Samper Ospina

Twitter sin Petro – Daniel Samper Ospina

Por Daniel Samper Ospina

Twitter finalmente tomó la decisión que tenía que tomar hace muchísimo tiempo, la cual era suspender de manera definitiva la cuenta de Donald Trump, quien desde esta trinchera generaba violencia, desinformación y miedo.

Lo mismo ocurre con Gustavo Petro, este señor durante el Paro Nacional de octubre de 2019 se dedicó desde Twitter a llamar a la ciudadanía para incendiar el país, la ola de violencia de esa manifestación parecía excitar a este señor, quien seguía alentando a los violentos.

No contento con eso, durante la revuelta en Bogotá por el asesinato por parte de la Policía de un abogado en un procedimiento abusivo, en donde los ciudadanos agredieron a la Policía, quemaron decenas de Cais, Petro desde Twitter retuiteaba y se notaba como disfrutaba mientras la ciudad ardía en llamas.

A él solo le falta pedir la insurrección popular por parte de los manifestantes para lograr su objetivo, que no es otro que el poder a toda costa. Trump fue silenciado por decirle a sus manifestantes que él fue víctima de fraude y que, además, con complicidad de las autoridades. Igualmente, eso ha hecho Petro con la fábula de Ñeñe, que solo se la cree y el senador Gustavo Bobolívar.

Por eso resulta extraño que Twitter en ningún momento haya suspendido de manera provisional o definitiva, la cuenta del pirómano Gustavo Petro, que desde Twitter de manera irresponsablemente dispara como en sus épocas de guerrillero terrorista, de lo cual aún no confiesa crímenes ni repara a los cientos de víctimas de esa actividad criminal.

Se hace necesario que, de manera inmediata, aplicando los mismos criterios que con Trump, que Twitter suspenda de manera definitiva la cuenta de Twitter del senador Gustavo Petro, que no es más que un terrorista de teclado.

El secretario de la no violencia – Daniel Samper Ospina

Daniel Samper Ospina

El ridículo cargo de Secretario de la No Violencia que creó el alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle para conseguirle trabajo al primo de su esposa Diana Osorio.

Quintero Calle quien ha gobernado Medellín con bastante ineptitud, decidió crear un cargo rimbombante para una persona totalmente falta de conocimiento y carácter como el primo de la primera dama.

El nombramiento de Juan Carlos Upegui, un filósofo cuyo único mérito es ser primo de Diana Osorio, esposa del alcalde Quintero Calle y por ende primera dama de la ciudad ha sido un total desacierto, pues no sólo es una muestra de nepotismo, sino que su incompetencia ha sido pavorosa.

Upegui recientemente sacó una pieza audiovisual para evitar la violencia juvenil, en el video el secretario debuta como actor. En un acto patético, con una música terrible y una estructura argumental deprimente, la campaña de esa Secretaria de la No Violencia se volvió viral, pero no por buena sino por todo lo contrario.

Y así transcurre el primer año de Quintero, entre la corrupción, la ineptitud y la estupidez.

Ñapa: La Fiscalía General de la Nación abrió investigación contra Daniel Quintero, pues lo que es un rumor de la calle, se está convirtiendo en realidad. Quintero pactó con la mafia para lograr su elección.

EL DELFÍN – DANIEL SAMPER OSPINA

La candidatura de Tomás Uribe, hijo del capataz de finca de Salga, Antioquia, es un hecho de muchísima preocupación para los sectores alternativos.

Nosotros representamos los intereses de los colombianos cansados del establecimiento y lo que representa el nefasto gobierno de Iván Duque Márquez y su corruptela alrededor.

Quien salió lanza en ristre contra la posibilidad de la candidatura del joven Tomás Uribe, fue Gustavo Petro, quién descalificó a éste y lo acusó de tener como una cualidad para aspirar a ser presidente, el hecho de ser hijo de Álvaro Uribe Vélez.

Petro quien tiene un hijo llamado Nicolás, cuyo único mérito para lanzarse a la gobernación del Atlántico el año anterior, es por la única razón de ser hijo de quien es. Nicolás Petro es un delfín gris, no ha trabajado nunca, es un charlatán sin ninguna preparación o brillantez.

Tomás Uribe es el antítesis de todo lo que representamos, pero es trabajador y exitoso, mientras que el vástago del dictador de Ciénaga de Oro, no es más que corriente más, nunca a la altura de nuestra oligarquía cachaca.

En pelea de delfines, obviamente yo soy el más exitoso de todos, pero si me toca escoger entre Tomás, Nicolás y Martín, creo que me quedo con el primero.

