Daniel Samper Ospina

Twitter sin Petro – Daniel Samper Ospina

Por Daniel Samper Ospina

Twitter finalmente tomó la decisión que tenía que tomar hace muchísimo tiempo, la cual era suspender de manera definitiva la cuenta de Donald Trump, quien desde esta trinchera generaba violencia, desinformación y miedo.

Lo mismo ocurre con Gustavo Petro, este señor durante el Paro Nacional de octubre de 2019 se dedicó desde Twitter a llamar a la ciudadanía para incendiar el país, la ola de violencia de esa manifestación parecía excitar a este señor, quien seguía alentando a los violentos.

No contento con eso, durante la revuelta en Bogotá por el asesinato por parte de la Policía de un abogado en un procedimiento abusivo, en donde los ciudadanos agredieron a la Policía, quemaron decenas de Cais, Petro desde Twitter retuiteaba y se notaba como disfrutaba mientras la ciudad ardía en llamas.

A él solo le falta pedir la insurrección popular por parte de los manifestantes para lograr su objetivo, que no es otro que el poder a toda costa. Trump fue silenciado por decirle a sus manifestantes que él fue víctima de fraude y que, además, con complicidad de las autoridades. Igualmente, eso ha hecho Petro con la fábula de Ñeñe, que solo se la cree y el senador Gustavo Bobolívar.

Por eso resulta extraño que Twitter en ningún momento haya suspendido de manera provisional o definitiva, la cuenta del pirómano Gustavo Petro, que desde Twitter de manera irresponsablemente dispara como en sus épocas de guerrillero terrorista, de lo cual aún no confiesa crímenes ni repara a los cientos de víctimas de esa actividad criminal.

Se hace necesario que, de manera inmediata, aplicando los mismos criterios que con Trump, que Twitter suspenda de manera definitiva la cuenta de Twitter del senador Gustavo Petro, que no es más que un terrorista de teclado.

El secretario de la no violencia – Daniel Samper Ospina

Daniel Samper Ospina

El ridículo cargo de Secretario de la No Violencia que creó el alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle para conseguirle trabajo al primo de su esposa Diana Osorio.

Quintero Calle quien ha gobernado Medellín con bastante ineptitud, decidió crear un cargo rimbombante para una persona totalmente falta de conocimiento y carácter como el primo de la primera dama.

El nombramiento de Juan Carlos Upegui, un filósofo cuyo único mérito es ser primo de Diana Osorio, esposa del alcalde Quintero Calle y por ende primera dama de la ciudad ha sido un total desacierto, pues no sólo es una muestra de nepotismo, sino que su incompetencia ha sido pavorosa.

Upegui recientemente sacó una pieza audiovisual para evitar la violencia juvenil, en el video el secretario debuta como actor. En un acto patético, con una música terrible y una estructura argumental deprimente, la campaña de esa Secretaria de la No Violencia se volvió viral, pero no por buena sino por todo lo contrario.

Y así transcurre el primer año de Quintero, entre la corrupción, la ineptitud y la estupidez.

Ñapa: La Fiscalía General de la Nación abrió investigación contra Daniel Quintero, pues lo que es un rumor de la calle, se está convirtiendo en realidad. Quintero pactó con la mafia para lograr su elección.

EL DELFÍN – DANIEL SAMPER OSPINA

La candidatura de Tomás Uribe, hijo del capataz de finca de Salga, Antioquia, es un hecho de muchísima preocupación para los sectores alternativos.

Nosotros representamos los intereses de los colombianos cansados del establecimiento y lo que representa el nefasto gobierno de Iván Duque Márquez y su corruptela alrededor.

Quien salió lanza en ristre contra la posibilidad de la candidatura del joven Tomás Uribe, fue Gustavo Petro, quién descalificó a éste y lo acusó de tener como una cualidad para aspirar a ser presidente, el hecho de ser hijo de Álvaro Uribe Vélez.

Petro quien tiene un hijo llamado Nicolás, cuyo único mérito para lanzarse a la gobernación del Atlántico el año anterior, es por la única razón de ser hijo de quien es. Nicolás Petro es un delfín gris, no ha trabajado nunca, es un charlatán sin ninguna preparación o brillantez.

