Gustavo Petro invita a desconocer la autoridad presidencial de Iván Duque e, inspirado en las técnicas de lucha de Uribe contra Santos, llama a la desobediencia civil. Pero es imposible comprender el llamado: ¿cuál es la autoridad de Iván Duque, acaso, para poder desconocerla? ¿La desobediencia civil consiste en no lavarse las manos cuando el presidente presentador pide que lo hagamos en su Talk show? ¿En no creer que los enanitos de Blanca Nieves eran siete, como él mismo lo pregonó con vigor en la Unesco? Desobediencia sería brincarse la autoridad de Álvaro Uribe, quien dicho sea de paso fue el primero en desconocer la de Duque: ¡he ahí al Thoreau de nuestros tiempos! ¿En qué momento nos convertimos en esta pequeña Venezuela en que Uribe hace las veces de Chávez; Duque, de Maduro y Petro de Guaidó, el hombre que denuncia el poder del usurpador?

Y, como si no fuera suficiente, en una defensa memorable que pretendía congraciarse con Uribe, Pachito Santos publicó los cuantiosos contratos que el Presidente Eterno otorgaba a dedo al fiscal Montealegre; se disparó el pico del coronavirus; e Iván Duque contactó a Bolsonaro para contener en conjunto la enfermedad: ¡a Bolsonaro! ¿Qué sigue ahora, por favor? ¿Pedirle ayuda para luchar contra la deforestación del Amazonas, de una vez? ¿Contratar la asesoría en derechos humanos de Rodrigo Duterte, el tirano de Filipinas?

Abrumado ante el agobio informativo, decidí tomar distancia de las noticias nacionales y concentrarme en otras secciones del periódico: cultura, por ejemplo, para empaparme del nombramiento de Bad Bunny como compositor del año; economía, para seguir los preocupantes sucesos de la banca; o deportes, para lo mismo, aunque concentrado en James Rodríguez y el Real Madrid.

Sin embargo, fue en la sección de ciencias donde un titular absorbió mi atención: expertos del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Gotinga, Alemania, descubrieron una imagen “espejo” de nuestro Sistema Solar con un exoplaneta idéntico a la Tierra. Así como suena: en algún lugar del universo hallaron una galaxia paralela con un planeta gemelo del que quiero creer que somos la versión bizarra, el reverso: un planeta hermano, correcto, plácido, pacífico, donde existe un país que se llama Colombia, con C, no con P; Gustavo Petro es un conciliador hombre de zapatos Hevea de gamuza que busca la concordia y se afeita cuando viaja a Cuba; el director del ejército no grita “Ajúa” en las entrevistas, como si hubiera descubierto algo (una ley física, el archivo con el perfilamiento de un periodista: algo), sino que guarda las formas (y los fondos) de manera ejemplar; Álvaro Uribe es un destacado defensor de los derechos humanos al que, gracias a un fallo judicial, nadie puede llamar “Matarife”, y el fiscal general es un funcionario de bajo perfil que se destaca por el manejo delicado de los recursos públicos.

En aquella Colombia de Gotinga el excandidato Pinzón denuncia a los auxiliadores de la guerrilla con pruebas; el gol de Yepes fue válido; la alcaldesa no grita; Nairo Quintana gana el Tour de Francia; en la cuarentena no abundan los trancones; Pachito Santos es un hombre maduro; y Maduro no es el tirano del país vecino, porque abandonó el poder agobiado por un concierto en la frontera protagonizado por Iván Duque, quien no es presidente de la República, sino un tranquilo exministro de cultura del gobierno de Santos que persigue, ya no opositores, sino su sueño de ser guitarrista. Sergio Fajardo ostenta la locuacidad de Martha Lucía Ramírez en los momentos cumbres, y Martha Lucía Ramírez, la mesura silenciosa de Sergio Fajardo en los críticos; Nubia Stella Martínez llama “donación ilegal” a los lapsus; Mockus tiene curul; James Rodríguez es titular. Y la changua no existe.

Existe, en cambio, un columnista de abundante cabellera que observa la realidad con optimismo porque sabe que no todo está perdido: el fiscal general está volando. Literalmente.  El “Carevampiro” quizás sea el “Condecontar”, que trabaja con Hassan “Archibaldo” Nassar, entre otros amigos de Plaza Sésamo. Y en la Colombia de Gotinga a lo mejor no sepan todavía de nuestra existencia.

Puede ver más contenidos de Daniel Samper Ospina ingresando aquí.