La lógica debe tener sentido, recuerden eso.

SIN FINCA NO HAY PARAÍDO – DANIEL SAMPER OSPINA

Parafrasendo a mi gran amigo en el mundo de la bufonería, Gustavo Bolívar, “sin finca no hay paraíso”. Con la extinción de dominio de la finca que tenía la familia de Monsalve, prácticamente se reveló la verdad.

La finca ‘La Venanera’ en realidad fue comprada por Iván Cepeda a través de una de sus cientos de ONG’s de papel que durante años de odio, ha creado para sacarle plata al Estado colombiano por todo.

La adquisición de ese inmueble fue un acuerdo entre Iván Cepeda, Juan Manuel Santos y Juan Guillermo Monsalve y su familia, para lograr empuercar (más) al chalán de Salgar, por eso la decisión del ente investigador regentado por Barbosita no es más que una forma de presión.

Con los Monsalve perdiendo la finca, sin donde pernoctar y mucho menos sin medio de subsistencia; y lo peor, con la posibilidad de una investigación por testaferro y lavado de activos, al testigo estrella no le quedó otra que cantar.

*Y cantar de lo lindo, si Monsalve no quiere que sus padres y su esposa, Deyanira Gómez, no vayan presos le toca contar quien le dio esa finca en contraprestación por sus declaraciones falsas con Uribe.*

Como diría Bolívar: “Sin finca no hay paraíso”.

MI TÍO MATÓ A ÁLVARO GÓMEZ HURTADO

Por Daniel Samper Ospina

A pesar de los esfuerzos de las Farc, en sintonía con la exsenadora Piedad Córdoba, hay algo claro en la situación de Álvaro Gómez Hurtado, pues quien dio la orden de su homicidio fue mi tío el elefante: Ernesto Samper Pizano…

Durante muchos años discutí con mi padre, el otro Daniel, porque yo siempre supe la verdad, que mi tío era un vulgar asesino y narcotraficante que se benefició de los cárteles de Cali y del Norte del Valle.

Mi tío, el expresidente Ernesto Samper y sus ministros Horacio Serpa y Juan Fernando Cristo dieron la orden expresa de asesinar al líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, por una razón, porque los tenía acorralados con sus peticiones de “tumbar el régimen”.

Durante años el DAS a cargo del nefasto Ramiro Bejarano Guzmán, más conocido en el bajo mundo con el alias de ‘Dasmán’ en asocio con el chuzador profesional Laude Fernández hicieron seguimientos ilegales y perfilamientos a Gómez Hurtado justo un año antes de su homicidio.

La estrategia de seguimientos del DAS permitió concretar el momento exacto para ultimar al líder conservador, en una revelación que haré en mi próximo libro autobiográfico que se llamará “Las revelaciones de un payaso”.

He tenido muchas discusiones y dificultades con mi padre, Daniel Samper Ospina, porque soy un convencido y tengo pruebas de que mi tío, Ernesto Samper Pizano es un corrupto narcotraficante, que además ordenó junto a Horacio Serpa el homicidio de Álvaro Gómez Hurtado. El crimen lo cometió un oficial de la Policía y sus hombres.

SI ME GANO LA LOTERÍA CON URIBE

Por Daniel Samper Ospina

Hermanito, le voy a decir la verdad: yo soy seguidor del doctor Uribe, lo sigo hasta en el Twitter duélale al que le duela; por eso, cuando publicó la foto con el número que le había tocado como preso, el número ese que les ponen a los reclusos, le dije a Magally: Magally, anóteme ese número, el número de la reseña del doctor, a ver si nos trae suerte, porque la situación no ha sido fácil, mano, y en eso le soy franco: no ha estado fácil levantar trabajo, aunque el gobierno del doctor Duque nos ha ayudado mucho con su economía naranja y ahora todos en la familia vendemos naranjas en los semáforos. Y si me gano la lotería con Uribe se la dono, la dono todita para la vaca que le están haciendo en el partido.