Tomás Uribe es el antítesis de todo lo que representamos, pero es trabajador y exitoso, mientras que el vástago del dictador de Ciénaga de Oro, no es más que corriente más, nunca a la altura de nuestra oligarquía cachaca.

En pelea de delfines, obviamente yo soy el más exitoso de todos, pero si me toca escoger entre Tomás, Nicolás y Martín, creo que me quedo con el primero.

La lógica debe tener sentido, recuerden eso.

SIN FINCA NO HAY PARAÍDO – DANIEL SAMPER OSPINA

Parafrasendo a mi gran amigo en el mundo de la bufonería, Gustavo Bolívar, “sin finca no hay paraíso”. Con la extinción de dominio de la finca que tenía la familia de Monsalve, prácticamente se reveló la verdad.

La finca ‘La Venanera’ en realidad fue comprada por Iván Cepeda a través de una de sus cientos de ONG’s de papel que durante años de odio, ha creado para sacarle plata al Estado colombiano por todo.

La adquisición de ese inmueble fue un acuerdo entre Iván Cepeda, Juan Manuel Santos y Juan Guillermo Monsalve y su familia, para lograr empuercar (más) al chalán de Salgar, por eso la decisión del ente investigador regentado por Barbosita no es más que una forma de presión.

Con los Monsalve perdiendo la finca, sin donde pernoctar y mucho menos sin medio de subsistencia; y lo peor, con la posibilidad de una investigación por testaferro y lavado de activos, al testigo estrella no le quedó otra que cantar.

*Y cantar de lo lindo, si Monsalve no quiere que sus padres y su esposa, Deyanira Gómez, no vayan presos le toca contar quien le dio esa finca en contraprestación por sus declaraciones falsas con Uribe.*

Como diría Bolívar: “Sin finca no hay paraíso”.

OJO CON EL 22 – DANIEL SAMPER OSPINA

En libertad Álvaro Uribe Vélez, luego de que una imberbe juez de bajo rango decidió concederle la libertad por una supuesta falta de imputación de cargos, este salió con el hacha de guerra en la mano.

Fiel a su estilo pendenciero y bravucón, Uribe decidió regresar a la política con bríos de adolescentes, con la testosterona con los límites arriba para lograr la consolidación de su dictadura.

Sorprende, eso sí que ante la irrupción de un fenómeno político como el de Uribe, la izquierda no se avispe, ni nada.

El acobardado Sergio Fajardo decidió vetar a Gustavo Petro ante el temor que este lo destroce en una consulta interpartidista, pues esta clarísimo que Petro ganaría. Lo mismo sucede con el vejete de Iván Marulanda,  quien luego de años de pérdidas, se pasó al partido Verde y se convirtió en un esbirro de Fajardo; ahora Marulanda pretende también vetar a Petro, ¡extraña coincidencia!

Los demás líderes de la izquierda, sin ningún tipo de conciencia y llevados por la vanidad y el odio, insiste en irse separados a las elecciones. El resultado será desastroso, el uribismo volverá a ganar el poder.

Ante este panorama tan adverso y tétrico, desde ya me alisto para irme a ver ballenas en las playas de Nuquí.

LOS ÁLVAROS – DANIEL SAMPER OSPINA

En mi familia, durante décadas la única forma de eliminar a los contrarios fue asesinándolos, todo el que resultara una amenaza terminaría muerto, así ocurrió con Álvaro Gómez Hurtado, La Monita Retrechera, el chófer de Horacio Serpa Uribe, el excongresista Carlos Alberto Oviedo, Nacho Londoño, Lorena Henao y el sobrino de Rasguño.

Todos estos crímenes fueron ordenados por mi tío Ernesto Samper Pizano, quien es el poder detrás del poder en este país, es el poder en la sombra de los bandidos, de eso no hay duda, lo puedo asegurar como su familiar.

En el caso de Uribe, al ver la imposibilidad de aniquilarlo físicamente, mi tío desplegó una estrategia para acabarlo moral y espiritualmente, partirlo y hacerlo retirar de la política activa. Para ese propósito reclutó al senador Iván Cepeda Castro, quien guarda un abismal odio por Álvaro Uribe, debido a que, en el pedido de perder por el homicidio de Manuel Cepeda Vargas, éste lo revictimizó. Ahí nació todo.

