Daniel Samper Ospina

SIN FINCA NO HAY PARAÍDO – DANIEL SAMPER OSPINA

Parafrasendo a mi gran amigo en el mundo de la bufonería, Gustavo Bolívar, “sin finca no hay paraíso”. Con la extinción de dominio de la finca que tenía la familia de Monsalve, prácticamente se reveló la verdad.

La finca ‘La Venanera’ en realidad fue comprada por Iván Cepeda a través de una de sus cientos de ONG’s de papel que durante años de odio, ha creado para sacarle plata al Estado colombiano por todo.

La adquisición de ese inmueble fue un acuerdo entre Iván Cepeda, Juan Manuel Santos y Juan Guillermo Monsalve y su familia, para lograr empuercar (más) al chalán de Salgar, por eso la decisión del ente investigador regentado por Barbosita no es más que una forma de presión.

Con los Monsalve perdiendo la finca, sin donde pernoctar y mucho menos sin medio de subsistencia; y lo peor, con la posibilidad de una investigación por testaferro y lavado de activos, al testigo estrella no le quedó otra que cantar.

*Y cantar de lo lindo, si Monsalve no quiere que sus padres y su esposa, Deyanira Gómez, no vayan presos le toca contar quien le dio esa finca en contraprestación por sus declaraciones falsas con Uribe.*

Como diría Bolívar: “Sin finca no hay paraíso”.

OJO CON EL 22 – DANIEL SAMPER OSPINA

En libertad Álvaro Uribe Vélez, luego de que una imberbe juez de bajo rango decidió concederle la libertad por una supuesta falta de imputación de cargos, este salió con el hacha de guerra en la mano.

Fiel a su estilo pendenciero y bravucón, Uribe decidió regresar a la política con bríos de adolescentes, con la testosterona con los límites arriba para lograr la consolidación de su dictadura.

Sorprende, eso sí que ante la irrupción de un fenómeno político como el de Uribe, la izquierda no se avispe, ni nada.

El acobardado Sergio Fajardo decidió vetar a Gustavo Petro ante el temor que este lo destroce en una consulta interpartidista, pues esta clarísimo que Petro ganaría. Lo mismo sucede con el vejete de Iván Marulanda,  quien luego de años de pérdidas, se pasó al partido Verde y se convirtió en un esbirro de Fajardo; ahora Marulanda pretende también vetar a Petro, ¡extraña coincidencia!

Los demás líderes de la izquierda, sin ningún tipo de conciencia y llevados por la vanidad y el odio, insiste en irse separados a las elecciones. El resultado será desastroso, el uribismo volverá a ganar el poder.

Ante este panorama tan adverso y tétrico, desde ya me alisto para irme a ver ballenas en las playas de Nuquí.

LOS ÁLVAROS – DANIEL SAMPER OSPINA

En mi familia, durante décadas la única forma de eliminar a los contrarios fue asesinándolos, todo el que resultara una amenaza terminaría muerto, así ocurrió con Álvaro Gómez Hurtado, La Monita Retrechera, el chófer de Horacio Serpa Uribe, el excongresista Carlos Alberto Oviedo, Nacho Londoño, Lorena Henao y el sobrino de Rasguño.

Todos estos crímenes fueron ordenados por mi tío Ernesto Samper Pizano, quien es el poder detrás del poder en este país, es el poder en la sombra de los bandidos, de eso no hay duda, lo puedo asegurar como su familiar.

En el caso de Uribe, al ver la imposibilidad de aniquilarlo físicamente, mi tío desplegó una estrategia para acabarlo moral y espiritualmente, partirlo y hacerlo retirar de la política activa. Para ese propósito reclutó al senador Iván Cepeda Castro, quien guarda un abismal odio por Álvaro Uribe, debido a que, en el pedido de perder por el homicidio de Manuel Cepeda Vargas, éste lo revictimizó. Ahí nació todo.

Lo demás ya todos lo sabemos, se inventaron la estratagema contra los Uribe con la ayuda de Juan Manuel Santos, Eduardo Montealegre y Leónidas Bustos -el amo y señor de la rama judicial, incluso desde el “exilio” en Canadá-.

Todo funcionó muy bien hasta que Uribe renunció al senado y cambió completamente la ecuación, pero estaba segura su condena con los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, pero todo salió mal.

Posdata: La mentira de Lozada de adjudicarse el crimen de Álvaro Gómez Hurtado, es un vano esfuerzo de mi tío por librarse de la decisión de la Fiscalía que viene en camino, que es la de ordenar la detención del exdirector del DAS de la época Ramiro Bejarano, alias ‘Dasmán’ en el mundo del hampa.

EN MI DIARIO DE CUARENTENA

Día 12.
Después de haber atendido tres reuniones de trabajo eternas por Zoom y de celebrar un cumpleaños por Webinar, capté que hoy era domingo. La nota optimista del día: aprendí que Webinar no es un verbo ni insulto ni una enfermedad urológica, como suponía. Tampoco el nombre de un futbolista de Santa Fe: Webinar Velásquez. Marcador de punta.

Día 16.
Mi prima caleña llamó a contarme que bailó salsa en la discoteca de bioseguridad inaugurada por el alcalde Ospina: Juanchito. (Juanchito se llama la discoteca, no el alcalde Ospina. El alcalde Ospina se llama Jorgito, y es muy ruidoso y se cree muy iluminado: como una discoteca). Pidieron un combo para parejas: traía media de ron, picada, visera de cirujano y un galón de desinfectante. Luego bailaron la canción Señora muerte.