La semana pasada pensé que iba a hacer mi agosto y salí a vender a la caravana de apoyo al doctor Uribe que pasó por acá, pero eso eran todas camionetas que iban a toda mecha y pues no pude: eso pasaban a las carreras y sacaban hasta los zapatos crocs del doctor Uribe por la ventana, y yo le dije a Magally: eso no me huele nada bien, Magally. Y ella me dijo: no hable así del croc del doctor, y yo le tuve que aclarar que hablaba era del juicio contra Uribe. Para mí que esos magistrados castrochavistas van es a fregarlo: ¿los guerrilleros en el congreso y el doctor Uribe preso? Nanai, le dije yo: guerrillero es guerrillero hasta que se muera, como nos dijo el doctor Everth Bustamante, cuando íbamos allá a oír los discursos en la sede del partido. Ahora agarraron al presidente y si no lo sueltan, como pide el doctor Duque, nos vamos a convertir en otra Venezuela (y allá no hay democracia ni hay nada, ni siquiera respetan las ramas del estado).

Es que estamos en manos de unos magistrados que son de juventud Farc; magistrados que son como un virus y necesitan es que el doctor Uribe los vacune, para que sepan cómo son las cosas.

El trabajo no ha estado fácil por más esfuerzos que hace el gobierno, porque eso sí le confieso, mano, que yo voté por Duque, acá en la casa siempre votamos por el que diga Uribe, Uribe es un sentimiento. Por Santos, y mire cómo resultó, le entregó el país a las FARC; por el doctor Zuluaga, a quien le robaron la elección; por el No, que también nos lo robaron. Hasta por Jáider Villa, a quien el doctor Uribe le hizo un guiño.

Entonces también voté por Duque, pero, claro, la izquierda no lo ha dejado gobernar, y encima vino esta pandemia, y yo venda y venda naranjas para nada, hasta que vi la foto del doctor Uribe con los ojos así bien abiertos, abiertos como un expediente, mejor dicho, grandotes, y vi el número que le toca usar de preso, y ahí fue que dije: Magally, anote ese número, me voy a comprar el chance en honor al doctor Uribe, qué tal salga. Y Magally me dijo: Fabián, usted es bobo, ¿él qué va a tener chance de salir? Y yo le dije: hablo del número, Magally, de la serie. Y ella volvió y me preguntó que de cuál serie, que si de la serie Matarife, hasta que yo le expliqué que era del chance como el que vendía La Gata, y que no viera esa serie, que más bien leyera harto libro como doña Lina.

Pero en el chance ya no pagaban con ese número, ni siquiera con el 82, que porque mucha gente lo había comprado. Entonces dije: pues le hago a la lotería, qué carajos, y así hice porque le digo algo, mano: yo soy persona de fe y tenía la sospecha de que el doctor Uribe me iba a ayudar, porque él tiene poderes, ¿sí?, poderes paranormales, y no es primer vez que se manifiesta. En Soledad, Atlántico, vieron el perfil del doctor Álvaro en un pargo frito. Un pargo rojo, parece. Un conocido me dijo que se le apareció una vez en forma de pajarito. Y una muchacha que sigo en el Facebook publicó una foto de su cocina y se veía clarita la silueta del doctor en una mancha de humedad. Salía con el tinto en la mano y todo, salía a caballo. Ahora hay romería para ir a prenderle una vela, una vela a Dios y otra a él.

Magally anotó el número y me fui a conseguir un talón que lo tuviera, porque en eso soy como el presidente Duque, que es muy pegado del talón; para el caso del talón del doctor Uribe. Y fue al día siguiente que vi ya las noticias. Al principio no creí, pero luego Magally comenzó a gritar:

—¡Cayó el gordo, cayó el gordo!

Y yo le dije: Magally, esa no es manera de referirse al señor presidente, respete para que la respeten. Y entonces ella gritó:

—No, que fue que cayó el mayor, cayó en Bucaramanga.

Y yo le dije: pero si el doctor Uribe estaba era en Río Negro.

Hasta que ya al final fue que capté, y me puse feliz, casi de echar tiros al aire, plomo es lo que hay.

Yo ya había jugado a la lotería, pero inspirado en líderes políticos muy pocas veces. Le aposté una vez al ocho mil en épocas de Samper. Compré un número con varios ceros a la izquierda pensando en el gabinete del doctor Iván. Y me gané un seco jugando la lotería de Minesa, acá cerca, en Santurbán.

Ya cuando la misma Magally me hizo captar, me puse feliz, claro. Imagínese: 3500 millones, un platal. Alcanza para una campaña de publicidad en redes sociales y sobra. Los iba a donar para la vaca que están haciendo para el doctor Uribe, pero vamos a mirar con Magally, porque la situación está muy berraca.