SOBERBIO COMO EL FISCAL


Por Daniel Samper Ospina

Apreciado presidente:

Acuso recibo de su amable carta en la cual haces gala de una extraordinaria capacidad para hablar de usted y de tú al mismo tiempo, acaso superior a la del mismo Gustavo Petro: superior, o tuperior, según se vea. Enhorabuena por eso.

Sorpréndeme gratamente su misiva en varios apartes, en particular en aquel fragmento en que dice que para Sergio Fajardo el partido Liberal es como “la hez de la sociedad”, porque me resulta llamativo el concepto de la palabra hez, en singular, cuando suele usarse en plural: muy singular esa forma de expresarla. También porque es extraño que me escriba a mí para responderle a él, cuando bien pudieras, porque te conozco, dejar la timidez y escribirle directamente a él, que era buena persona. O lo es todavía: hez, en tu grafía.

Pero agrádame tu carta muy especialmente por esa confesión de amigo en que me cuentas que ya no vives con Ana Milena, cosa bastante obvia porque de lo contrario no se encontrarías administrando pequeños manzanillos liberales, sino disfrutando de las mieles de la diplomacia en Egipto o en Turquía. Surquía, si no nos hablamos de tú.

A cambio de eso, te toca someterte al desgaste de las noticias nacionales, como ésta: gracias a Noticias Uno, supimos que el contralor general, que trabaja con la esposa del fiscal, y el fiscal general, que trabaja con la esposa del contralor, viajaron a las playas de San Andrés en plena cuarentena, con sus familias (lo cual permitió ahorrar costos al Estado, porque la asesora del uno dormía con el otro, y viceversa: dos cuartos menos, gracias a dios).

Ya ves, querido César: ahora agarran los aviones oficiales para los que se les da la gana: ¡les faltó mandar a traer a músicos vallenatos para armar una parranda! ¡Así han cambiado las épocas! No se imaginaba uno al doctor Bernal Cuéllar en pantaloneta mientras ordenaba cocolocos y providencias en la isla que lleva ese nombre; o al Fiscal De Greiff inventando disculpas para viajar al mar con su hija Mónica y una amiguita de ella, digamos Angelita Benedetti, e imputando cargos al gobernador de la isla para disimular.

Pero así son estos jóvenes de ahora, presidente. Don Barbosa y don Pipe deciden buscar la transparencia en las cristalinas aguas de San Andrés. Se aíslan en la isla, y ofrecen gran rueda de prensa para que el Fiscal anuncie, humilde, que ocupa el segundo cargo más importante del país: ¿quién ocupa el primero, acaso? ¿Carlos Queiroz? ¿El propio contralor Pipe, acaso, que lucía taciturno, silencioso, casi con sueño, como si estuviera en la isla de Roncador?

El asunto, presidente, es que montaron viaje en época de cuarentena porque, no nos digamos mentiras, el turismo de la isla se ha vuelto insoportable. Es turismo tipo “On-vacation”: turismo de chancleta, César, como de Melgar.

En cuarentena, en cambio, las comitivas podían disfrutar del buffet sin hacer cola, y gozar de un día de playa sin el asedio de los vendedores ambulantes: me emociona visualizar al Fiscal, libre y feliz, el traje de marinerito, el collar de flores: ¡el cachumbo de la calva trepidante en el viento mientras se admira de que nadie le venda la gafa para que pueda seguir haciéndose el de las ídem en el caso de la Ñeñe política!

Porque con lo del Ñeñe hay pocos avances, César querido, Presidente. Al revés: nadie parece investigar la financiación de aquella campaña que tú apoyaste en segunda vuelta. Mire esta anécdota: tu homóloga del Centro Democrático, Nubia Stella Martínez, aparece en una grabación con Caya Daza, la mano ultraderecha de Uribe, en que ésta le pregunta “¿Qué pasó con lo del venezolano?”, a lo que ella responde: “¿Sabes cuánto nos dio? 300.000 dólares”. Pero en declaraciones radiales, la doctora Nubia Stella aclaró, a modo de fe de erratas, que todo se trató de un lápsus: donde dijo: “el venezolano nos dio 300 mil dólares”, quiso decir: “el venezolano nos ofrece 300 mil dólares, que serán rechazados porque eso es ilegal”.