Día 28.
Estaba tan aburrido, que chismoseé una telesesión del congreso justo en el momento en que la cámara (la del Zoom, no la de representantes) ponchaba al representante Juan Pablo Celis en calzoncillos, con la porquería en la mano: ¡en semejante órgano tan importante! (Hablo del Congreso). Lo peor es que con esa misma mano aprueba leyes claves como la de declarar el carriel patrimonio cultural, u otorgar –dios mediante suceda– la cruz de Boyacá a la changua, que es tibia, es bogotana y tiene huevo. Como yo, según el petrismo.

Día 31.
Contraté un abogado para que me ayudara a descifrar si: a) el día que quería salir había pico y género; b) mi barrio quedaba en cerco epidemiológico; c) debía llenar alguna aplicación para evitar multas; d) mi oficio se encontraba en las excepciones de Duque, pero no en las de Claudia López; e) mi oficio se encontraba en las excepciones de Claudia López, pero no en las de Duque; f) había toque de queda. Al final el abogado no me supo decir pero me pasó una cuenta de cobro que no tengo ni idea de cómo voy a pagar, porque en la empresa redujeron el salario.

Día 37.
Entregué mis datos a una aplicación del distrito, y después supe que no era necesario. Espero que sean responsables con la información y no ventilen lo que dije de mis ingresos ni de mis hemorroides. Me tensioné mucho mientras descargaba la aplicación, y eso es malo para todo, en especial para las hemorroides. Definitivamente soy muy malo para manipularlas. Hablo de las aplicaciones. Hasta hace poco pensaba que Coronapp servía para que uno eligiera qué tipo de coronas quería para sus muelas o su funeral. Maldita enfermedad. Lo peor es que se habla de un rebrote. Hablo del coronavirus. (Y de las hemorroides).

Día 40.
En Caracol informan sobre abejas asesinas, volcanes en erupción y lluvia de meteoritos y, por si faltaran noticias apocalípticas, nombraron a Paloma Valencia en el comité de la paz. ¿Qué sigue? ¿Que Uribe acuse a Petro de paramilitar?

Día 48.
Llevé al parque a mi papá porque tenía su media hora de salida semanal, pero se trató de volar otra vez: atravesó la calle sin mirar si venían zorros o nutrias con sus crías. Perdió mi confianza. No lo vuelvo a sacar. Alcanzamos a regresar antes de las seis para ver el programa del presidente, que está buenísimo: corrió el pico para agosto. Descontando los de La venganza de Analía, es el pico más largo de la televisión colombiana.

Día 57.
Duque amplió la cuarentena pero clasifiqué en 42 de las nuevas 43 excepciones planteadas por el decreto, entonces pude salir a la calle. La ciudad estaba repleta. Un vendedor ambulante me vendió un tapabocas de segunda, y, a pesar de su insitencia, no me lo probé. Me queda gigante, pero se ajusta bien a la barbilla (donde nos lo ponemos en la oficina para poder hablar).

Día 65.
La policía mató a golpes al muchacho afro Anderson Arboleda. Pensé que en la Casa de Nariño tendrían que apagar la luz y meter a Iván Duque al búnker de Palacio o al menos al garaje por donde antes ingresaba alias Job; que rebautizarían la universidad Sergio Arboleda para no rendir homenaje a esclavistas: a lo mejor permitiendo el Sergio, para evitarle líos a los sergistas, pero con el apellido de otro personaje destacable: como el cantante de merengue Sergio Vargas. Pero no sucedió absolutamente nada.

Día 69.
El gobierno lanzó el programa de la hipoteca inversa y estoy intentando que mi papá no se entere: sería fatal para mis pretensiones hereditarias, e injusto que lo único que termine heredándole sean las hemorroides.

Día 72.
Duque organizó un día sin IVA. La gente atiborró las grandes superficies para comprar televisores cuyas pantallas, a diferencia de la curva de contagio, son planas. Fui a Alkosto y me endeudé para comprar uno en que cabría de pie Pachito Santos. Ahora veo el programa de Duque con una tecnología que tiene lo que al gobierno le falta: alta definición. En el capítulo de ayer promovió el distanciamiento social con tarjeticas verdes y rojas.

Día 84.
Tarjetica roja a María Fernanda Cabal por ponerse a priori del lado de siete soldados que violaron en manada a una niña embera de doce años. Ella siempre del lado del débil. El fiscal dice que no fue violación sino abuso. Le faltó asegurar que era una acción de guerra. Pero no de Ciro Guerra, a quien ocho mujeres salpicaron con testimonios de abuso. Qué país. Todas las noticias son de ese talante. Solo falta que Santa Fe anuncie la contratación de su nuevo marcador de punta: Webinar Velásquez.

DEYANIRA GUERRERO, KARINA GARCÍA, CONCEPCIÓN CORREDOR

Ni de la pelea de Petro y Uribe, en la cual Uribe por poco acusa a Petro de usar zapatos Crocs; ni del tétrico 19 de junio en que el gobierno echó por la borda el esfuerzo de encerrarnos durante tres meses al inventar el ofertazo de un día sin IVA: de nada de eso pienso escribir esta vez. Pienso escribir de tres mujeres que este domingo no estarán con sus familiares: dos que están muertas y otra más que está muerta sin morirse, porque su cuerpo no aparece, y sus hijos y su mamá lloran su ausencia con una esperanza dolorosa, que parece otra forma de castigo.