Lo demás ya todos lo sabemos, se inventaron la estratagema contra los Uribe con la ayuda de Juan Manuel Santos, Eduardo Montealegre y Leónidas Bustos -el amo y señor de la rama judicial, incluso desde el “exilio” en Canadá-.

Todo funcionó muy bien hasta que Uribe renunció al senado y cambió completamente la ecuación, pero estaba segura su condena con los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, pero todo salió mal.

Posdata: La mentira de Lozada de adjudicarse el crimen de Álvaro Gómez Hurtado, es un vano esfuerzo de mi tío por librarse de la decisión de la Fiscalía que viene en camino, que es la de ordenar la detención del exdirector del DAS de la época Ramiro Bejarano, alias ‘Dasmán’ en el mundo del hampa.

EN MI DIARIO DE CUARENTENA

Día 12.
Después de haber atendido tres reuniones de trabajo eternas por Zoom y de celebrar un cumpleaños por Webinar, capté que hoy era domingo. La nota optimista del día: aprendí que Webinar no es un verbo ni insulto ni una enfermedad urológica, como suponía. Tampoco el nombre de un futbolista de Santa Fe: Webinar Velásquez. Marcador de punta.

Día 16.
Mi prima caleña llamó a contarme que bailó salsa en la discoteca de bioseguridad inaugurada por el alcalde Ospina: Juanchito. (Juanchito se llama la discoteca, no el alcalde Ospina. El alcalde Ospina se llama Jorgito, y es muy ruidoso y se cree muy iluminado: como una discoteca). Pidieron un combo para parejas: traía media de ron, picada, visera de cirujano y un galón de desinfectante. Luego bailaron la canción Señora muerte.

Día 28.
Estaba tan aburrido, que chismoseé una telesesión del congreso justo en el momento en que la cámara (la del Zoom, no la de representantes) ponchaba al representante Juan Pablo Celis en calzoncillos, con la porquería en la mano: ¡en semejante órgano tan importante! (Hablo del Congreso). Lo peor es que con esa misma mano aprueba leyes claves como la de declarar el carriel patrimonio cultural, u otorgar –dios mediante suceda– la cruz de Boyacá a la changua, que es tibia, es bogotana y tiene huevo. Como yo, según el petrismo.

Día 31.
Contraté un abogado para que me ayudara a descifrar si: a) el día que quería salir había pico y género; b) mi barrio quedaba en cerco epidemiológico; c) debía llenar alguna aplicación para evitar multas; d) mi oficio se encontraba en las excepciones de Duque, pero no en las de Claudia López; e) mi oficio se encontraba en las excepciones de Claudia López, pero no en las de Duque; f) había toque de queda. Al final el abogado no me supo decir pero me pasó una cuenta de cobro que no tengo ni idea de cómo voy a pagar, porque en la empresa redujeron el salario.

Día 37.
Entregué mis datos a una aplicación del distrito, y después supe que no era necesario. Espero que sean responsables con la información y no ventilen lo que dije de mis ingresos ni de mis hemorroides. Me tensioné mucho mientras descargaba la aplicación, y eso es malo para todo, en especial para las hemorroides. Definitivamente soy muy malo para manipularlas. Hablo de las aplicaciones. Hasta hace poco pensaba que Coronapp servía para que uno eligiera qué tipo de coronas quería para sus muelas o su funeral. Maldita enfermedad. Lo peor es que se habla de un rebrote. Hablo del coronavirus. (Y de las hemorroides).

Día 40.
En Caracol informan sobre abejas asesinas, volcanes en erupción y lluvia de meteoritos y, por si faltaran noticias apocalípticas, nombraron a Paloma Valencia en el comité de la paz. ¿Qué sigue? ¿Que Uribe acuse a Petro de paramilitar?

Día 48.
Llevé al parque a mi papá porque tenía su media hora de salida semanal, pero se trató de volar otra vez: atravesó la calle sin mirar si venían zorros o nutrias con sus crías. Perdió mi confianza. No lo vuelvo a sacar. Alcanzamos a regresar antes de las seis para ver el programa del presidente, que está buenísimo: corrió el pico para agosto. Descontando los de La venganza de Analía, es el pico más largo de la televisión colombiana.