¿A qué voy con todo esto, Presidente? A decirte que le agradezco tu respeto por la libertad de opinión, que me consta, y tu amabilidad, que también me consta, y a responder tu carta del mismo modo en que usted la redactó: para referirme a otros, en mi caso al Fiscal Barbosa. Mejor así. Si me quejo directamente ante él, el penacho de pelo le tiembla de la ira y comienza a vociferar como si él mismo fuera el hoyo soplador: impreca que la suya es la mejor fiscalía de la historia; que él es el segundo funcionario más importante del mundo, y que es un gran papá. Mejor entonces quejarse por interpuesta persona, a través tuyo: ¿hay derecho a que los funcionarios que deben dar ejemplo utilicen de semejante modo los recursos del erario? ¿Cuántas altas consejerías para la vicepresidencia se habrían podido crear con lo que el Fiscal gasta en viajes? ¿Es normal el cruce de nombramientos conyugales? ¿Los puestos del estado son, acaso, para unas pocas familias?

Lo cual me lleva, César, a insistir en mi pregunta no sólo sobre el nombramiento de María Paz como ministra de cultura, sino también por el de Simón, de quien se rumorea ingresará al gobierno en cualquier momento. Ojalá lo haga como Gobernador encargado de San Andrés. La isla tiene unos paisajes tan soberbios como el Fiscal. Y allá cualquier funcionario es feliz, por lo que intuyo. O insuyo, si no nos hablamos de tú.

De usted,

Puede ver más contenidos de Daniel Samper Ospina ingresando aquí.

EN MI DIARIO DE CUARENTENA

Día 12.
Después de haber atendido tres reuniones de trabajo eternas por Zoom y de celebrar un cumpleaños por Webinar, capté que hoy era domingo. La nota optimista del día: aprendí que Webinar no es un verbo ni insulto ni una enfermedad urológica, como suponía. Tampoco el nombre de un futbolista de Santa Fe: Webinar Velásquez. Marcador de punta.

Día 16.
Mi prima caleña llamó a contarme que bailó salsa en la discoteca de bioseguridad inaugurada por el alcalde Ospina: Juanchito. (Juanchito se llama la discoteca, no el alcalde Ospina. El alcalde Ospina se llama Jorgito, y es muy ruidoso y se cree muy iluminado: como una discoteca). Pidieron un combo para parejas: traía media de ron, picada, visera de cirujano y un galón de desinfectante. Luego bailaron la canción Señora muerte.

Día 28.
Estaba tan aburrido, que chismoseé una telesesión del congreso justo en el momento en que la cámara (la del Zoom, no la de representantes) ponchaba al representante Juan Pablo Celis en calzoncillos, con la porquería en la mano: ¡en semejante órgano tan importante! (Hablo del Congreso). Lo peor es que con esa misma mano aprueba leyes claves como la de declarar el carriel patrimonio cultural, u otorgar –dios mediante suceda– la cruz de Boyacá a la changua, que es tibia, es bogotana y tiene huevo. Como yo, según el petrismo.

Día 31.
Contraté un abogado para que me ayudara a descifrar si: a) el día que quería salir había pico y género; b) mi barrio quedaba en cerco epidemiológico; c) debía llenar alguna aplicación para evitar multas; d) mi oficio se encontraba en las excepciones de Duque, pero no en las de Claudia López; e) mi oficio se encontraba en las excepciones de Claudia López, pero no en las de Duque; f) había toque de queda. Al final el abogado no me supo decir pero me pasó una cuenta de cobro que no tengo ni idea de cómo voy a pagar, porque en la empresa redujeron el salario.

Día 37.
Entregué mis datos a una aplicación del distrito, y después supe que no era necesario. Espero que sean responsables con la información y no ventilen lo que dije de mis ingresos ni de mis hemorroides. Me tensioné mucho mientras descargaba la aplicación, y eso es malo para todo, en especial para las hemorroides. Definitivamente soy muy malo para manipularlas. Hablo de las aplicaciones. Hasta hace poco pensaba que Coronapp servía para que uno eligiera qué tipo de coronas quería para sus muelas o su funeral. Maldita enfermedad. Lo peor es que se habla de un rebrote. Hablo del coronavirus. (Y de las hemorroides).

Día 40.
En Caracol informan sobre abejas asesinas, volcanes en erupción y lluvia de meteoritos y, por si faltaran noticias apocalípticas, nombraron a Paloma Valencia en el comité de la paz. ¿Qué sigue? ¿Que Uribe acuse a Petro de paramilitar?

