Samper Pizano

ZURRIAGAZOS DE INVIDENTE

Hay unanimidad en que este gobierno, que se traslada al Cauca en busca de indígenas cuando todos lo esperan en Bogotá, está dando palos de ciego. El problema cuando lanza zurriagazos un invidente —para decirlo sin que nadie se frunza— es que uno no sabe si es más peligroso el palo o más peligroso el ciego. Mientras lo averiguamos, parece claro que el subpresidente no dispone de un solo palo sino de muchos: de toda una bolsa, como los golfistas. Ya conocíamos algunas de las varas que agita atolondrado por los aires, como han sido el programa diario de propaganda oficial so pretexto de la pandemia, los ataques a las instituciones jurisdiccionales y la hemorragia de nombramientos de amigos y condiscípulos del jefe del Estado sin reparar en incompatibilidades, inteligencia ni preparación.

Últimamente el Gobierno extrajo de la talega un arma típica de los desesperados: el secreto. Ocultar, no informar, demorar, esconder, negar acceso. El viejo tapen-tapen constituye un garrote potente al servicio de un ciego que marcha tambaleante por terreno cenagoso: el lodazal del autoritarismo.

La obsecuente Fiscalía, como si no tuviera suficientes líos, ha adoptado ahora dos medidas indignas de un país democrático. Primero, imputar cargos a la periodista Diana Díaz por revelar un episodio de censura interna en la entidad estatal responsable de los canales y emisoras del Estado (RTVC). Y, segundo, una orden de inspección de los registros de entradas de dos meses a la sede de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), corporación independiente cuya misión es proteger el libre ejercicio del periodismo. El fiscal acusa a la reportera de revelar un grave secreto estatal, consistente en que el gerente de RTCV nombrado por el nuevo gobierno, Juan Pablo Bieri, desterró en 2018 a un conocido cronista que publicaba informes en Señal Colombia en al enterarse de que este había criticado un plan de restructuración del canal público. La venganza censora suscitó un escándalo, Bieri renunció y el presidente lo premió con una asesoría oficial jugosamente pagada. El decapitado alegó que era necesario purgar al cronista por atreverse a discrepar de “la entidad que le da de comer, que le paga un sueldo”. Acudió la Fiscalía en su apoyo y ahora Diana Díaz está inmersa en un proceso como si hubiera revelado que Colombia camufla una bomba atómica en los silos de La Caro.

Los zurriagazos de ciego revelan el talante del gobierno y la Fiscalía. Y su ignorancia. Porque solo la Constitución o la ley pueden decretar la reserva de documentos y actuaciones, como deberían saberlo dos juristas de su nivel. No vale un chisme de oficina y el memorando de un gerente. Cuando hay dineros públicos de por medio toda transparencia es poca pues, más allá de lo que cree el desventurado jefe (exalumno de la misma universidad del presidente, el fiscal y medio gobierno), quien “daba de comer” al periodista desterrado, y a Bieri y sus superiores, no es el Estado: somos los contribuyentes. Por eso todos los colombianos tenemos derecho a saber en qué se gastan nuestros impuestos y no hay lugar a secretos en estos menesteres, a menos que lo declare específicamente una ley. Pero, además, mala señal la de Señal Colombia si no acepta en su seno discrepancias y si un trabajo cumplido y exitoso como el de Santiago Rivas en Los puros criollos no recibe una valoración profesional sino un juicio cuya base es la opinión personal del cronista. Un medio informativo, sobre todo cuando lo sostienen dineros públicos, debe ser ejemplo de independencia, pluralidad, tolerancia y equilibrio. Si RTVC busca un modelo, que mire a la BBC de Londres, los telediarios españoles de los últimos años, la Deutsche Welle alemana o Radio France.

Me temo, sin embargo, que, en vez de hacerlo, están copiando con el rabillo del ojo a los medios chavistas venezolanos o a la vieja Stasi de la Alemania comunista, y aprendiendo de ambos. No de otro modo se entiende que, además de perseguir a la periodista que denuncia la vulgar censura, la Fiscalía hubiera husmeado en una fundación que lucha, justamente, contra procederes como este.

El instinto secretista, característico de gobiernos autoritarios, no se detiene en la Fiscalía. Red PaPaz (RPP), que lucha contra la comida basura, se queja del hermetismo de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), que cierra sus puertas a fundaciones defensoras del derecho infantil a una alimentación adecuada. RPP ha tenido que acudir a tutelas, memoriales y recursos de insistencia ante tribunales administrativos para conocer el curso y desenlace de los procesos oficiales que desatan sus propias denuncias. Gracias a su terquedad y la de otros grupos fueron sancionadas varias empresas por anunciar vitaminas que sus productos no contienen, recargar de azúcar los artículos sin advertirlo a los consumidores y combatir la leche materna para favorecer la venta de leche en polvo. También merced a su empeño el Congreso aprobó un proyecto de ley que, aunque debilitado, obliga a los alimentos a exhibir sellos de advertencia sobre su contenido, sobre todo el exceso de sal, azúcar y grasas saturadas. Es bueno que se apresuren. Pues ya no solo ofrece problemas la leche procesada sino los recipientes en que la toman los bebés. Acaba de descubrirse que los teteros de plástico obligan al niño a tragar millones de microplásticos cada día. Habrá noticias al respecto en los próximos meses. Y no serán buenas. Mientras tanto, conviene volver al recipiente de vidrio o, mejor aún, a la irremplazable teta de mamá.