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EN LA COLOMBIA DE 2020…

Por Daniel Samper Ospina

Seguí la transmisión del 20 de julio porque, qué puedo decir, estas fechas patrióticas me ponen solemne, y en mis venas corre un caudal de sangre colombiana que me emociona cuando observo a los próceres nacionales en sus momentos de efervescencia y calor; y esta vez, ver las cientos de pantallitas en la instalación virtual del Congreso, llenas todas de congresistas barbados a los que a leguas se les notaba que de la cintura para abajo estaban en piyama, despertó en mí un orgullo nacionalista apenas comparable al que me recorre cuando juega la Selección o canta Maluma.

Por eso seguí la transmisión de la apertura del Congreso como si fuera un partido, acaso un concierto —un concierto para delinquir, si se quiere—, y se me erizó la piel con cada uno de sus sucesos: la instalación de la Cámara no solo de Representantes, sino la de cada congresista, que obligaba a observarlos con la papada en primer plano en las teletomas de Zoom; la llamada a lista, que duró lo que dura la legislatura; la intervención del presidente que, consciente de su peso, al menos en la historia, se dirigió a los colombianos con unas palabras muy sentidas, dentro de las cuales destacó su gestión de fábula, gracias a la cual hoy el país cuenta con enanitos y unicornios, y carece de asesinatos de líderes sociales.

Agregó colorido a la jornada su detalle de haber olvidado decretar la apertura oficial del Congreso, que era el principal motivo de la fecha: un pequeño descuido en que puede incurrir cualquiera, semejante al de pasar decretos sin la firma de todos los ministros. En su sabiduría, el presidente supuso que, como se trataba de una sesión virtual, la responsabilidad de la instalación era de Claro u otra empresa proveedora de internet.

Pero la elección de los cuadros directivos fue memorable, y de ella se destaca el nombramieto como vicepresidenta de Sandra Ramírez, la viuda de Tirofijo: negar la dimensión histórica de semejante suceso sería tan torpe como negar que las Farc reclutaban niños, cosa que efectivamente hizo doña Sandra. (Negarlo, digo. Y reclutarlos.). Y también, naturalmente, el arribo a la presidencia de la corporación de Arturo Char, célebre intérprete de la música vallenata quien en adelante será la voz cantante de la rama legislativa. Como buen vallenatero, es heredero de una dinastía: ya no la de los López, ya no la de los Zuleta, sino la de los Char, en la que se destacan su padre Fuad, y su hermano Alex, Descor para sus amigos de parranda: Descor Char.

Del afamado Arturo se espera que haga buena llave con el presidente cuando este lo acompañe en la guitarra en la interpretación de temas como Ausencia, inspirado en su propio récord de faltas; Sin medir distancias, en homenaje a su relación con Aída Merlano; y la salsera El preso, como guiño a sus compañeros de bancada. Será la forma en que este Billy Elliot de la política criolla concilie su sueño de ser artista con la imposición de su padre de convertirlo en senador.

Pero ninguno de los hechos anteriores superó en decibeles el episodio de Aída Avella: la vocera de la oposición, en moderna entonación que en absoluto recordaba los discursos veintejulieros de antaño, se quejó de que Iván Duque no escuchara sus reclamos, lo cual despertó una reflexión en Marta Lucía Ramírez, que se dijo a sí misma:

—¿Ah sí? ¿Está diciendo que el presidente es descortés?: ¡pues voy a grabar la prueba de que es un hombre respetuoso de la oposición, la mujer y la tercera edad!

Y acto seguido grabó a Iván Duque en el justo momento en que se refería a doña Aída como “la vieja esa”, y subió el video a sus propias redes para escándalo nacional, pobre: ¿en qué momento Marta Lucía Ramírez se convirtió en Pachito Santos? Se parece a James en el Real Madrid: ya no da pie con bola. Solo sabe calentar la banca, generalmente con decretos para protegerla.

Consciente del momento histórico de semejante escena, esta columna reconstruyó el episodio en que Iván Duque observa el discurso de la oposición en la pantalla gigante del salón de ministros, y su mujer se le sienta al lado.

Ella pregunta: “Mi amor, ¿qué están dando?”.
Él le responde: “No, es que la vieja esa está diciendo que yo no estoy escuchando”.
Ella le dice: “Pensé que era otro capítulo de Analía”.
Él le contesta: “Analía ya se acabó, mi amor, y ya le pedí a Juan Pablo Bieri que la ubique para ofrecerle un ministerio”.
Ella le dice: “¿Podemos poner algo de Netflix?”.
A lo que él responde: “Sí, pero no tengo el control. Nunca lo he tenido”.
Ella propone: “Veamos la serie de Chabela…”.
A lo que él dice: “¿La de la vieja esa?”.
Un asesor ingresa y le comenta a Duque: “Presidente, olvidó abrir la sesión”.
Él dice: “Si se refiere a la sesión de Netflix, vamos a usar la de María Juliana porque mi contraseña la tiene el doctor Uribe”.