El cadáver de Concepción Corredor quedó arrumado en una vía del Casanare, atravesado a balazos. Nunca más la volverán a ver sus hijos ni su esposo ni su hermano, militante como ella del Partido Verde: el esfuerzo de su trabajo como presidenta de Junta de Acción Comunal de la vereda La Pradera era ahora ese cadáver anónimo, salpicado por el polvo del camino. La noche antes de que la mataran, dos tipos la sacaron a rastras de su casa, en medio del pánico de su familia. Si usted tiene hijos, ponga la cara de ellos sobre la de los hijos de Concepción Corredor, y ponga su propia cara sobre la de Concepción Corredor, e imagínese que se lo llevan, que se la llevan, a rastras, bajo gritos, sin que nadie sepa qué sucede: que a la fuerza la suben en una moto cuyo motor se pierde en la noche. Y que lo siguiente que sus hijos saben de usted es que su cuerpo apareció tirado contra la maleza de un camino polvoriento. Y que nunca más la volverán a ver.

Karina García amaba a los perros, tenía un hijo de tres años, y el día que la mataron ya la habían matado por dentro: fue una líder social a la que mataron dos veces. Un mes antes de que morir en medio de una camioneta en llamas, había sacado su título como especialista en contratación estatal y luchaba por convertirse en la primera alcaldesa de Suárez, en el Cauca. Su aspiración había desatado una incesante ráfaga de noticias falsas que no terminaban de doblegarla: en panfletos y mensajes decían que iba a llenar el pueblo de paramilitares; que quitaría la tierra a los campesinos para asignarla a las multinacionales. Pidió clemencia. Existe el video en que clamó por su honra: pueden verlo. Predijo que las difamaciones mataban. Y la mataron: la mataron con la mamá y cinco militantes de su partido y uno de sus escoltas de la Unidad Nacional de Protección, a quienes los sicarios sorprendieron en la carretera con una lluvia de balazos de fusil.  Un escolta consiguió escapar y existe el video en que cuenta su milagro: pueden verlo. Karina García de 31 años. Tenía un lunar en la palma de la mano izquierda. Dejó un hijo que ya tiene cuatro años. Una perra que se llama Serenata. Y un diploma.

Michel Forst, relator de Naciones Unidas, sostuvo que Colombia es uno de los países más peligrosos del mundo para la defensa de los derechos humanos. Las cifras solas no muestran la tragedia humana que hay detrás de cada caso. Por eso un grupo de columnistas hemos querido contar la historia de algunos de ellos.

Ya conté la de dos mujeres muertas, pero quiero hablar ahora de Deyanira Guerrero. El 2 de mayo de 2018, mientras James Rodríguez marcaba un gol con el Bayern, Deyanira Guerrero le pidió a su mamá la bendición, y se fue a trabajar al restaurante La pesebrera, en La hormiga, Putumayo, para ganarse los pesitos extras que sumaba a lo que producía vendiendo cerveza, raspados y gaseosa en una tienda.

Su mamá comenzó a llamarla desde las cinco de la tarde, porque no se había reportado. La llamó pero nadie contestaba, y la siguió llamando hasta que la llamada entraba directamente a buzón. Y nunca supo más de ella.

Deyanira tiene 38 años. O tendría. O debería tener: nadie sabe cómo referirse a la presencia invisible en que se convirtió. Jonier, su hijo de catorce años, dice que, para no estar triste, se imagina que ella está trabajando en la tienda, común y corriente, y que por la tarde vendrá ayudarle a hacer tareas, porque siempre les ayudaba a hacer las tareas; Yesid Santiago, su otro hijo (de diez años) habla poco. Cada uno debe imaginarse qué pasó, y administrar la esperanza traicionera de que un día cualquiera entrará de nuevo por la puerta.

El nombre de Deyanira Guerrero había aparecido en un panfleto de amenazas cinco meses atrás por su digno trabajo en la Alianza de Mujeres Tejedoras. Le gustaba la cachama sudada; le gustaba el vallenato; el día que se fue tenía un enterizo de jean. Deyanira es ahora esta especie de espectro que nadie se autoriza a llorar de verdad, esa muerte sin certezas que impide llorarla con un llanto redondo de desahogo, sin costuras ni culpas.

Esta vez quise escribir de estas tres mujeres: de sus dos cuerpos muertos arrumados en el camino; del otro cuerpo etéreo que nadie sabe dónde está. Mientras a todos nos carcome por igual el mismo olvido, este domingo quiero pensar en ellas y en sus hijos, y en este país de miseria al que poco le duelen sus muertos, y en este oficio inútil de no tener nada mejor que ofrecer a Concepción, Karina y Deyanira, sino un recuerdo triste que se evapora con el día.

EN LA CABEZA DE MARTUCHIS

…Yo creo que de este episodio todos podemos aprender. Mi hermano era muy joven, tenía apenas 36 años, y dijo: “voy a hacer un emprendimiento, voy a exportar a Estados Unidos”, y hasta ahí todo bien: eso fue lo mismo que yo propuse como ministra de comercio exterior, en una gestión que por lo demás fue muy destacada, porque yo soy una mujer muy emprendedora que siempre se ha destacado por trabajar, trabajar y trabajar, como decía el presidente Uribe, con el que hice una gran llave… porque esto no es de atenidos, de venga para acá y que el estado me haga todo… venga para acá y yo me quedo quieta y que el estado exporte por mí y yo no hago nada… No, nada de eso… Acá toca encomendarse a la virgen de Fátima, echarse la bendición y trabajar duro si uno quiere prosperar y no quedarse viviendo en una casita de doscientos metros, sin tener con qué pagar una fianza, una garantía, y comprando ropa en descuento en JCPenny.