Esquirlas. 1. Que no termine el 2020 sin festejar el centenario natal de ese gran intelectual, periodista y ser humano que fue Gonzalo González, GOG. 2. ¿Este mismo gobierno que critica las aglomeraciones de la minga no es el que armó multitudinarios barullos al decretar el día sin IVA? 3. Amigos que se van yendo: Luis Enrique Nieto, académico divertido y cultísimo; Enrique Gaviria Liévano, jurista a quien le quedaron debiendo la cancillería.

La verdad sobre Gómez Hurtado y mi hermano

Por Daniel Samper Pizano

Durante varios años he guardo silencio ante las reiteradas calumnias de la familia de Álvaro Gómez Hurtado, su hijo Mauricio Gómez Escobar y sus sobrinos Enrique y Miguel Gómez Martínez, quienes se han empeñado en señalar sin prueba alguna a mi hermano Ernesto Samper Pizano.

La infamia de los Gómez Escobar y los Gómez Martínez están sustentadas en sus voraces intereses económicos por lograr una reparación multimillonaria por el execrable crimen del facho mayor de este país, como digno hijo de Laureano Gómez.

El periodista Mauricio Gómez Escobar, hijo de Álvaro Gómez se ha dedicado en cuanta radio puede a vilipendiar a mi hermano y mi familia, en todos los micrófonos dice con desparpajo que mi hermano es un asesino y un bandido, y quizá lo sea, pero aún no aporta una sola prueba.

Los Gómez, miserables todos desde Laureano Gómez, creen que pueden señarlos a nosotros; nosotros somos una familia honorable, que en algún momento de nuestra vida hayamos aceptado dineros del narcotráfico, del cártel de Cali, que cometiéramos constantes actos de corrupción pública como el miti-miti, no deshonra nuestro linaje, por el contrario, nuestro linaje es puro desde su inicio.

Mi hermano, al que adoro con el alma, no podría decir que es inocente, pero sí que el único interés de los Gómez, esa fétida e infame familia, es del quedarse con una jugosa reparación económica por parte del estado, pues ninguno ha hecho nada en su vida y por tal motivo es su única esperanza de subsistencia.

MI TÍO MATÓ A ÁLVARO GÓMEZ HURTADO

Por Daniel Samper Ospina

A pesar de los esfuerzos de las Farc, en sintonía con la exsenadora Piedad Córdoba, hay algo claro en la situación de Álvaro Gómez Hurtado, pues quien dio la orden de su homicidio fue mi tío el elefante: Ernesto Samper Pizano…

Durante muchos años discutí con mi padre, el otro Daniel, porque yo siempre supe la verdad, que mi tío era un vulgar asesino y narcotraficante que se benefició de los cárteles de Cali y del Norte del Valle.

Mi tío, el expresidente Ernesto Samper y sus ministros Horacio Serpa y Juan Fernando Cristo dieron la orden expresa de asesinar al líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, por una razón, porque los tenía acorralados con sus peticiones de “tumbar el régimen”.

Durante años el DAS a cargo del nefasto Ramiro Bejarano Guzmán, más conocido en el bajo mundo con el alias de ‘Dasmán’ en asocio con el chuzador profesional Laude Fernández hicieron seguimientos ilegales y perfilamientos a Gómez Hurtado justo un año antes de su homicidio.

La estrategia de seguimientos del DAS permitió concretar el momento exacto para ultimar al líder conservador, en una revelación que haré en mi próximo libro autobiográfico que se llamará “Las revelaciones de un payaso”.

He tenido muchas discusiones y dificultades con mi padre, Daniel Samper Ospina, porque soy un convencido y tengo pruebas de que mi tío, Ernesto Samper Pizano es un corrupto narcotraficante, que además ordenó junto a Horacio Serpa el homicidio de Álvaro Gómez Hurtado. El crimen lo cometió un oficial de la Policía y sus hombres.

MASACREMOS EL URIBISMO

El día de ayer los colombianos vivimos un pequeño momento histórico: comenzó la masacre histórica al uribismo, pero también a la democracia. Bien sabemos que el el uribismo salvó a Colombia de realidades peligrosas, aunque haya habido momentos donde esta lucha “fuera una franca expresión dura y malsonante”.

El alumbramiento fue en vivo en directo. La criatura volvió a asomar la cabeza, expulsó un denso líquido amniótico donde flotaban dictadores de izquierda y en ese momento, la Unión Patriótica lo tomó por el pie, le dio una palmadita y lo exhibió orgulloso al mundo: había nacido el precandidato de la izquierda radical al 2022, se avecina una verdadera masacre.

Anoche, Unión Patriótica, padrino del recién renacido, lo bendijo ante la grey emocionado a través de su tapabocas, cual mesías.

El eufemismo detrás de todo esto es: progresismo, tan viejo como el idioma, pero desgraciados los que crecen cerca a él. Nadie sabe por ejemplo, cuando pasó de ser revolución comunista a revolución bolivariana y de ahí a progresismo. Nadie sabe dónde está la fe de bautismo en la que se neutralizó el término.

Al progresismo le salieron de inmediato defensores que tienen como único fin acabar con lo que el uribismo consiguió, preservar la democracia.

Lo que es cierto es que el progresismo deja regueros de términos atenuantes, desobedencia civil en lugar de rebelión; retenciones en lugar de secuestros; cultivos alternativos en lugar de narcotráfico; invitaciones a la causa en lugar de reclutamiento forzado. Lo imperdonable es que los periodistas recojamos los términos que nos impuso la izquierda interesada y que repudiemos la lengua común.

Un día despúes de parido el precandidato de UP con bandera de progresista, varios noticieros engavetaron las palabras dictadura, comunismo y revolución y optaron por el oficial sustituto.