Al final deciden pedir picadas y observar una maratón de su programa.

Cosas que pasan en la Colombia de 2020. El Congreso sesiona por Zoom. Duque olvida instalar el Congreso en la instalación del Congreso. La única banda ancha con que cuenta el país es la banda presidencial. La vicepresidenta del senado niega el reclutamiento forzado. Y el presidente del senado es un cantante vallenato que en cualquier momento entona La vieja Sara en honor a Aída Avello.

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EN EL AÑO 2060

Por Daniel Samper Ospina

Bogotá. Año 2060. En uno de los llamados Silos Humanos que dejó a medio hacer el gobierno de Gustavo Petro, la familia Vargas protagoniza una escena cotidiana. La lluvia ácida que corre del otro lado del cristal los ha obligado a confinarse. Impacientes por el encierro, los niños agobian de gritos el ámbito casero.

—Mi hermano me quitó el holograma otra vez, mamá, y esta mañana desactivó la energía y se me desvaneció el profesor virtual en pleno examen —se queja uno.
—¡No es cierto! ¡El holograma estaba descargado!
—¡Esto es muy duro, mamá!

Es entonces cuando, por primera vez en años, el abuelo se incorpora de su sillón:

—¿Duro, dices? ¿Duro? ¡Qué sabes tú lo que es duro, si no viviste en el año de la pandemia!

Ante tan inédita reacción, los niños guardan un silencio estupefacto.

El abuelo respira:

—Lo lamento —dice—, me exalté. Pero es que aquel maldito 2020 fue terrible. En cambio, ahora lo tienen todo y no lo valoran.

No le hace falta la razón. Pese a que Miguel Uribe perdió su séptima elección, la Bogotá de 2060 parece próspera. La empresa china iniciará la construcción de la primera línea del metro en cuestión de meses, tan pronto como en su país se supere el duodécimo rebrote de coronavirus. Y el mismo abuelo, en su viejecito Iphone 20 Pro de siempre en que sigue noticias a través de la obsoleta red de Twitter, oyó el partido en que Santa Fe obtuvo su estrella número 38.

—¡Y pensar que quisieron armar una liga sin nosotros, ja! —dice para sí mismo.

El nieto más travieso se atreve:

—Abuelito: ¿cómo era la vida durante la pandemia?

La familia entonces rodea el holograma de la chimenea, y la mamá pide a todos que desactiven los dispositivos inoculados en las retinas para escucharlo sin distracciones.

—Fue terrible —dice el abuelo—: hasta entonces solíamos salir a la calle, asistir a teatros… respirar aire puro sin usar esos cochinos tapabocas…
—¿Qué es “teatros” abuelo? —pregunta un nieto.
—¿Y qué es “calle”? —agrega otro.
—¿Y qué es “aire puro”, abuelo? —indaga el menor.

Pero el abuelo continúa de largo con su relato:

—… y de golpe el planeta entero se volvió loco: vino la pandemia; estallaban volcanes; la Nasa avistaba Ovnis: suena ridículo decirlo ahora, pero en esa época aquello era noticia.

Los niños sonríen.

—En aquel año —prosiguió— todavía no había regresado la guerra: hablo de hace décadas, cuando el expresidente Andrés Felipe Arias aun seguía en la cárcel y el presidente era Iván Duque.
—¿Y quién era ese señor, abuelito?
—Fue un… cómo decirlo: un presidente encargado que tuvo Colombia mucho tiempo antes de que tú nacieras… Hace poco tumbaron una estatua de él a la salida de la fábrica de Frito Lay … Una estatua de Botero… ¿Saben quién era Botero?

Los niños asintieron.

—Duque no acabó su gobierno —continuó el abuelo—: al final huyó a Panaca, en el avión de su amigo el fiscal… que también huyó, pero a San Andrés.
—¿San Andrés, la isla nicaragüense? —preguntó el nieto mayor.
—¿Qué es un avión, abuelo? —dijo el menor.
—Luego te lo muestro en Google…
—¿Qué es Google, abuelito?
—Una cosa que había en mi época, junto con los audios de Whatsapp y la música de Maluma, y tantas cosas que murieron para siempre.

El abuelo se pierde entonces en una nube de nostalgia de la que lo saca la turbina del robot doméstico que reparte las píldoras de la cena.