Día 48.
Llevé al parque a mi papá porque tenía su media hora de salida semanal, pero se trató de volar otra vez: atravesó la calle sin mirar si venían zorros o nutrias con sus crías. Perdió mi confianza. No lo vuelvo a sacar. Alcanzamos a regresar antes de las seis para ver el programa del presidente, que está buenísimo: corrió el pico para agosto. Descontando los de La venganza de Analía, es el pico más largo de la televisión colombiana.

Día 57.
Duque amplió la cuarentena pero clasifiqué en 42 de las nuevas 43 excepciones planteadas por el decreto, entonces pude salir a la calle. La ciudad estaba repleta. Un vendedor ambulante me vendió un tapabocas de segunda, y, a pesar de su insitencia, no me lo probé. Me queda gigante, pero se ajusta bien a la barbilla (donde nos lo ponemos en la oficina para poder hablar).

Día 65.
La policía mató a golpes al muchacho afro Anderson Arboleda. Pensé que en la Casa de Nariño tendrían que apagar la luz y meter a Iván Duque al búnker de Palacio o al menos al garaje por donde antes ingresaba alias Job; que rebautizarían la universidad Sergio Arboleda para no rendir homenaje a esclavistas: a lo mejor permitiendo el Sergio, para evitarle líos a los sergistas, pero con el apellido de otro personaje destacable: como el cantante de merengue Sergio Vargas. Pero no sucedió absolutamente nada.

Día 69.
El gobierno lanzó el programa de la hipoteca inversa y estoy intentando que mi papá no se entere: sería fatal para mis pretensiones hereditarias, e injusto que lo único que termine heredándole sean las hemorroides.

Día 72.
Duque organizó un día sin IVA. La gente atiborró las grandes superficies para comprar televisores cuyas pantallas, a diferencia de la curva de contagio, son planas. Fui a Alkosto y me endeudé para comprar uno en que cabría de pie Pachito Santos. Ahora veo el programa de Duque con una tecnología que tiene lo que al gobierno le falta: alta definición. En el capítulo de ayer promovió el distanciamiento social con tarjeticas verdes y rojas.

Día 84.
Tarjetica roja a María Fernanda Cabal por ponerse a priori del lado de siete soldados que violaron en manada a una niña embera de doce años. Ella siempre del lado del débil. El fiscal dice que no fue violación sino abuso. Le faltó asegurar que era una acción de guerra. Pero no de Ciro Guerra, a quien ocho mujeres salpicaron con testimonios de abuso. Qué país. Todas las noticias son de ese talante. Solo falta que Santa Fe anuncie la contratación de su nuevo marcador de punta: Webinar Velásquez.

DEYANIRA GUERRERO, KARINA GARCÍA, CONCEPCIÓN CORREDOR

Ni de la pelea de Petro y Uribe, en la cual Uribe por poco acusa a Petro de usar zapatos Crocs; ni del tétrico 19 de junio en que el gobierno echó por la borda el esfuerzo de encerrarnos durante tres meses al inventar el ofertazo de un día sin IVA: de nada de eso pienso escribir esta vez. Pienso escribir de tres mujeres que este domingo no estarán con sus familiares: dos que están muertas y otra más que está muerta sin morirse, porque su cuerpo no aparece, y sus hijos y su mamá lloran su ausencia con una esperanza dolorosa, que parece otra forma de castigo.

El cadáver de Concepción Corredor quedó arrumado en una vía del Casanare, atravesado a balazos. Nunca más la volverán a ver sus hijos ni su esposo ni su hermano, militante como ella del Partido Verde: el esfuerzo de su trabajo como presidenta de Junta de Acción Comunal de la vereda La Pradera era ahora ese cadáver anónimo, salpicado por el polvo del camino. La noche antes de que la mataran, dos tipos la sacaron a rastras de su casa, en medio del pánico de su familia. Si usted tiene hijos, ponga la cara de ellos sobre la de los hijos de Concepción Corredor, y ponga su propia cara sobre la de Concepción Corredor, e imagínese que se lo llevan, que se la llevan, a rastras, bajo gritos, sin que nadie sepa qué sucede: que a la fuerza la suben en una moto cuyo motor se pierde en la noche. Y que lo siguiente que sus hijos saben de usted es que su cuerpo apareció tirado contra la maleza de un camino polvoriento. Y que nunca más la volverán a ver.