Colegas, ciudadanos, pueblo que me lee: cuidado con los eufemismos que buscan masacrar el uribismo y la democracia. Algunos de ellos (eufemismos) son útiles para maquillar un discurso pero lo que buscan es engañarnos, deformarnos y escamotearnos. Tan nefandos serán, que la mayor fábrica de disimulos verbales funcionó en la Rusa de Lenin y Stalin, en la Cuba de Fidel y en la Venezuela de Chávez. El lenguaje normado creó cientos de vocablos maquillados que hoy son materia de estudios históricos: progresismo (comunismo), retenciones (secuestros), cultivos alternativos (cultivos ilícitos)…

Ayer, cuando Petro exijió hablar de progresismo entendí que ni el nombre era preciso, ni más suave que una dictadura comunista, y que el título que obtendría de presidente sería una masacre a la democracia.

Daniel Samper Pizano

LA VIRGEN SE RETIRA DE LA VIDA PÚBLICA

Por Daniel Samper Pizano

Estimado don Samper:

Aunque me alertan sobre su frialdad religiosa y sus feas tendencias políticas, pienso que no puede ser tan malo quien acolitó misas en latín a monseñor De Brigard. Soy la Virgen de Chiquinquirá, y lo escogí a sumercé para que informe en losdanieles que he decidido retirarme de la vida pública y regresar a la paz de mi tierrita natal.

Mi decisión se debe a que en mi larga historia no había conocido época tan feróstica como la de los últimos meses, cuando al dotor Iván Duque le dio por presentarme en televisión y encargarme que remediara un problemita viral que lo colocaba nervioso. Tal vez sumercé sepa, porque harto ha escrito sobre Chiquinquirá, que mi vida no ha sido fácil. Me pintó un joven español en Tunja en 1562; me botaron en una capilla húmeda; me trasladaron a Chiquinquirá en 1574; me abandonaron en un zarzo hasta que una campesina –parecida a Nairito Quintana, por más veras– me rescató, sacudió las cagarrutas de ratón, restañó la tela, reparó el marco y colgó el cuadro. Está visto que toda mujer, hasta una campesina humilde como yo, trata de lucir limpia y decente. Así hice, y eso fue pa’ risas: cuando me vieron los cachetes con colores, el manto despulgado y las alpargatas limpias hablaron de un milagro y empezaron a venerarme. Eso era oraciones pacá y misas pallá. ¡Y pidan! Que por un enfermo, que plata, que amores, que interceda ante San Isidro, que le ruegue a mi Hijo…

Yo hice lo que pude y agarré fama. Aquí venían a visitarme y cantarme con tiple y bandola los promeseros, gente inocente y querida por la cual me habría hecho matar. Pero luego los políticos y los jerarcas de la Iglesia me fueron cogiendo confianza. Eso me alzaban, me sofocaban en incienso, me paseaban en andas y me alejaron de los indios, que son mi verdadera gente. En la guerra de Independencia los patriotas me cargaban en las batallas, haga de cuenta que hubiera yo bajado a pelear, no a proclamar el amor. Y como los chapetones también me adoraban, el que vencía en el tiroteo me secuestraba y me afiliaba a su secta. En abril de 1816 los patriotas me llevaron en guando a Cáqueza, perdieron la batalla y regresé a la capital en hombros de los españoles victoriosos. Ahí fue cuando me acusaron de voltiarepas y sumercé mesmo, no lo niegue, escribió que yo cambiaba de bando como cualquier representante a la Cámara. No entendían que todos son mis hijos y que no puedo andar escogiendo partido. Tuve tratos con dos Papas y también conocí presidentes, ministros, reinas de belleza, políticos… todos promeseros, pero de los que incumplen.

En 1919 un presidente godo me coronó Reina de Colombia…. y aumentaron mis desventuras. Porque me expidieron carné, y un siglo después siguen creyendo que soy militante de su partido. Convencido de eso, el dotor Iván me bajó del altar, me enjarretó en internet y me encargó dizque de defender a los colombianos de la pandemia. ¡Moco de pisco, don Samper! Es como decir “traigan a la vieja, a ver si ella consigue lo que no logran los mayores científicos del mundo”. Yo no puedo hacer milagros, sumercé: yo solo intercedo, intermedio, soy litigante, como ahora dicen: pido cosas a mi Hijo y a Papá Lindo, y ellos se las arreglan y deciden. A ver cómo no…

De Reina de Colombia pasé a reina de burlas. Hasta las columnistas godas hacen chistes con yo, pa’ no mencionar los monachos insultantes que patonean por las tales redes. Para pior, la vicepresidenta alinea a la Virgen de Fátima. ¿Y eso pa qué, señora? ¿Envidia o caridad? ¿Ayuda o competencia? Era como proclamar: esta no pudo, ái les traigo otra mejor. No se imagina lo que me dolió. Me hizo hasta berrear. Después don Duque me metió en líos con las autoridades, y terminé pleitiando en un tribunal de tierra caliente por vainas de una tutela. Yo me callé la jeta para no abochornar a mi familia, pero sucede que esta semana los señores obispos se dejaron enredar en el asunto y siete de ellos, todos boyacáes, se quitaron la mitra, brillaron el báculo y se fueron a enseñarles a los magistrados cómo deben interpretar la Constitución. Decían que la sentencia del tribunal “corrobora la descomposición que se respira en círculos del poder”, “aumenta la polarización” y “borra las fronteras entre el bien y el mal”. Ay, don Samper, si ellos supieran lo que yo sé sobre el bien y el mal no saldrían con semejante birria.