Bueno: digo que mi hermano Bernardo hizo ese emprendimiento cuando era casi un niño de 36. Lo pensó, hizo sus números, quiso sacarlo adelante para producir en pesos pero ganar en dólares —que es como se deben pensar estos negocios de exportación—, pero se equivocó en el producto, no ha debido ser heroína… Heroína yo, y lo digo sin falsa modestia, que en cada uno de los cargos que he ocupado me he destacado: he trabajado para todos los presidentes sin excepción; como ministra de comercio, como ministra de defensa, cuando combatí la droga en toda su cadena de producción, porque la droga se tomó este país… Usted ahora va al campo y ya no hay campesinos, ahora son todos terroristas de ruana que trabajan para carteles de la droga, y contra ellos es nuestra lucha, sin contemplaciones: ¡acá no hay narcotraficantes buenos y malos! ¡Acá todos los narcotraficantes son malos y debemos proteger a la juventud de las amenazas de la droga! ¡Queremos jóvenes deportistas, como Farah y Hadad, como Faryd Mondragón, que algún día llegará a reemplazar al señor Constantino en la FIFA, o a ser ministro del deporte en un gobierno de Marta Lucía Ramírez!

Pasó entonces lo de mi hermano, y en su momento no dije nada porque ¿para qué?, ¿para qué propagar malos ejemplos? Además, ¿cuándo ha visto uno, por ejemplo, a los líderes de este país hablando de sus calamidades familiares, de un Gustavo Pastrana, de una Dolly Cifuentes? Son cosas que se llevan con elegancia, en silencio.

Es que esto no es de “venga que acá ninguno ha cometido errores” porque errores hay en todos lados: lo importante es manejarlos para que tu pasado no se interponga en tu futuro. Yo he trabajado sin descanso para liberar a Colombia de las mafias que se aprovecharon de la juventud de mi hermano Bernardo y de su temperamento bonachón, porque Bernardo es de esas personas que no te saben decir que no. Esa vez debieron de proponerle ganarse un dinero fácil, y él cayó redondo, pobre, a pesar de que le hemos dicho que parar ganar dinero uno necesita trabajar, montar negocios de construcción, siquiera de finca raíz: al menos organizar hipotecas para que los bancos puedan ayudarles a los viejitos al final de sus vidas pagándoles una mensualidad a cambio del apartamentico, y así pueden estar tranquilos.

Los periodistas que no son mis amigos me quieren desprestigiar: es que usted no contó, me dicen. Primero que todo: yo sí les conté a las personas con que trabajé. Y lo hice por lealtad, porque si hay una persona leal, esa es Marta Lucía Ramírez… Yo les dije: Presidente Uribe, mire que un hermano tuvo esto en Miami; presidente Pastrana, ya que acaban de decir en radio que usted es una mula, venga le cuento una cosa. Y ellos me dijeron: ¡adelante, Marta Lucía, no hay delitos de sangre, más bien vaya combata al narcotráfico hasta que caiga la última gota de sangre! Y le cumplí a la patria: me metí a las regiones, en zonas donde no hay construcciones; donde todos son lotes por construir; y ordené tropas y aspersiones porque en eso soy de una sola pieza, casi como el primer apartamento en que vivimos Álvaro y yo, el de 200 metros. Aunque ese tenía más cuartos.

No pueden utilizar la involuntaria indelicadeza de mi hermano para atajar la llegada de la primera presidenta de la República a Colombia. Sí: puede ser que mi hermano haya tenido un lío en Estados Unidos. Que preferimos no contar y tragarnos ese dolor en silencio para no molestar a nadie. Que mi hermano haya convencido a unas personas de que ingirieran heroína en preservativos en un país —y no es por defenderlo— en que toda la comida tiene preservativos. Y que también se haya robado una ropa. Y en JCPenny. Pero es muy sospechoso que lo descubran justo ahora, cuando mi carrera más brilla: ¿dónde está el fiscal, más bien? ¿Por qué no dicta una orden de captura contra el hermano de Petro? ¿Es que acaso quieren que este país se convierta en otra Venezuela? ¿Por qué se fijan en el tal Memofantasma, y no en el fantasma del castrochavismo?

De malas. Habrá Marta Lucía para rato. Como dije en Twitter, ¡a mí sí me importa que los altos funcionarios aparezcan compartiendo en fotos con narcotraficantes! ¡Dejen quietas esas fotos en el álbum familiar! Y dejen de juzgar a mi hermano, ¡qué atenido!: que ha tenido unos días tan largos como dicen que son mis declaraciones.

COSAS QUE AYUDAN A PETRO

Tras una amable charla con Gustavo Petro, cálida y divertida como los pantalones de piyama con que atendió el encuentro por Zoom, recibí un correo que llamó mi atención. Y, como lo cortés no quita lo valiente, me despedí de los pantalones de piyama con fina cortesía y me ocupé valientemente de lo que revelaba: según el corresponsal anónimo, la candidatura de Petro marcha a todo vapor gracias al trabajo incansable de tres jóvenes ejecutivos que tienen como obsesión subirlo a la presidencia. Constituyen su primer anillo de trabajo: el sanedrín que lo llevará a la Casa de Nariño en un viaje que, a diferencia del de La Habana, no parece tener regreso.