—Lo de la guerra sucedió después —retoma de golpe—, al año siguiente, cuando ese muchacho Duque, acompañado de sus amigos de universidad, volvieron trizas el proceso de paz: organizaban desplazamientos forzosos a exguerrilleros; trataban de modificar la JEP, ¡desprestigiaban la comisión de la verdad!
—¡Abuelito, no empieces con esas cosas de tu época!
—Perdón: digo que ahí volvió la guerra, y con la guerra todo lo de Uribe…
—No digas duro su nombre, papá —clamó en voz baja su hija—: te pueden escuchar…
—En la pandemia el mundo era horrible: encerraron a los ancianos; la gente salía según su género; debías pedir la comida, que era orgánica…
—¡La comida era orgánica? ¡Qué asco!
—Bueno, también estaban los jugos Hit, pero el resto era orgánico, y debías pedirlo a través de una aplicación física que se llamaba Rappi, y desinfectar las bolsas, todo sin que te observara la alcaldesa, que pasaba por tu cuadra y te podía lanzar regaños con un megáfono.
—¿Qué es “alcaldesa”, abuelito?
—La que mandaba en la ciudad…
—¿O sea que en las ciudades no mandaba… él? —exclamó la nieta mayor, sorprendida.
—No. Te hablo de hace años: antes del gobierno, y posterior exilio de Petro, ¡antes del gobierno de Piedad Córdoba!: cuando Manuel Elkin Patarroyo no había logrado preservar la cabeza de Uribe en el acuario…
—¡No digas su nombre! —clamó la nieta, para que bajara la voz—. ¡Van a venir por ti!
—La cabeza de él —corrigió el abuelo.

Súbitamente, suena un estallido y el silo entero tiembla, y los niños entran en pánico.

—Es la guerrilla —dice la mamá—. Son bombas.
—La culebra está viva, como bien dice el Presidente Eterno, pero ya casi los tienen —interviene el papá.
—¿Qué es culebra? —pregunta el hijo menor.
—Algo de comer —dice otro.
—No, es un animal —interviene uno más.
—No, es algo de comer.

Los niños se trenzan en una nueva pelea. El abuelo se recoge en su sillón y guarda silencio. Afuera, arrecia la lluvia ácida.

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EN UNA COLOMBIA PARALELA…

Por Daniel Samper Ospina

Era jueves, y ya sentía que el país me doblegaba con sus noticias de siempre: la W denunció que el fiscal Barbosita, obsesionado acaso por la transparencia, viajó por cuenta del erario a Caño Cristales, y también a Pereira, donde asistió, en vuelo oficial, a la fiesta de la esposa del contralor, como ejemplo de trabajo interinstitucional: ¿en qué otros destinos piensa acumular millas? ¿En la isla de Barbados, con el pretexto de analizar procesos de guerrilleros? ¿En Punta Cana, como guiño a su amigo Iván Duque?

María Jimena Duzán publicó una grabación en que Tomás Uribe aterriza ante Caye Daza la donación de un amigo al que se refieren con el alias de “Carevampiro”, pero de ninguna manera se trata de Óscar Iván Zuluaga, o de la actual canciller.

Como era de esperarse, la Corte Constitucional tumbará las sesiones virtuales del Congreso, con lo cual podrían caerse leyes fundamentales para el país, como las de declarar al carriel como patrimonio inmaterial de la humanidad y a Buga como la “ciudad señora de Colombia”.

Y, por si faltaran noticias sorprendentes, Gustavo Petro invita a desconocer la autoridad presidencial de Iván Duque e, inspirado en las técnicas de lucha de Uribe contra Santos, llama a la desobediencia civil. Pero es imposible comprender el llamado: ¿cuál es la autoridad de Iván Duque, acaso, para poder desconocerla? ¿La desobediencia civil consiste en no lavarse las manos cuando el presidente presentador pide que lo hagamos en su Talk show? ¿En no creer que los enanitos de Blanca Nieves eran siete, como él mismo lo pregonó con vigor en la Unesco? Desobediencia sería brincarse la autoridad de Álvaro Uribe, quien dicho sea de paso fue el primero en desconocer la de Duque: ¡he ahí al Thoreau de nuestros tiempos! ¿En qué momento nos convertimos en esta pequeña Venezuela en que Uribe hace las veces de Chávez; Duque, de Maduro y Petro de Guaidó, el hombre que denuncia el poder del usurpador?