Yo así no puedo. Repito mil veces: no soy militante política, ni jurisperita; ni siquiera voto. Cumplo lo que señaló mi Hijo “A Dios lo que es de Dios y a César lo que es del César”. Enteco favor me hizo el dotor Duque. Acabé con el obispero alborotado y convertida en turmequé de burlas y litigante de baranda. Soy una mujer del campo que solo quiere servir a sus paisanos. No dejante mis antecedentes, no crean que soy caída del zarzo. Hasta aquí llegué, berriondos. Les devuelvo sus oropeles. No más manoseo, no más garroteras por cuenta mía, no más demagogia. Regreso a mi casa, donde soy símbolo popular y no arma política. Allá lo espero, don Samper. No se arrepentirá. Podrá llevar de regreso a Bogotá vara y media de longaniza de Sutamarchán, arepas de Ventaquemada y envueltos de mazorca del Puente de Boyacá. Yo pongo changua y tiple y juntos cantamos el cuchipe. ¿Conoce la nueva versión de “A Chiquinquirá me vuelvo”?

Esquirla: ¿Se enloqueció Duque? Llamar al gobierno gringo para que presione públicamente a la Justicia colombiana ya no es de mediocres sino de enajenados.

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¡OH JÚBILO INMORTAL!

Por Daniel Samper Pizano

Nuevo aniversario del grito de Independencia, esta vez más pandémico que patriótico, pero más especial que siempre, desde 2002 y gracias a Álvaro Uribe Vélez, así nos cueste decirlo, Colombia se independizó de la violencia. Aquel 20 de julio de 1810 fue un día atípico; tan atípico que los colombianos estuvimos unidos por una meta común y la alcanzamos con un mínimo de violencia. Ignoro si, al sacrificar la cátedra de historia patria, ya no saben nuestros estudiantes lo del florero de Llorente, la arenga de Acevedo y Gómez y el reemplazo del virrey español por una Junta Suprema.

A largo plazo, lo más interesante no fue lo que ocurrió ese viernes, sino las cosas que pasaron en los días y meses siguientes. Ellas revelan el ADN nacional, son nuestro espejo. Como abrebocas, los indios fusagasugáes fueron desterrados, se calumnió y encarceló a un jerarca de la Iglesia y los precios alcanzaron la estratósfera: alfandoques a tres por real, arroba de azúcar a cuatro pesos y a tres la múcura de chicha… Corrían rumores de subversión y la tropa realista arcabuceó a varios sospechosos en los Llanos. Todo lo cual, aceptémoslo, ya se parece más a la esencia de Colombia que la jubilosa jornada del 20. Y las semejanzas iban a aumentar.

La cacareada separación de España era falsa. La Junta Suprema proclamó presidente al virrey (que no aceptó), aclaró que la pelea no era con España sino con Francia (que sojuzgaba a España) y manifestó su adhesión a Fernando VII (que fue el peor rey que ha parido la tierra de Cervantes). La ruptura general con la mamá patria solo llegó tres años después. Regresemos a julio de 1810: el pueblo levantisco, precursor de las redes sociales, se alborotó el 25 al correr el chisme de que el virrey intentaba asumir de nuevo el mando. Por poco lo linchan, lo que forzó a la junta a inventar la primera extradición clandestina. El 15 de agosto, mientras atiborraba las calles una procesión, cierto carruaje con el virrey a bordo salió al amparo de la oscuridad hacia Cartagena y de allí a España. ¿Les suena?

Mientras tanto, los 25.000 habitantes de Santa Fe retomaban la vida cotidiana. El diario de notas que entre 1743 y 1819 llevó el sastre José María Caballero cuenta que un zapatero mató a otro el 9 de octubre de 1810; el 8 de noviembre hubo serenata a altos dignatarios (montaban parrandas y serenatas casi todos los días) y el 11, corrida de toros (había toros casi todas las semanas). El 4 de diciembre murió de rabia un rico comerciante porque no le cuadró el balance: ¡había llegado el capitalismo…! Y el 8 regresó el personaje que iba a cambiar nuestra historia: don Antonio Nariño, quien, luego de inspirar la independencia con sus escritos y con la traducción de los Derechos del Hombre, volvía de una de sus clásicas temporadas de prisionero torturado. El pueblo santafereño, que lo admiraba como líder (piensen en un Luis Carlos Galán), tardó poco en investirlo presidente y más tarde en dictador (ojo: no conviene que esto lo sepa Claudia López). Nariño pensaba que el nuevo país debía ser centralista; pero otros próceres (entre ellos Torres, Caldas, Santander y a veces Bolívar) defendían un Estado federal. Las ideas se volvieron bandos sectarios y en torno a ellos se alineó la clase dirigente: el país ya estaba maduro para la primera de las 32 guerras civiles del coronel Aureliano Buendía. Estalló en 1812 y terminó en 1815, apenas a tiempo para seguir peleando, esta vez contra los españoles, que intentaban reconquistarnos con Pablo Morillo al frente. Lo apodaban el Pacificador y, como casi todo pacificador, hacía la guerra sin reparar en derechos humanos. Tal como ahora. La Virgen de Chiquinquirá ya rondaba por ahí, pero apostaba a los dos bandos (está documentado). Por el costado rival, Bolívar fusiló a 886 españoles en 1813 y Santander a 60 prisioneros en 1819. Cosas son que llevamos en el ADN.