No se trata de muchachos de la Nacho, de pelo largo y mochila tejida, entre otros clichés. La estrategia es mucho más sofisticada. Hablamos de un equipo de ejecutivos modernos y conservadores, egresados de universidades privadas de derecha, que sobrellevan una vida de esmerado comportamiento moral; creen en los valores católicos tanto como en el libre mercado; y trabajan sin descanso para que el solio de Bolívar se llame de ese modo en honor a Gustavo, el exlibretista, y para que Hassan Nassar le entregue el puesto a Hollman Morris, con lecciones para convertirse en adivino incluidas.

Imaginaba a Petro montado en las camionetas compradas por Duque, todavía olorosas a nuevo y a Chitos, mientras escribía en su cuenta de Twitter frenéticos trinos sin puntuación con las ideas que se le ocurrían en el camino, y las dudas se me agolpaban en la cabeza: ¿cómo será el gobierno de la Colombia Humana? ¿Renunciarán los ministros al tercer mes, como cuando era alcalde? ¿Convocará una constituyente para refundar la patria él también? ¿Utilizará a Ecopetrol de caja menor o la redireccionará hacia la siembra de aguacates? ¿Ofrecerá cuotas burocráticas a Alejandro Ordóñez o le expropiará las tirantas?

Para rematar, por las noches me atormentaba la misma pesadilla: que sus más rabiosos tuiteros, borrachos de poder, abrían una correccional en el desierto de la Guajira, un Gulag Humano, para reformar a quienes votamos en blanco. En la enorme cantera abierta, nos obligaban a forjar acero a golpes de martillo para el metro subterráneo de Bogotá; Claudia López levantaba en una carretilla piedras tan grandes como las que se le vuelan por culpa del exalcalde; Jorge Enrique Robledo, descamisado, echaba pica como antes labia, y caía exhausto; Sergio Fajardo, rapado a ras de cráneo, empujaba rocas del tamaño de ballenas, mientras susurraba “Se puede”, para darse ánimo.

Yo observaba en silencio los vejámenes contra Humberto de la Calle, condenado al trabajo forzado de corregir gramaticalmente los trinos del gran líder, hasta que no soportaba la ignominia.

—¡Guardia, es un señor mayor, tengan compasión! —les rogaba.
—Es verdad —imprecaba De La Calle—: no me dan los ojos para poner más comas…
—¡Puntúe, anciano tibio: y corrija la sintaxis! —respondía un bravo tuitero, en medio de carcajadas.

Posteriormente nos confinaban en gigantescas aulas doctrinales para enseñarnos a amar al líder humano con todas sus contradicciones: justificar la vez que promovió el voto en blanco para votar por Mockus, o aquella otra en que consideró un gesto democrático ayudar a elegir a Alejandro Ordóñez.

Petro. Su presencia me produce una confusión de sentimientos. Noto su brillantez. Aplaudo su apertura. Me ilusiona imaginar que luchará contra los clanes familiares de la política, con ayuda de su hijo Nicolás, a quien hizo elegir como diputado. Pero a veces me entrego a un mar de desconfianza tan grande como su ego.

Quise entonces saber la identidad de los tecnócratas que inexorablemente lo van a llevar al poder, y contraté a un exmilitar uribista para que lo averiguara.

—Ubíquelos y perfílelos —le pedí, mientras le consignaba una cifra de varios ceros a la ultraderecha.

A vuelta de pago recibí un sucinto informe que incluía tres nombres.

El primero era Miguel Ceballos. Lo perfilaban como un dandy de gomina y pañuelo en la solapa, elegante foulard los fines de semana y costosa bata de seda con copa de brandy en mano en noches de seducción. Su misión para la campaña de Petro era sencilla: volver trizas la paz para que la gente salga a votar berraca en el 2022 por alguien que la reivindique.

El segundo era un mando medio: Iván Duque. Lo describían como un talentoso hombre de espectáculo dispuesto a lo que fuese para cumplir su sueño de conducir un Talk Show: incluso a convertirse en presidente. Su misión: elaborar un coctel de desgobierno y autoritarismo que favorezca a bancos y ahonde las desigualdades, para abonar terreno de modo ideal a los discursos populistas.

Y el jefe de cuadrilla: Francisco Barbosa. Joven abogado con un extraordinario concepto sobre sí mismo, convirtió la Fiscalía en policía política con la misión de perseguir a la oposición; hundir la Ñeñepolítica, para enardecer ánimos, y a la vez acosar de modo vulgar a Petro, con el fin de despertar solidaridad en torno a él.

Este, pues, es el sanedrín de Petro: el sanpetrín. Con esa sofisticada estrategia lograrán, incluso, que quienes dispersaron fuerzas independientes con su voto en blanco, terminen apoyándolo. Basta con abrir los ojos para darse cuenta. Como De la Calle cuando corrija los trinos del amado líder.

PRÓXIMOS DECRETOS DE DUQUE

Esta columna se anticipó a los decretos que expedirá el gobierno nacional tan pronto como se venza esta nueva prórroga de la cuarentena, con el fin de ahorrar trabajo al Gerente para el Coronavirus, a la fecha uno de los cargos más extraños creado por gobierno alguno, junto con el de viceministro de creatividad. El decreto está inspirado en el 749 que el Gobierno acaba de emitir. Tomen nota.