Día 57.
Duque amplió la cuarentena pero clasifiqué en 42 de las nuevas 43 excepciones planteadas por el decreto, entonces pude salir a la calle. La ciudad estaba repleta. Un vendedor ambulante me vendió un tapabocas de segunda, y, a pesar de su insitencia, no me lo probé. Me queda gigante, pero se ajusta bien a la barbilla (donde nos lo ponemos en la oficina para poder hablar).

Día 65.
La policía mató a golpes al muchacho afro Anderson Arboleda. Pensé que en la Casa de Nariño tendrían que apagar la luz y meter a Iván Duque al búnker de Palacio o al menos al garaje por donde antes ingresaba alias Job; que rebautizarían la universidad Sergio Arboleda para no rendir homenaje a esclavistas: a lo mejor permitiendo el Sergio, para evitarle líos a los sergistas, pero con el apellido de otro personaje destacable: como el cantante de merengue Sergio Vargas. Pero no sucedió absolutamente nada.

Día 69.
El gobierno lanzó el programa de la hipoteca inversa y estoy intentando que mi papá no se entere: sería fatal para mis pretensiones hereditarias, e injusto que lo único que termine heredándole sean las hemorroides.

Día 72.
Duque organizó un día sin IVA. La gente atiborró las grandes superficies para comprar televisores cuyas pantallas, a diferencia de la curva de contagio, son planas. Fui a Alkosto y me endeudé para comprar uno en que cabría de pie Pachito Santos. Ahora veo el programa de Duque con una tecnología que tiene lo que al gobierno le falta: alta definición. En el capítulo de ayer promovió el distanciamiento social con tarjeticas verdes y rojas.

Día 84.
Tarjetica roja a María Fernanda Cabal por ponerse a priori del lado de siete soldados que violaron en manada a una niña embera de doce años. Ella siempre del lado del débil. El fiscal dice que no fue violación sino abuso. Le faltó asegurar que era una acción de guerra. Pero no de Ciro Guerra, a quien ocho mujeres salpicaron con testimonios de abuso. Qué país. Todas las noticias son de ese talante. Solo falta que Santa Fe anuncie la contratación de su nuevo marcador de punta: Webinar Velásquez.

DEYANIRA GUERRERO, KARINA GARCÍA, CONCEPCIÓN CORREDOR

Ni de la pelea de Petro y Uribe, en la cual Uribe por poco acusa a Petro de usar zapatos Crocs; ni del tétrico 19 de junio en que el gobierno echó por la borda el esfuerzo de encerrarnos durante tres meses al inventar el ofertazo de un día sin IVA: de nada de eso pienso escribir esta vez. Pienso escribir de tres mujeres que este domingo no estarán con sus familiares: dos que están muertas y otra más que está muerta sin morirse, porque su cuerpo no aparece, y sus hijos y su mamá lloran su ausencia con una esperanza dolorosa, que parece otra forma de castigo.

El cadáver de Concepción Corredor quedó arrumado en una vía del Casanare, atravesado a balazos. Nunca más la volverán a ver sus hijos ni su esposo ni su hermano, militante como ella del Partido Verde: el esfuerzo de su trabajo como presidenta de Junta de Acción Comunal de la vereda La Pradera era ahora ese cadáver anónimo, salpicado por el polvo del camino. La noche antes de que la mataran, dos tipos la sacaron a rastras de su casa, en medio del pánico de su familia. Si usted tiene hijos, ponga la cara de ellos sobre la de los hijos de Concepción Corredor, y ponga su propia cara sobre la de Concepción Corredor, e imagínese que se lo llevan, que se la llevan, a rastras, bajo gritos, sin que nadie sepa qué sucede: que a la fuerza la suben en una moto cuyo motor se pierde en la noche. Y que lo siguiente que sus hijos saben de usted es que su cuerpo apareció tirado contra la maleza de un camino polvoriento. Y que nunca más la volverán a ver.