Y, como si no fuera suficiente, en una defensa memorable que pretendía congraciarse con Uribe, Pachito Santos publicó los cuantiosos contratos que el Presidente Eterno otorgaba a dedo al fiscal Montealegre; se disparó el pico del coronavirus; e Iván Duque contactó a Bolsonaro para contener en conjunto la enfermedad: ¡a Bolsonaro! ¿Qué sigue ahora, por favor? ¿Pedirle ayuda para luchar contra la deforestación del Amazonas, de una vez? ¿Contratar la asesoría en derechos humanos de Rodrigo Duterte, el tirano de Filipinas?

Abrumado ante el agobio informativo, decidí tomar distancia de las noticias nacionales y concentrarme en otras secciones del periódico: cultura, por ejemplo, para empaparme del nombramiento de Bad Bunny como compositor del año; economía, para seguir los preocupantes sucesos de la banca; o deportes, para lo mismo, aunque concentrado en James Rodríguez y el Real Madrid.

Sin embargo, fue en la sección de ciencias donde un titular absorbió mi atención: expertos del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Gotinga, Alemania, descubrieron una imagen “espejo” de nuestro Sistema Solar con un exoplaneta idéntico a la Tierra. Así como suena: en algún lugar del universo hallaron una galaxia paralela con un planeta gemelo del que quiero creer que somos la versión bizarra, el reverso: un planeta hermano, correcto, plácido, pacífico, donde existe un país que se llama Colombia, con C, no con P; Gustavo Petro es un conciliador hombre de zapatos Hevea de gamuza que busca la concordia y se afeita cuando viaja a Cuba; el director del ejército no grita “Ajúa” en las entrevistas, como si hubiera descubierto algo (una ley física, el archivo con el perfilamiento de un periodista: algo), sino que guarda las formas (y los fondos) de manera ejemplar; Álvaro Uribe es un destacado defensor de los derechos humanos al que, gracias a un fallo judicial, nadie puede llamar “Matarife”, y el fiscal general es un funcionario de bajo perfil que se destaca por el manejo delicado de los recursos públicos.

En aquella Colombia de Gotinga el excandidato Pinzón denuncia a los auxiliadores de la guerrilla con pruebas; el gol de Yepes fue válido; la alcaldesa no grita; Nairo Quintana gana el Tour de Francia; en la cuarentena no abundan los trancones; Pachito Santos es un hombre maduro; y Maduro no es el tirano del país vecino, porque abandonó el poder agobiado por un concierto en la frontera protagonizado por Iván Duque, quien no es presidente de la República, sino un tranquilo exministro de cultura del gobierno de Santos que persigue, ya no opositores, sino su sueño de ser guitarrista. Sergio Fajardo ostenta la locuacidad de Martha Lucía Ramírez en los momentos cumbres, y Martha Lucía Ramírez, la mesura silenciosa de Sergio Fajardo en los críticos; Nubia Stella Martínez llama “donación ilegal” a los lapsus; Mockus tiene curul; James Rodríguez es titular. Y la changua no existe.

Existe, en cambio, un columnista de abundante cabellera que observa la realidad con optimismo porque sabe que no todo está perdido: el fiscal general está volando. Literalmente.  El “Carevampiro” quizás sea el “Condecontar”, que trabaja con Hassan “Archibaldo” Nassar, entre otros amigos de Plaza Sésamo. Y en la Colombia de Gotinga a lo mejor no sepan todavía de nuestra existencia.

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SOBERBIO COMO EL FISCAL


Por Daniel Samper Ospina

Apreciado presidente:

Acuso recibo de su amable carta en la cual haces gala de una extraordinaria capacidad para hablar de usted y de tú al mismo tiempo, acaso superior a la del mismo Gustavo Petro: superior, o tuperior, según se vea. Enhorabuena por eso.

Sorpréndeme gratamente su misiva en varios apartes, en particular en aquel fragmento en que dice que para Sergio Fajardo el partido Liberal es como “la hez de la sociedad”, porque me resulta llamativo el concepto de la palabra hez, en singular, cuando suele usarse en plural: muy singular esa forma de expresarla. También porque es extraño que me escriba a mí para responderle a él, cuando bien pudieras, porque te conozco, dejar la timidez y escribirle directamente a él, que era buena persona. O lo es todavía: hez, en tu grafía.

Pero agrádame tu carta muy especialmente por esa confesión de amigo en que me cuentas que ya no vives con Ana Milena, cosa bastante obvia porque de lo contrario no se encontrarías administrando pequeños manzanillos liberales, sino disfrutando de las mieles de la diplomacia en Egipto o en Turquía. Surquía, si no nos hablamos de tú.