DECRETO NÚMERO 750.

El Señor Presidente de la República de Colombia (y también Iván Duque)

Considerando…

Que la salud pública representa para el gobierno un interés casi tan alto como el que ofrecen los bancos;

Que, en ocasiones anteriores, el gobierno ha decretado una excepción (1) al confinamiento por cada año de los que tiene el Primer Mandatario (43)

Que el Presidente se encuentra a gusto con su programa de televisión;

Decreta:

ARTÍCULO 1:

Se prohíbe por completo la libre circulación por el territorio nacional, de modo expedito y sin contemplaciones, de todos los ciudadanos nacionales y extranjeros, salvo en aquellas contadas excepciones que señale el artículo dos.

ARTÍCULO 2:

Son excepciones del artículo anterior, y por lo tanto pueden circular libremente:

1.- Soldados americanos que visiten el territorio nacional para invadir Venezuela, con o sin concierto en la frontera de por medio.

2.- Banqueros.

3.- Peluqueros expertos en tintes de canas que puedan desarrollar sus labores en los mandatarios nacionales o locales a cuyo pelo ya se le noten las raíces de color negro.

4.- Personas mayores siempre y cuando: a. Sean de género femenino. b. Parezcan miembros de la familia Adams. c. Carezcan de experiencia en la carrera diplomática y d. Por eso mismo sean nombradas como cancilleres.

5.- Abuelitos bondadosos que utilicen Crocs, quieran acabar con la JEP para regresar al país a una guerra que justifique su discurso y necesiten salir a hacer las vueltas que se les ofrezca.

6.- Militares que necesiten hacer perfilamientos.

7.- Mecánicos de camionetas blindadas nuevas.

8.- Publicistas que manejen redes sociales de cuentas oficiales.

9.- Reparadores de guitarras eléctricas, preferiblemente marca Fender.

10.- Exreinas de belleza de apellido Urbina.

11.- Mineros dispuestos a declarar en contra de Gustavo Petro.

12.- Camarógrafos dispuestos a filmar las prácticas de los equipos de fútbol del rentado criollo para alejar a los jóvenes de las malas ídem. (El ministerio del deporte les pagará una prima de aburrimiento).

13.- Artistas como Silvestre Dangond y demás músicos que autorice el Señor Presidente, y que quieran cantar un rato con el Señor Presidente, y con el doctor Iván Duque y/o su gabinete.

14.- Funcionarios públicos que lleven la ropa rotulada con su nombre.

15.- Ministras que paseen mascotas como perros, gatos o lo que sea.

16.- El canciller Carlos Holmes Trujillo para que pueda cancelar el recibo de la luz y evitar nuevos cortes de energía.

17.- El Alto Consejero Presidencial para los Adjetivos, por si se hace preciso agregar nuevos adjetivos al aislamiento preventivo, inteligente, obligatorio y colaborativo, tales como “simbólico”, “relativo” y “de mentiritas”.

18.- Quienes hayan ofrecido créditos a terratenientes mientras fueron ministros de agricultura, y estén dispuestos a asesorar el programa (Agro) Ingreso Solidario.

19.- Quienes se dediquen a actividades profesionales, técnicas y de servicios en general.

ARTÍCULO 3.

No podrán hacer uso del derecho a la libre circulación, por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia, las siguientes personas:

1.- Congresistas (a menos de que sean del partido de Gobierno o estén dispuestos a aprobar a través de la plataforma Zoom lo que el Gobierno necesite).

2-. Asesinos de líderes sociales con restricciones de pico y género o cédula y placa.

3.- Expresidentes que hagan transmisiones desde cuentas de Instagram con cantantes y vistan durante dicha transmisión una camisa que parezca de piyama.

4.- El cantante René.

5.- Quienes se dediquen a labores de oposición en general.

ARTÍCULO 4.

Se autorizarán los vuelos humanitarios a Panaca de la familia presidencial.

ARTÍCULO 5.

En aras de colaborar con la reactivación de la economía, el gobierno nacional:

1.- Autoriza la compra de votos en el departamento de la Guajira de forma retroactiva.

2.- Ordena al ministerio de Hacienda disponer de nuevas partidas para promover sectores productivos como la publicidad en redes.

3.- Ordena al ministerio de trabajo asumir los gastos de la prima de las grandes empresas (o del familiar que sus dueños decidan).

ARTÍCULO 6.

El gobierno nacional tomará medidas extraordinarias para favorecer el empleo de los colombianos (en particular el de Rodrigo Tovar, como acto de reconciliación) y el desempleo de Frank Pearl.

ARTÍCULO 7.

Así como el gobiero nacional se hace responsable de los aciertos que puedan traer estas medidas, deja en manos de alcaldes y gobernadores las críticas que puedan despertar su fracaso.

Comuníquese y cúmplase. En general.

SI EL URIBISMO INVENTA LA VACUNA

Y el presidente Iván Duque se habrá reinventado, y pasará a la historia como el hombre que volvió trizas al coronavirus.