Karina García amaba a los perros, tenía un hijo de tres años, y el día que la mataron ya la habían matado por dentro: fue una líder social a la que mataron dos veces. Un mes antes de que morir en medio de una camioneta en llamas, había sacado su título como especialista en contratación estatal y luchaba por convertirse en la primera alcaldesa de Suárez, en el Cauca. Su aspiración había desatado una incesante ráfaga de noticias falsas que no terminaban de doblegarla: en panfletos y mensajes decían que iba a llenar el pueblo de paramilitares; que quitaría la tierra a los campesinos para asignarla a las multinacionales. Pidió clemencia. Existe el video en que clamó por su honra: pueden verlo. Predijo que las difamaciones mataban. Y la mataron: la mataron con la mamá y cinco militantes de su partido y uno de sus escoltas de la Unidad Nacional de Protección, a quienes los sicarios sorprendieron en la carretera con una lluvia de balazos de fusil.  Un escolta consiguió escapar y existe el video en que cuenta su milagro: pueden verlo. Karina García de 31 años. Tenía un lunar en la palma de la mano izquierda. Dejó un hijo que ya tiene cuatro años. Una perra que se llama Serenata. Y un diploma.

Michel Forst, relator de Naciones Unidas, sostuvo que Colombia es uno de los países más peligrosos del mundo para la defensa de los derechos humanos. Las cifras solas no muestran la tragedia humana que hay detrás de cada caso. Por eso un grupo de columnistas hemos querido contar la historia de algunos de ellos.

Ya conté la de dos mujeres muertas, pero quiero hablar ahora de Deyanira Guerrero. El 2 de mayo de 2018, mientras James Rodríguez marcaba un gol con el Bayern, Deyanira Guerrero le pidió a su mamá la bendición, y se fue a trabajar al restaurante La pesebrera, en La hormiga, Putumayo, para ganarse los pesitos extras que sumaba a lo que producía vendiendo cerveza, raspados y gaseosa en una tienda.

Su mamá comenzó a llamarla desde las cinco de la tarde, porque no se había reportado. La llamó pero nadie contestaba, y la siguió llamando hasta que la llamada entraba directamente a buzón. Y nunca supo más de ella.

Deyanira tiene 38 años. O tendría. O debería tener: nadie sabe cómo referirse a la presencia invisible en que se convirtió. Jonier, su hijo de catorce años, dice que, para no estar triste, se imagina que ella está trabajando en la tienda, común y corriente, y que por la tarde vendrá ayudarle a hacer tareas, porque siempre les ayudaba a hacer las tareas; Yesid Santiago, su otro hijo (de diez años) habla poco. Cada uno debe imaginarse qué pasó, y administrar la esperanza traicionera de que un día cualquiera entrará de nuevo por la puerta.

El nombre de Deyanira Guerrero había aparecido en un panfleto de amenazas cinco meses atrás por su digno trabajo en la Alianza de Mujeres Tejedoras. Le gustaba la cachama sudada; le gustaba el vallenato; el día que se fue tenía un enterizo de jean. Deyanira es ahora esta especie de espectro que nadie se autoriza a llorar de verdad, esa muerte sin certezas que impide llorarla con un llanto redondo de desahogo, sin costuras ni culpas.

Esta vez quise escribir de estas tres mujeres: de sus dos cuerpos muertos arrumados en el camino; del otro cuerpo etéreo que nadie sabe dónde está. Mientras a todos nos carcome por igual el mismo olvido, este domingo quiero pensar en ellas y en sus hijos, y en este país de miseria al que poco le duelen sus muertos, y en este oficio inútil de no tener nada mejor que ofrecer a Concepción, Karina y Deyanira, sino un recuerdo triste que se evapora con el día.

EN LA CABEZA DE MARTUCHIS

…Yo creo que de este episodio todos podemos aprender. Mi hermano era muy joven, tenía apenas 36 años, y dijo: “voy a hacer un emprendimiento, voy a exportar a Estados Unidos”, y hasta ahí todo bien: eso fue lo mismo que yo propuse como ministra de comercio exterior, en una gestión que por lo demás fue muy destacada, porque yo soy una mujer muy emprendedora que siempre se ha destacado por trabajar, trabajar y trabajar, como decía el presidente Uribe, con el que hice una gran llave… porque esto no es de atenidos, de venga para acá y que el estado me haga todo… venga para acá y yo me quedo quieta y que el estado exporte por mí y yo no hago nada… No, nada de eso… Acá toca encomendarse a la virgen de Fátima, echarse la bendición y trabajar duro si uno quiere prosperar y no quedarse viviendo en una casita de doscientos metros, sin tener con qué pagar una fianza, una garantía, y comprando ropa en descuento en JCPenny.