A cambio de eso, te toca someterte al desgaste de las noticias nacionales, como ésta: gracias a Noticias Uno, supimos que el contralor general, que trabaja con la esposa del fiscal, y el fiscal general, que trabaja con la esposa del contralor, viajaron a las playas de San Andrés en plena cuarentena, con sus familias (lo cual permitió ahorrar costos al Estado, porque la asesora del uno dormía con el otro, y viceversa: dos cuartos menos, gracias a dios).

Ya ves, querido César: ahora agarran los aviones oficiales para los que se les da la gana: ¡les faltó mandar a traer a músicos vallenatos para armar una parranda! ¡Así han cambiado las épocas! No se imaginaba uno al doctor Bernal Cuéllar en pantaloneta mientras ordenaba cocolocos y providencias en la isla que lleva ese nombre; o al Fiscal De Greiff inventando disculpas para viajar al mar con su hija Mónica y una amiguita de ella, digamos Angelita Benedetti, e imputando cargos al gobernador de la isla para disimular.

Pero así son estos jóvenes de ahora, presidente. Don Barbosa y don Pipe deciden buscar la transparencia en las cristalinas aguas de San Andrés. Se aíslan en la isla, y ofrecen gran rueda de prensa para que el Fiscal anuncie, humilde, que ocupa el segundo cargo más importante del país: ¿quién ocupa el primero, acaso? ¿Carlos Queiroz? ¿El propio contralor Pipe, acaso, que lucía taciturno, silencioso, casi con sueño, como si estuviera en la isla de Roncador?

El asunto, presidente, es que montaron viaje en época de cuarentena porque, no nos digamos mentiras, el turismo de la isla se ha vuelto insoportable. Es turismo tipo “On-vacation”: turismo de chancleta, César, como de Melgar.

En cuarentena, en cambio, las comitivas podían disfrutar del buffet sin hacer cola, y gozar de un día de playa sin el asedio de los vendedores ambulantes: me emociona visualizar al Fiscal, libre y feliz, el traje de marinerito, el collar de flores: ¡el cachumbo de la calva trepidante en el viento mientras se admira de que nadie le venda la gafa para que pueda seguir haciéndose el de las ídem en el caso de la Ñeñe política!

Porque con lo del Ñeñe hay pocos avances, César querido, Presidente. Al revés: nadie parece investigar la financiación de aquella campaña que tú apoyaste en segunda vuelta. Mire esta anécdota: tu homóloga del Centro Democrático, Nubia Stella Martínez, aparece en una grabación con Caya Daza, la mano ultraderecha de Uribe, en que ésta le pregunta “¿Qué pasó con lo del venezolano?”, a lo que ella responde: “¿Sabes cuánto nos dio? 300.000 dólares”. Pero en declaraciones radiales, la doctora Nubia Stella aclaró, a modo de fe de erratas, que todo se trató de un lápsus: donde dijo: “el venezolano nos dio 300 mil dólares”, quiso decir: “el venezolano nos ofrece 300 mil dólares, que serán rechazados porque eso es ilegal”.

¿A qué voy con todo esto, Presidente? A decirte que le agradezco tu respeto por la libertad de opinión, que me consta, y tu amabilidad, que también me consta, y a responder tu carta del mismo modo en que usted la redactó: para referirme a otros, en mi caso al Fiscal Barbosa. Mejor así. Si me quejo directamente ante él, el penacho de pelo le tiembla de la ira y comienza a vociferar como si él mismo fuera el hoyo soplador: impreca que la suya es la mejor fiscalía de la historia; que él es el segundo funcionario más importante del mundo, y que es un gran papá. Mejor entonces quejarse por interpuesta persona, a través tuyo: ¿hay derecho a que los funcionarios que deben dar ejemplo utilicen de semejante modo los recursos del erario? ¿Cuántas altas consejerías para la vicepresidencia se habrían podido crear con lo que el Fiscal gasta en viajes? ¿Es normal el cruce de nombramientos conyugales? ¿Los puestos del estado son, acaso, para unas pocas familias?

Lo cual me lleva, César, a insistir en mi pregunta no sólo sobre el nombramiento de María Paz como ministra de cultura, sino también por el de Simón, de quien se rumorea ingresará al gobierno en cualquier momento. Ojalá lo haga como Gobernador encargado de San Andrés. La isla tiene unos paisajes tan soberbios como el Fiscal. Y allá cualquier funcionario es feliz, por lo que intuyo. O insuyo, si no nos hablamos de tú.

De usted,

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