En Bogotá campeaba ya la inseguridad. Primero pulularon los crímenes inter pares: marchanta apuñala a marchanta, miliciano se carga a miliciano, chapetón liquida a chapetón, NN mata a NN… Luego todos los demás: marido contra mujer, deudor contra acreedor… En esta materia el país ha avanzado: se ve más proactividad, más empoderamiento. Los odiados y vituperados reconquistadores entraron a Santa Fe en mayo del 1816 y los cachacos los recibieron como héroes, con fiestas, voladores y vivas al rey y a Morillo. ¿Recuerdan el retorno triunfal del defenestrado dictador Rojas Pinilla?

El Pacificador puso paz… en la tumba de decenas de patriotas ejecutados. Muchos son parte de nuestra historia. En cambio, la amnesia cubre a los héroes de estrato bajo. Tomás, un niño mulato que enfrentó cuchillo en mano al amo maltratador (abril de 1813). Manuel María, un negrito que gritó: “Si ser patriota es delito de muerte, lo soy aunque pierda la vida” (mayo de1816). Lo fusilaron. En 1818 había nuevo virrey, que mataba sin distingos de raza: en solo dos meses arcabuceó a cuatro blancos, tres negros y un indígena. Pero estos mártires del pueblo no recibieron el reconocimiento de sus conciudadanos. Así eran las cosas después del 20 de julio, y siguen siendo parecidas. No hay nada nuevo bajo el jubiloso sol de Colombia.

(Aprovecho para recomendar la mirada humorística de Lecciones de histEria de Colombia, Edición Bicentenario, 2019. El autor soy yo, pero el libro es chévere).

Advertencia: este columnista no tiene ni emplea Twitter; todos los trinos escritos a su nombre son necesariamente falsos.

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SOBRE HÉROES Y TUMBAS

Por Daniel Samper Pizano

La pandemia ha degradado tantas cosas… La vida, la salud, el empleo, la movilidad, los estudios, los prestigios y hasta el lenguaje, agravio irrecuperable porque degrada también los conceptos y las ideas. Lean, si no, el siguiente trino de la secretaría de Desarrollo Económico capitalina: “Pepsi se puso la capa de héroe y se suma a la donatón de la alcaldía de Bogotá para llevar alimentos y bebidas a las poblaciones más vulnerables …”.

Empecemos por blindar la palabra héroe. En el infierno que nos ha tocado padecer solo hay héroes y heroínas en el sector de la salud. Ellos son los que exponen la vida por salvar la de sus semejantes. Gracias a estos héroes no tenemos más tumbas. Después vienen los demás especímenes: los que cumplen activamente con su deber, los que respetan las normas sociales, los que se cuidan a sí mismos, los irresponsables y los vándalos. También quienes se benefician beneficiando. Como Pepsi y otras marcas semejantes, que favorecen a los demás, pero permanecen muy atentas a favorecerse ellas. Regalan, pero salen en la foto. Obsequian, pero el obsequiado debe dar las gracias en público. Quizás sea una práctica corriente, mas en ningún caso merecedora de medallas. Por el contrario. Donar de manera ostentosa artículos que la medicina señala como peligrosos para los infantes no es un gesto de generosidad sino de aprovechamiento de las circunstancias.

La Red PaPaz, entidad que ha hecho importantes campañas en favor de los derechos de los niños, informó hace pocos días a la Procuraduría que ciertas empresas, aliadas con el Estado, otorgan “cuantiosas donaciones en especie de productos comestibles ultraprocesados que se oponen a la garantía de una alimentación y nutrición saludable”. Particularmente, sobra decirlo, en tiempos tan duros como los que vivimos. Se trata de la denominada comida chatarra, enemiga de lo que prescriben organismos internacionales de nutrición y el propio Ministerio de Salud, que en abril de este año, ya empandemiados, recomendó lo siguiente: “Disminuir el consumo de alimentos procesados, tales como productos empaquetados, gaseosas, leches industrializadas destinadas al consumo de niños y niñas menores del año u otros envasados que usualmente son altos en sodio, azúcar y grasa saturada”. Y exige “una alimentación mucho más natural, porque la de paquetes nos puede llegar a enfermar”.

Los paquetes más peligrosos son los que buscan reemplazar la leche materna con leche en polvo, y así privan al niño de nutrientes y anticuerpos que solo puede transmitirle la mamá, lo exponen a teteros preparados con aguas infectas y esclavizan la familia a estos bienes de elevado precio. Muchas veces la intención comercial es aún más peluda. Con motivo de la pandemia, por ejemplo, la firma Enfagrow regala a las mamás de Tumaco una bolsa de leche en polvo por cada unidad del elemento que compren con tal propósito las buenas señoras urbanas en los supermercados. La promoción se anuncia intensamente, pese a que está vedada desde 1992 la publicidad de “alimentos de fórmula para lactantes”. También se prohíbe que productores y comerciantes ofrezcan muestras gratuitas de estos enlatados a las madres pobres. Pero el Covid 19 da para todo. Por eso Red PaPaz denuncia “las malas prácticas de la industria de productos sucedáneos de la leche materna, que en particular aprovechan las crisis humanitarias para ampliar sus mercados”.

Las conspicuas donaciones de gaseosas con azúcar son un regalo envenenado y una fuente de demagogia fácil; tan fácil como la publicidad que logran. La FAO y el gobierno rechazan estas bebidas porque no nutren y producen obesidad y otros males. Pero ahí saltan los defensores de oficio y de pago: ¿Cómo negar al sediento una gaseosa regalada? ¿No es mejor Pepsi conocida que agua por conocer? ¿Quién se opone al óbolo misericordioso de los héroes de la comida basura? ¿Quién no lo agradece? Un reciente estudio de la Universidad de Harvard tiene la respuesta: “Existe una doble moral (…) al creer que la gente con menos recursos debería conformarse con menos, incluso si perjudica su salud o seguridad”. Las empresas que quieran colaborar de verdad deben ofrecer productos que ayuden a los consumidores. Agua envasada; no agua con colorines y azúcar. Bebederos públicos higiénicos. Y si no, fondos para que las comunidades adquieran lo que realmente necesitan. La meta ha de ser lo excelente, no lo menos malo. Los colombianos sabemos que el camino de mejor-es-malo-que-nada conduce al reino de la mediocridad y la corrupción en el que habitamos.