Karina García amaba a los perros, tenía un hijo de tres años, y el día que la mataron ya la habían matado por dentro: fue una líder social a la que mataron dos veces. Un mes antes de que morir en medio de una camioneta en llamas, había sacado su título como especialista en contratación estatal y luchaba por convertirse en la primera alcaldesa de Suárez, en el Cauca. Su aspiración había desatado una incesante ráfaga de noticias falsas que no terminaban de doblegarla: en panfletos y mensajes decían que iba a llenar el pueblo de paramilitares; que quitaría la tierra a los campesinos para asignarla a las multinacionales. Pidió clemencia. Existe el video en que clamó por su honra: pueden verlo. Predijo que las difamaciones mataban. Y la mataron: la mataron con la mamá y cinco militantes de su partido y uno de sus escoltas de la Unidad Nacional de Protección, a quienes los sicarios sorprendieron en la carretera con una lluvia de balazos de fusil.  Un escolta consiguió escapar y existe el video en que cuenta su milagro: pueden verlo. Karina García de 31 años. Tenía un lunar en la palma de la mano izquierda. Dejó un hijo que ya tiene cuatro años. Una perra que se llama Serenata. Y un diploma.

Michel Forst, relator de Naciones Unidas, sostuvo que Colombia es uno de los países más peligrosos del mundo para la defensa de los derechos humanos. Las cifras solas no muestran la tragedia humana que hay detrás de cada caso. Por eso un grupo de columnistas hemos querido contar la historia de algunos de ellos.

Ya conté la de dos mujeres muertas, pero quiero hablar ahora de Deyanira Guerrero. El 2 de mayo de 2018, mientras James Rodríguez marcaba un gol con el Bayern, Deyanira Guerrero le pidió a su mamá la bendición, y se fue a trabajar al restaurante La pesebrera, en La hormiga, Putumayo, para ganarse los pesitos extras que sumaba a lo que producía vendiendo cerveza, raspados y gaseosa en una tienda.

Su mamá comenzó a llamarla desde las cinco de la tarde, porque no se había reportado. La llamó pero nadie contestaba, y la siguió llamando hasta que la llamada entraba directamente a buzón. Y nunca supo más de ella.

Deyanira tiene 38 años. O tendría. O debería tener: nadie sabe cómo referirse a la presencia invisible en que se convirtió. Jonier, su hijo de catorce años, dice que, para no estar triste, se imagina que ella está trabajando en la tienda, común y corriente, y que por la tarde vendrá ayudarle a hacer tareas, porque siempre les ayudaba a hacer las tareas; Yesid Santiago, su otro hijo (de diez años) habla poco. Cada uno debe imaginarse qué pasó, y administrar la esperanza traicionera de que un día cualquiera entrará de nuevo por la puerta.

El nombre de Deyanira Guerrero había aparecido en un panfleto de amenazas cinco meses atrás por su digno trabajo en la Alianza de Mujeres Tejedoras. Le gustaba la cachama sudada; le gustaba el vallenato; el día que se fue tenía un enterizo de jean. Deyanira es ahora esta especie de espectro que nadie se autoriza a llorar de verdad, esa muerte sin certezas que impide llorarla con un llanto redondo de desahogo, sin costuras ni culpas.

Esta vez quise escribir de estas tres mujeres: de sus dos cuerpos muertos arrumados en el camino; del otro cuerpo etéreo que nadie sabe dónde está. Mientras a todos nos carcome por igual el mismo olvido, este domingo quiero pensar en ellas y en sus hijos, y en este país de miseria al que poco le duelen sus muertos, y en este oficio inútil de no tener nada mejor que ofrecer a Concepción, Karina y Deyanira, sino un recuerdo triste que se evapora con el día.

EN LA CABEZA DE MARTUCHIS

…Yo creo que de este episodio todos podemos aprender. Mi hermano era muy joven, tenía apenas 36 años, y dijo: “voy a hacer un emprendimiento, voy a exportar a Estados Unidos”, y hasta ahí todo bien: eso fue lo mismo que yo propuse como ministra de comercio exterior, en una gestión que por lo demás fue muy destacada, porque yo soy una mujer muy emprendedora que siempre se ha destacado por trabajar, trabajar y trabajar, como decía el presidente Uribe, con el que hice una gran llave… porque esto no es de atenidos, de venga para acá y que el estado me haga todo… venga para acá y yo me quedo quieta y que el estado exporte por mí y yo no hago nada… No, nada de eso… Acá toca encomendarse a la virgen de Fátima, echarse la bendición y trabajar duro si uno quiere prosperar y no quedarse viviendo en una casita de doscientos metros, sin tener con qué pagar una fianza, una garantía, y comprando ropa en descuento en JCPenny.