Daniel Samper Ospina

El coronavirus recorre el mundo como una peste comparable únicamente con la gente que repite la palabra “reinvención”, con la gente que pregona que toda crisis es una oportunidad, y la única noticia que nos devuelve algo de esperanza es que tanto China como Estados Unidos afirman que están muy próximos a obtener la vacuna. El Instituto de Biotecnología de Pekín confirmó que practicaron pruebas en 108 personas sanas, lo cual significa que no la han testeado todavía en trumpistas; los gringos, por su parte, anuncian avances con una compañía farmacéutica cuyo nombre recuerda el talante de la doctora Ilva Myriam Hoyos: Moderna. Los primeros resultados indican que la vacuna es “segura y bien tolerada”, y en eso se diferencia de Gustavo Petro.

Lo menciono porque el presidente Duque no puede ser miope ante el lugar que la historia reclama para él, y debe inscribir a Colombia en la carrera mundial por la vacuna. Debe aplicar al coronavirus la misma receta que su gobierno aplicó al proceso de paz para bañar de gloria a esta patria inmensa en que nació Maluma y el cubio se hierve y se come.

No se me entienda mal. A estas alturas de su periodo, Iván Duque ya dejó a la historia un legado importante, y no hablo necesariamente de ese espíritu juvenil con que impregnó la Casa Privada, que ahora parece un apartamento de adolescente: hay guitarras tiradas por aquí, balones dejados por acá; ropa rotulada con su nombre en el cuarto de cosas perdidas de Palacio, al lado de fajas de mi tío Ernesto y del carriel de Álvaro Uribe (que es patrimonio material de la humanidad); los pantalones color amarillo pollito de Santos. Y la dignidad de César Gaviria.

No me refiero a cosas intangibles, digo, como ese extraño estilo de vida, mitad rockero, mitad manzanillo, que lo convierte en la versión juvenil de Julio César Turbay, sino de herencias concretas: obras tangibles que su gobierno dejará al que lo suceda, como las 18 camionetas blindadas o el pote intacto de gel antibacterial.

Pero a estos logros históricos podría sumar la vacuna mundial contra el coronavirus, así resulte necesario reemplazar a su actual equipo científico, dentro del que destacan la virgen de Chiquinquirá, la de Fátima y Manuel Elkin Patarroyo, por uno más agresivo. Han adelantado un trabajo importante, en especial el doctor Patarroyo, a quien imagino encerrado en su laboratorio mientras lucha contra el coronavirus inyectando micos.

—Pásenme otro mico…

—Doctor, ya no quedan: acabamos con todos los de la zona.

—¡Díganle al presidente que mande más!

Y el presidente ordena el desembarco de cientos de guacales con más micos, incluyendo los de sus decretos de emergencia: bajarían de la jaula el artículo que beneficia a los bancos; el que afecta a Colpensiones para nutrir fondos privados; el que reduce al 20% la producción criolla de contenido audiovisual: ¿qué tenía que ver esa medida con la pandemia? ¿Impedir que RCN lance una novela sobre el coronavirus? ¿Quién haría el papel de coronavirus? ¿Hassan Nassar?

Valoro a Patarroyo, digo, pero la enfermedad exige otro nivel de ataque. Hablamos de un virus que evoluciona, y en eso se parece a Roy Barreras; que a unos aplasta con saña y a otros ni siquiera toca, como si fuera el Superintendente de Industria y Comercio. Y que surge de manera inesperada en cualquier país, a la manera de Petro.

El gobierno, entonces, debe conformar un nuevo equipo médico, encabezado por el comisionado Miguel Ceballos, que cuente con la relatoría científica de Rubén Darío Acevedo, la asistencia a las víctimas del joven enfermero Jorge Rodrigo Tovar, la asesoría de José Félix Lafourie, que tiene experiencia vacuna en la generación de defensas. Y el apoyo jurídico para la patente de Abelardo De La Espriella.

Fabio Valencia Cossio exclamará: “O contagiamos o nos contagian”. El expresidente Uribe perfilará al coronavirus, porque él mismo dirá que es fácil de perfilar. Los científicos admitirán una tasa de mortalidad de 179 pacientes, siempre y cuando todos sean desmovilizados de las FARC. Aislarán la molécula en una casa fiscal de Usaquén. Ayudado por otros militares, Nicacio Martínez, elaborará pruebas chuzando a periodistas y opositores, y no declarará los falsos positivos de la  investigación, hasta que destruyan la molécula como si fuera parte de la JEP.

Superada esta primera fase, iniciarán ensayos en Carlos Felipe Mejía y posteriormente en humanos. Y cuando la vacuna misma consiga una inmunidad comparable a la Álvaro Uribe, Andrés Felipe Arias saldrá de la cárcel para cobrar su indemnización, lanzarse a la presidencia y organizar los primeros lotes de producción: lotes que serán fraccionados para que la familia Dávila Abondano pueda cobrar más subsidios.

Entonces Colombia la enviará a todos los países del mundo en el mismo avión en que mandó por los colombianos de Wuhan, salvo a Cuba, por orden del científico Ceballos. Y el presidente Iván Duque se habrá reinventado, y pasará a la historia como el hombre que volvió trizas al coronavirus, justo cuando se creía que su gobierno estaba perdido: como los objetos del cuarto de cosas perdidas en que también está su promesa de campaña de respetar la paz.

IDEAS PARA DUQUE TV

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Es lunes y una nueva emisión del programa de televisión del presidente está por comenzar. Hay nerviosismo en el set de Palacio. María Paula Correa, su mano derecha, ya cuadró el pote de gel con el que siempre decoran la mesa, y le advirtió que no lo use a modo de gomina.