Bueno: digo que mi hermano Bernardo hizo ese emprendimiento cuando era casi un niño de 36. Lo pensó, hizo sus números, quiso sacarlo adelante para producir en pesos pero ganar en dólares —que es como se deben pensar estos negocios de exportación—, pero se equivocó en el producto, no ha debido ser heroína… Heroína yo, y lo digo sin falsa modestia, que en cada uno de los cargos que he ocupado me he destacado: he trabajado para todos los presidentes sin excepción; como ministra de comercio, como ministra de defensa, cuando combatí la droga en toda su cadena de producción, porque la droga se tomó este país… Usted ahora va al campo y ya no hay campesinos, ahora son todos terroristas de ruana que trabajan para carteles de la droga, y contra ellos es nuestra lucha, sin contemplaciones: ¡acá no hay narcotraficantes buenos y malos! ¡Acá todos los narcotraficantes son malos y debemos proteger a la juventud de las amenazas de la droga! ¡Queremos jóvenes deportistas, como Farah y Hadad, como Faryd Mondragón, que algún día llegará a reemplazar al señor Constantino en la FIFA, o a ser ministro del deporte en un gobierno de Marta Lucía Ramírez!

Pasó entonces lo de mi hermano, y en su momento no dije nada porque ¿para qué?, ¿para qué propagar malos ejemplos? Además, ¿cuándo ha visto uno, por ejemplo, a los líderes de este país hablando de sus calamidades familiares, de un Gustavo Pastrana, de una Dolly Cifuentes? Son cosas que se llevan con elegancia, en silencio.

Es que esto no es de “venga que acá ninguno ha cometido errores” porque errores hay en todos lados: lo importante es manejarlos para que tu pasado no se interponga en tu futuro. Yo he trabajado sin descanso para liberar a Colombia de las mafias que se aprovecharon de la juventud de mi hermano Bernardo y de su temperamento bonachón, porque Bernardo es de esas personas que no te saben decir que no. Esa vez debieron de proponerle ganarse un dinero fácil, y él cayó redondo, pobre, a pesar de que le hemos dicho que parar ganar dinero uno necesita trabajar, montar negocios de construcción, siquiera de finca raíz: al menos organizar hipotecas para que los bancos puedan ayudarles a los viejitos al final de sus vidas pagándoles una mensualidad a cambio del apartamentico, y así pueden estar tranquilos.

Los periodistas que no son mis amigos me quieren desprestigiar: es que usted no contó, me dicen. Primero que todo: yo sí les conté a las personas con que trabajé. Y lo hice por lealtad, porque si hay una persona leal, esa es Marta Lucía Ramírez… Yo les dije: Presidente Uribe, mire que un hermano tuvo esto en Miami; presidente Pastrana, ya que acaban de decir en radio que usted es una mula, venga le cuento una cosa. Y ellos me dijeron: ¡adelante, Marta Lucía, no hay delitos de sangre, más bien vaya combata al narcotráfico hasta que caiga la última gota de sangre! Y le cumplí a la patria: me metí a las regiones, en zonas donde no hay construcciones; donde todos son lotes por construir; y ordené tropas y aspersiones porque en eso soy de una sola pieza, casi como el primer apartamento en que vivimos Álvaro y yo, el de 200 metros. Aunque ese tenía más cuartos.

No pueden utilizar la involuntaria indelicadeza de mi hermano para atajar la llegada de la primera presidenta de la República a Colombia. Sí: puede ser que mi hermano haya tenido un lío en Estados Unidos. Que preferimos no contar y tragarnos ese dolor en silencio para no molestar a nadie. Que mi hermano haya convencido a unas personas de que ingirieran heroína en preservativos en un país —y no es por defenderlo— en que toda la comida tiene preservativos. Y que también se haya robado una ropa. Y en JCPenny. Pero es muy sospechoso que lo descubran justo ahora, cuando mi carrera más brilla: ¿dónde está el fiscal, más bien? ¿Por qué no dicta una orden de captura contra el hermano de Petro? ¿Es que acaso quieren que este país se convierta en otra Venezuela? ¿Por qué se fijan en el tal Memofantasma, y no en el fantasma del castrochavismo?

De malas. Habrá Marta Lucía para rato. Como dije en Twitter, ¡a mí sí me importa que los altos funcionarios aparezcan compartiendo en fotos con narcotraficantes! ¡Dejen quietas esas fotos en el álbum familiar! Y dejen de juzgar a mi hermano, ¡qué atenido!: que ha tenido unos días tan largos como dicen que son mis declaraciones.