Bueno: digo que mi hermano Bernardo hizo ese emprendimiento cuando era casi un niño de 36. Lo pensó, hizo sus números, quiso sacarlo adelante para producir en pesos pero ganar en dólares —que es como se deben pensar estos negocios de exportación—, pero se equivocó en el producto, no ha debido ser heroína… Heroína yo, y lo digo sin falsa modestia, que en cada uno de los cargos que he ocupado me he destacado: he trabajado para todos los presidentes sin excepción; como ministra de comercio, como ministra de defensa, cuando combatí la droga en toda su cadena de producción, porque la droga se tomó este país… Usted ahora va al campo y ya no hay campesinos, ahora son todos terroristas de ruana que trabajan para carteles de la droga, y contra ellos es nuestra lucha, sin contemplaciones: ¡acá no hay narcotraficantes buenos y malos! ¡Acá todos los narcotraficantes son malos y debemos proteger a la juventud de las amenazas de la droga! ¡Queremos jóvenes deportistas, como Farah y Hadad, como Faryd Mondragón, que algún día llegará a reemplazar al señor Constantino en la FIFA, o a ser ministro del deporte en un gobierno de Marta Lucía Ramírez!

Pasó entonces lo de mi hermano, y en su momento no dije nada porque ¿para qué?, ¿para qué propagar malos ejemplos? Además, ¿cuándo ha visto uno, por ejemplo, a los líderes de este país hablando de sus calamidades familiares, de un Gustavo Pastrana, de una Dolly Cifuentes? Son cosas que se llevan con elegancia, en silencio.

Es que esto no es de “venga que acá ninguno ha cometido errores” porque errores hay en todos lados: lo importante es manejarlos para que tu pasado no se interponga en tu futuro. Yo he trabajado sin descanso para liberar a Colombia de las mafias que se aprovecharon de la juventud de mi hermano Bernardo y de su temperamento bonachón, porque Bernardo es de esas personas que no te saben decir que no. Esa vez debieron de proponerle ganarse un dinero fácil, y él cayó redondo, pobre, a pesar de que le hemos dicho que parar ganar dinero uno necesita trabajar, montar negocios de construcción, siquiera de finca raíz: al menos organizar hipotecas para que los bancos puedan ayudarles a los viejitos al final de sus vidas pagándoles una mensualidad a cambio del apartamentico, y así pueden estar tranquilos.

Los periodistas que no son mis amigos me quieren desprestigiar: es que usted no contó, me dicen. Primero que todo: yo sí les conté a las personas con que trabajé. Y lo hice por lealtad, porque si hay una persona leal, esa es Marta Lucía Ramírez… Yo les dije: Presidente Uribe, mire que un hermano tuvo esto en Miami; presidente Pastrana, ya que acaban de decir en radio que usted es una mula, venga le cuento una cosa. Y ellos me dijeron: ¡adelante, Marta Lucía, no hay delitos de sangre, más bien vaya combata al narcotráfico hasta que caiga la última gota de sangre! Y le cumplí a la patria: me metí a las regiones, en zonas donde no hay construcciones; donde todos son lotes por construir; y ordené tropas y aspersiones porque en eso soy de una sola pieza, casi como el primer apartamento en que vivimos Álvaro y yo, el de 200 metros. Aunque ese tenía más cuartos.

No pueden utilizar la involuntaria indelicadeza de mi hermano para atajar la llegada de la primera presidenta de la República a Colombia. Sí: puede ser que mi hermano haya tenido un lío en Estados Unidos. Que preferimos no contar y tragarnos ese dolor en silencio para no molestar a nadie. Que mi hermano haya convencido a unas personas de que ingirieran heroína en preservativos en un país —y no es por defenderlo— en que toda la comida tiene preservativos. Y que también se haya robado una ropa. Y en JCPenny. Pero es muy sospechoso que lo descubran justo ahora, cuando mi carrera más brilla: ¿dónde está el fiscal, más bien? ¿Por qué no dicta una orden de captura contra el hermano de Petro? ¿Es que acaso quieren que este país se convierta en otra Venezuela? ¿Por qué se fijan en el tal Memofantasma, y no en el fantasma del castrochavismo?

De malas. Habrá Marta Lucía para rato. Como dije en Twitter, ¡a mí sí me importa que los altos funcionarios aparezcan compartiendo en fotos con narcotraficantes! ¡Dejen quietas esas fotos en el álbum familiar! Y dejen de juzgar a mi hermano, ¡qué atenido!: que ha tenido unos días tan largos como dicen que son mis declaraciones.