En mangas de camisa, el mandatario ultima detalles.

— ¿Cuál es mi chaqueta, que ya casi vamos al aire…? —pregunta, con la ansiedad en la boca.

— La que dice Iván Duque —responde Hassan Nassar.

— ¿Y mi termo? —pregunta presuroso.

— El que dice Iván Duque –le señala de nuevo su consejero.

Se respira adrenalina. El director del DANE maquilla la frente presidencial como si fuera un informe de cifras, y con un par de retoques la deja como la atenida gestión de la vicepresidenta: sin ningún tipo de brillo.

— ¡Vamos al aire! —anuncia el ministro Carrasquilla.

— ¿Ya es la hora?

— No, no, digo en general: vamos mal. Si no le metemos banca privada a esto, no salimos.

— ¿No salimos al aire? —se preocupa el presidente.

Está nervioso. Le quedan todavía algunos breves minutos para repasar la emisión de su programa de hoy que no se llama “Aló, Presidente”, como el de su vecino, sino “Conéctate con Duque”: un nombre bastante inferior al ochentero “El Duque de Hazard” que él mismo propuso y que el jefe eterno del canal no autorizó.

—¿Alcanzo a un brownie? —pregunta el mandatario.

—El último —concede María Paula Correa, su mano derecha—. Y rápido.

—¿Hoy sí podré sacar la guitarra?

—No es momento —dice Hassan.

—Pero los presidentes de otros países lo hacen: miren a Maduro o a Bucaram. Miren a Piero.

—Piero no es presidente, Presidente.

—El programa no puede ser hablar y hablar: cualquier Talk Show tiene segmentos —se queja.

A diferencia del brownie, que devora en instantes, la negativa no le gusta. Desde que llegó Hassan Nassar siente que no le permiten crear. Aquel programa en que invitó a William Vinasco para narrar el gol de Colombia contra el Coronavirus (el partido quedó Colombia 1 – Covid 19) fue el que más se gozó. Pero es la única idea que le han admitido. Por lo demás, siente que le coartan su creatividad; que no lo deja ser ese hombre repentista y multifacético que mostró ser en elecciones.

Despediría a Hassan, pero se quedaría sin el hombre que le lee el futuro.

—Presidente —se acerca, precisamente, el propio Hassan, teléfono en mano—: se nos viene otro escándalo: hace unos años escribí este trino, un trino quejándome de que el gobierno derroche dinero: ¿ha habido algún gasto importante?

—¿Aparte de los 9 600 millones en camionetas?

—¡Gastaron 9 600 millones en camionetas!

—Pues sí: para que no nos critiquen por usar el avión presidencial.

—Pero en los trinos hablo de publicidad: ¿ha habido gastos en publicidad que mi yo del pasado pudiera criticar?

—Salvo los 3 350 millones en publicidad, ninguno —responde, seguro, el presidente.

—¿Gastamos toda esa plata en publicidad en plena pandemia? —se asombra Hassan.

—En manejo de redes, sí… Para crear tendencias, para posicionar el programa…

—¿El de gobierno?

—El de televisión, Hassan: al fin me siento a gusto. Quiero que en esto sí me vaya bien.

Y seguramente sucederá. El programa ha resultado un éxito, y la emisión de hoy viene con un anuncio que disparará la audiencia al mismo nivel del capítulo en que entrevistó a la doctora Lina Triana, experta en rejuvenecimiento vaginal: anunciará que los niños podrán salir tres veces a la semana (jugada maestra para que la medida incluya a Andrés Felipe Arias). Pensó invitar a “el Cantante del gol” para contarlo, pero sería repetir la fórmula del éxito: y él se quiere reinventar, como le insiste a su equipo. Por eso aceptó lanzar la exclusiva con un ministro.

—Con cualquiera —dijo en su momento— menos el señor de allá, que siempre pide la palabra y nunca habla. Y no para de moverse, me desconcentra. Ni siquiera me sé el nombre, porque ese tampoco lo designé yo.

—Ese, Presidente, es el traductor de señas.

Alicia Arango da la voz de que quedan cinco minutos. Ya está listo el cojín en el asiento del ministro Malagón. Es el mismo que usarán en el programa “El Presidente les responde a los niños”. El mismo ministro, se entiende. María Paula Correa pide que repase el libreto. Habrá un segmento de medidas contra el virus en que anunciará la inversión en equipos para el Esmad. El corte tipo Televentas que propuso, en que la ministra de ciencia promovería un menjurje contra el cáncer, no fue aprobado: otra frustración. En cambio, entrevistará de nuevo al ministro de salud y al director del Planeación, al que le dieron instrucciones para que hable más despacio, porque modula a la velocidad de Juan Guaidó y el traductor de señas siempre termina con dolor de bazo. Cuando pase a la oposición, chuzarlo resultará un esfuerzo infructuoso.

—Presidente, a propósito, no nos han autorizado hablar de las chuzadas —le advierte Nassar—. De vacunas, sí; de chuzadas, no: ¿entendido?

—Otra pregunta, amigo periodista —bromea el mandatario.

La ministra de energía prende las luces. María Paula Correa inicia el conteo. El presidente se distrae observando al traductor de señas, pero logra concentrarse cuando Hassan Nassar grita “¡al aire!”: entonces saluda a la familia colombiana y comienza una nueva emisión del Duque de Hazard.