Una misión para la vicepresidenta

Nadie sabe qué hacer con la vicepresidencia, y por eso a la exministra de Defensa Martha Lucia Ramírez le cuelgan funciones como guirnaldas. Ninguna es indispensable: asesorar, coordinar, presidir, coadyuvar… Si quieren que gane real importancia, libérenla de tanta bagatela y dedíquenla, con el apoyo necesario y de tiempo completo, a dirigir y coordinar la protección de los líderes sociales y exguerrilleros y a velar por que se investiguen y castiguen los crímenes de que son víctimas. El Gobierno no puede seguir indiferente ante la incesante matanza de valerosos e indefensos ciudadanos del común, mucho más merecedores del título de héroes que la Pepiscola.

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NUESTROS NIÑOS Y OTROS NIÑOS

Por Daniel Samper Pizano

Hay en el Museo del Prado un cuadro de Velázquez titulado La venerable madre Jerónima de la Fuente, donde una monja, seca cual uva pasa, esgrime un crucifijo dispuesta a romper con él cráneos infieles. Recordé a la monjita guerrera al pensar en la demagogia creciente e hipócrita que se emplea en Colombia dizque para defender a nuestros niños. Es esta, sin duda, otra forma viciosa de abuso infantil.

“Madre Jerónima”, por Velázquez.

Pienso, por ejemplo, en el vendaval que desató el viaje a San Andrés del fiscal general y su familia y el contralor y su señora. Una columnista advierte: “¡Con la hija menor de edad del fiscal no se metan!”. El tonito amenazador y la actitud de guardiana sugerirían que la prensa ha cometido atrocidades con la niña. Confieso que no he visto en la prensa ni la foto, ni el nombre completo, ni detalles personales y ni siquiera la edad exacta de la chica. Aclaro algunos puntos, antes de que los especialistas en demagogia infantil me califiquen de Herodes bogotano. Para empezar: lo poco que trascendió sobre la niña y su amiga ha sido en buena parte información proporcionada por sus propios allegados. Segundo: no constituye atentado alguno simplemente mencionar que en el ya célebre viaje hubo presencia infantil. Este dato es el que confiere un olor de paseo de familia al periplo y el contribuyente tiene derecho a saber quién pasea con su dinero. Afirma el fiscal que él pagó los gastos. Pero ¿por qué se molestó en hacerlo? ¿No se trataba, pues, de un viaje oficial de trabajo?

Si se aplicara a los altos cargos del Estado la receta que expidió el desconcertante general Zapateiro a los sargentos berracos, el fiscal ha debido reconocer, ajúa, que falló, que lo lamenta, que se somete a las consecuencias y que no volverá a ocurrir. En vez de ello, el doctor Francisco Barbosa montó un penoso acto público donde declaró que “antes que fiscal soy padre”. Como ejemplo de amor paterno es interesante; pero no coincide con lo que la ley exige a los ciudadanos, y mucho menos a los funcionarios públicos. La paternidad no es, por ejemplo, causa válida para violar la cuarentena. Lo más insólito es que remató sus descargos con un epílogo de autoflagelación: “Si el objetivo es apedrearme por querer a mi hija, por ser padre de familia, recibo las piedras con tranquilidad”. En serio: ¿es este el fiscal que merecemos? ¿El Estado necesita padres amantísimos o funcionarios pulcros y eficaces? ¿Al gobierno de IDM se iba a entrar por méritos+probidad o por amistad+identidad política?

Las palabras revelan el fogón de demagogia que algunos sectores atizan respecto a la protección de la niñez. Tales sectores suelen coincidir con la derecha nacional, que se comporta como si hubiese adquirido los derechos exclusivos de los niños colombianos. En reciente artículo aparecido en Lalínea/del medio comenta Felipe González que desde el nefasto plebiscito de 2016 los enemigos del acuerdo de paz lograron “apropiarse de los niños de Colombia con la figura retórica de nuestros niños” y siguen apoyados en esta muletilla.

Falta espacio para recordar los numerosos casos en que los dómines de la derecha han usado a nuestros niños para golpear a sus adversarios, a veces con infames recursos. ¿Alguien pretende comentar el viaje oficial de la familia? ¡Cuidadito! Le pueden asestar un niñazo en el ojo. Pero así como, en su cínico entender, la mención de un nombre cercano a ellos equivale a una violación carnal, para los demás niños, los ajenos, no existen miramientos parecidos. Mientras nuestros niños se alimentan bien, a los demás niños les regalan comida basura. (Sobre esto volveré). Hay que ver las escenas en que aparece el presidente regalando besos y dulces a los famélicos negritos del Chocó o a los chinos de labriegos pobres. Para esta propaganda, que se filma con dineros públicos, no se exigen autorizaciones paternas, ni permiso de Bienestar Familiar, ni pixelado de rostros. Como decía Mafalda, “Todos los niños son iguales, pero hay unos más iguales que otros”.

Cierto: la demagogia no es solo patrimonio de la derecha; casi todos los políticos en campaña “besan y se van”, como en el verso de Neruda. Pero es hora de preguntarse si algunos de los peores enemigos de los menores no son quienes se valen de ellos como arma de combate, según lo hace con el crucifijo la monja de Velázquez. Me temo que el episodio del fiscal y las contradicciones en que ha incurrido durante su breve mandato seguirán repitiéndose y se extenderán a otros despachos. Es lo que ocurre cuando las instituciones destinadas al control se adjudican a los amiguitos del presidente. Duque, que escogió al fiscal, debería responder a sus electores.

De cualquier modo, si llego a tener algún tropiezo con la ley o los protocolos, llevo preparada mi respuesta: “Antes que ciudadano soy padre; y, además, abuelo; y, por si fuera poco (juro que es verdad), tío bisabuelo”.

Esquirlas: 1. ¿No es curioso que en su último discurso Donald Trump haya atacado a la izquierda porque “pretende adoctrinar a nuestros niños?” Otro con © sobre la infancia… 2. Admiro a la alcaldesa de Bogotá, pero el modo como trató al comandante de la Policía Metropolitana en reciente rueda de prensa es grosero, inaceptable y revela un inquietante ramalazo autoritario.

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¿NO LES DA PENA CON LA VIRGEN?

Por Daniel Samper Pizano

Sorpresa: Colombia ya forma parte de otra lista mundial. Una lista de la que es imposible mostrarse orgulloso. La publica Humanists International, entidad defensora de la libertad, y aparecen allí los países donde (teocracias aparte) se limita la libertad de pensamiento y expresión por asunto de credos y no existe divorcio entre Estado y religión. Colombia sube al vergonzoso podio por una manotada de casos de persecución de conciencias. Es el único país de América, y a su lado posan siete naciones africanas o asiáticas. Lo peor es que ni siquiera están incluidos en el expediente colombiano ciertos episodios recientes de nuestro gobierno que atropellan la barrera entre el poder civil y la religión. Por ejemplo, cuando el presidente Duque puso en manos de la Virgen de Chiquinquirá la lucha contra la pandemia: “Esta mañana me desperté pidiéndole a la patrona de Colombia que nos consagre como sociedad, que consagre a nuestras familias, a nuestros hijos, hermanos, abuelos, a nosotros, quienes tenemos responsabilidades, y nos dé salud para guiar los destinos de la nación”.

O cuando, mediante un trino pío (excusen la redundancia) la vicepresidenta reforzó el equipo sobrenatural con la Virgen de Fátima: “Consagramos nuestro país a Nuestra Señora de Fátima, elevando plegarias por Colombia para que nos ayude a frenar el avance de esta pandemia y que Dios mitigue el sufrimiento de los enfermos, el dolor de los que perdieron seres amados y nos permita potenciar nuestra economía”.

O cuando la ministra del Interior ayudó a promover una campaña de oración por Colombia. Como el Estado no realizó ningún gasto, adujo, no hay problema. Pero, prudentísima señora, aparte de que para impulsar esta empresa mística se invirtieron horas de funcionarios que todos pagamos, la Constitución Nacional prohíbe terminantemente la intromisión religiosa en el Estado, con gastos o sin ellos: “Artículo 19. Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas son igualmente libres ante la ley”. La Corte Constitucional precisó así el alcance de esta norma: Colombia “es un Estado laico. Admitir otra interpretación sería incurrir en una contradicción lógica”.

Si la propaganda religiosa de Tele Duque y sus cofrades no viola la Constitución, entonces que venga la Virgen de Guadalupe y lo explique. No nos engañemos: es el viejo espíritu medieval y sectario que aún se incuba en algunas instituciones. La Fiscalía General, por ejemplo, nombró como tercer capitán a un prosélito del exprocurador Alejandro Ordóñez: un funcionario que, cuando Netflix transmitió una versión paródica de la vida de Cristo, lanzó el siguiente trino: “Levanto mi voz airada contra el irrespeto y la agresión de Netflix a la Santidad de Jesucristo, Hijo de Dios, y a la Virgen María, fundamento de la Fe profesada por millones de católicos en el mundo entero”. He ahí la radiografía de un fanático.

Quiero aclarar que no escribo estas líneas por manía anticristiana. Si los políticos que se la pasan dormitando en misa y expidiendo bendiciones gobernaran guiados por los preceptos del Evangelio, viviríamos en una sociedad mejor. Lo indignante es que tanta bendición, tanta oración y tanta invocación mariana y santoral son, a menudo, un modo desleal de hacer política. Con cumplir el no matarás, el no robarás y el no mentirás tendríamos un programa de gobierno memorable. Pero muchos de los que besan escapularios promueven bandas criminales, se nutren de la corrupción y viven del engaño. Yo respaldaría a un gobierno que no hiciera reformas tributarias a favor de multimillonarios sino que aplicara las palabras de Cristo: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre el reino de los cielos” (Mateo 19: 23-30). Y que no sembrara noticias falsas desde despachos oficiales y siniestros sótanos porque “la verdad os hará libres” (Juan 8: 31-38). Y, sobre todo, que no invocara en forma constante a la corte celestial, porque Cristo nos enseñó que “no todo el que dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de Dios” (Mateo 7:21). Atenidos. De veras: ¿no les da pena con la Virgen?

Descarten, pues, el repudio a la religión como móvil de esta columna. Lo que rechazo es el uso hipócrita, taimado y populista de las resonancias religiosas. A la historia nacional le ha costado muy cara la llave entre política y púlpito como para permitir que siga ocurriendo.

ESQUIRLAS. 1. No nos está yendo mal a los adultos mayores desde que optamos por protestar. Una tutela nos devuelve los derechos que conculcó el Gobierno en un exceso de misericordia. Tampoco a quienes denunciamos la presencia irregular de soldados de Estados Unidos en Colombia: otra tutela ordena al ejecutivo que respete el criterio del Senado cuando se plantee la llegada de tropas extranjeras a territorio patrio. 2. Engreído. Durante un reciente paseo a San Andrés, el fiscal general, Francisco Barbosa, sostuvo que el suyo es “el segundo cargo más importante de esta nación”. Qué hinchazón, qué vanidad y qué ignorancia. Un profesor de Derecho me dice que el orden de prelación oficial es: presidente, vicepresidente, presidente del Congreso y presidentes de las Cortes. Uyuyuy con el fiscal…

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¡CAMBIEN DE VERBO!

Por Daniel Samper Pizano

Llámenlo ustedes un juego, un desahogo o un acto pedagógico. El asunto es que el encierro pandémico se nos ha hecho corto a mi familia y a mí gracias a una diversión que inventamos no sé a qué horas pero sí sé por qué. El porqué es el agobiante abuso del verbo generar en los medios de comunicación. Cada vez que algún individuo acude a una conjugación de esta palabra (generó, generaron generarás, generé…), quienes lo oímos en mi casa gritamos: “¡Cambie de verbo!”.

Resulta encantador el estruendo de varias voces que lanzan al unísono esta consigna durante un noticiero, entrevista o declaración por la tele o la radio. Hemos coreado la frasecita hasta trece veces en una sesión de Tele Duque, porque, créanme, los funcionarios de este gobierno son de esos individuos que generan a toda hora. Y ni qué decir de los periodistas. Lo peor es que todos creen que están hablando un español ejemplar. Al revés. Lo mismo que ocurre con la epidemia del coronavirus, el interminable pico del generavirus se expande, contagia, destruye, empobrece nuestra lengua, aplana el uso de matices o precisiones y devora a los demás verbos cuyo significado se acerca, como dice el Diccionario, a “Producir, causar algo”.

A esta plaga se suma un reciente eufemismo de página roja: afectar y afectación. “Robespierre padeció afectación” (¡le cortaron la cabeza, por favor!)… “Las Torres Gemelas sufrieron afectación”… “En Hiroshima se afectaron 140.000 mil vidas”.

Pero volvamos a generar, para no generar desorden. La etimología gen aporta una prolífica parentela que va desde el génesis hasta el lenguaje de género. La amplia sombra de este árbol hace creer a los abusadores de este verbo monopólico que pisan tierra firme. Pues no. Solo revelan léxico escuálido, imaginación apolillada y escaso interés por apartarse del vasto ejército de degeneradores del lenguaje.

Para que no se me tache de negativista, elaboré, a partir de ejemplos reales, una lista de cincuenta sinónimos que reemplazan al insoportable generar. Los lectores podrán aumentarla. Como apoyo, sirvo el plato con sustantivos comunes. Que no se diga, pues, que se trata de un término insustituible: en todos estos casos ha sido relevado por otro verbo.

Abrir espaciosAcarrear problemas
Alentar resentimientosAlimentar dudas
Anidar frustracionesAportar claridad
Auspiciar debatesAvivar interés
Brindar oportunidadesCausar enfrentamientos
Concitar acuerdosConstruir confianza
Convocar reunionesCrear empleo
Cultivar simpatíaDesatar pasiones
Desencadenar controversiasDespertar molestias
Determinar proyectosDisparar ideas
Elaborar informaciónEngendrar conflictos
Esparcir inseguridadEstimular nerviosismo
Fomentar riquezaFormar consensos
Gestar cambiosImpulsar crecimiento
Incrementar desempleoInfundir temor
Inyectar recursosIluminar ideas
Inspirar reflexionesMotivar intercambios
Multiplicar valorOcasionar molestias
Ofrecer esperanzasOriginar novedades
Procurar bienestarProducir movimientos
Promover desigualdadPropiciar situaciones
Provocar confusiónProyectar soluciones
Redactar documentosSembrar pesimismo
Suministrar apoyoSuscitar desconfianza
Traer consecuenciasTransmitir optimismo

Yo sueño con que el grito de “¡Cambie de verbo!” se fortalezca y extienda. Sería estremecedor escuchar algunas noches en Jalisco, Boston o Rosario –y quizás Madrid y París—el eco lejano de millones de voces colombianas que salen en defensa coral del idioma que nos da de comer. Pero hay que empezar ya, antes de que se le ocurra a un viceministro o un reportero el engendro fatal: “Generó afectación…”.

Esquirlas. 1. ¿Hasta cuándo los periodistas, que posamos de rebeldes ante el poder, seguiremos acatando el burocratés, ese lenguaje artificial y sesgado que inventan en los cuarteles y en los escritorios oficiales para despistar y engañar? Al asesinato disfrazado lo maquillan con el eufemismo falso positivo; la gente llama ciclista al que monta en bicicleta, pero la alcaldía de Bogotá inventó el terrible biciusuario, y los reporteros se tragan semejante sapo. Mientras tanto, la ministra de Justicia reemplaza la neta palabra presos por la compleja expresión personas privadas de la libertad y la (¿ex?) ministra de Cultura habla de “las artes ecsénicas”. ¡El burocratés es facsinante…! 2. Los “miserables” violadores de la niña embera son soldados de Colombia. ¿Qué clase de uniformados produce nuestro Ejército y por qué? 3. Tras las barbaridades jurídicas que dijo Iván Duque sobre este espantoso caso, está en mora de mostrarnos sus notas como alumno de Derecho.