COSAS QUE AYUDAN A PETRO

Tras una amable charla con Gustavo Petro, cálida y divertida como los pantalones de piyama con que atendió el encuentro por Zoom, recibí un correo que llamó mi atención. Y, como lo cortés no quita lo valiente, me despedí de los pantalones de piyama con fina cortesía y me ocupé valientemente de lo que revelaba: según el corresponsal anónimo, la candidatura de Petro marcha a todo vapor gracias al trabajo incansable de tres jóvenes ejecutivos que tienen como obsesión subirlo a la presidencia. Constituyen su primer anillo de trabajo: el sanedrín que lo llevará a la Casa de Nariño en un viaje que, a diferencia del de La Habana, no parece tener regreso.

No se trata de muchachos de la Nacho, de pelo largo y mochila tejida, entre otros clichés. La estrategia es mucho más sofisticada. Hablamos de un equipo de ejecutivos modernos y conservadores, egresados de universidades privadas de derecha, que sobrellevan una vida de esmerado comportamiento moral; creen en los valores católicos tanto como en el libre mercado; y trabajan sin descanso para que el solio de Bolívar se llame de ese modo en honor a Gustavo, el exlibretista, y para que Hassan Nassar le entregue el puesto a Hollman Morris, con lecciones para convertirse en adivino incluidas.

Imaginaba a Petro montado en las camionetas compradas por Duque, todavía olorosas a nuevo y a Chitos, mientras escribía en su cuenta de Twitter frenéticos trinos sin puntuación con las ideas que se le ocurrían en el camino, y las dudas se me agolpaban en la cabeza: ¿cómo será el gobierno de la Colombia Humana? ¿Renunciarán los ministros al tercer mes, como cuando era alcalde? ¿Convocará una constituyente para refundar la patria él también? ¿Utilizará a Ecopetrol de caja menor o la redireccionará hacia la siembra de aguacates? ¿Ofrecerá cuotas burocráticas a Alejandro Ordóñez o le expropiará las tirantas?

Para rematar, por las noches me atormentaba la misma pesadilla: que sus más rabiosos tuiteros, borrachos de poder, abrían una correccional en el desierto de la Guajira, un Gulag Humano, para reformar a quienes votamos en blanco. En la enorme cantera abierta, nos obligaban a forjar acero a golpes de martillo para el metro subterráneo de Bogotá; Claudia López levantaba en una carretilla piedras tan grandes como las que se le vuelan por culpa del exalcalde; Jorge Enrique Robledo, descamisado, echaba pica como antes labia, y caía exhausto; Sergio Fajardo, rapado a ras de cráneo, empujaba rocas del tamaño de ballenas, mientras susurraba “Se puede”, para darse ánimo.

Yo observaba en silencio los vejámenes contra Humberto de la Calle, condenado al trabajo forzado de corregir gramaticalmente los trinos del gran líder, hasta que no soportaba la ignominia.

—¡Guardia, es un señor mayor, tengan compasión! —les rogaba.
—Es verdad —imprecaba De La Calle—: no me dan los ojos para poner más comas…
—¡Puntúe, anciano tibio: y corrija la sintaxis! —respondía un bravo tuitero, en medio de carcajadas.

Posteriormente nos confinaban en gigantescas aulas doctrinales para enseñarnos a amar al líder humano con todas sus contradicciones: justificar la vez que promovió el voto en blanco para votar por Mockus, o aquella otra en que consideró un gesto democrático ayudar a elegir a Alejandro Ordóñez.

Petro. Su presencia me produce una confusión de sentimientos. Noto su brillantez. Aplaudo su apertura. Me ilusiona imaginar que luchará contra los clanes familiares de la política, con ayuda de su hijo Nicolás, a quien hizo elegir como diputado. Pero a veces me entrego a un mar de desconfianza tan grande como su ego.

Quise entonces saber la identidad de los tecnócratas que inexorablemente lo van a llevar al poder, y contraté a un exmilitar uribista para que lo averiguara.

—Ubíquelos y perfílelos —le pedí, mientras le consignaba una cifra de varios ceros a la ultraderecha.

A vuelta de pago recibí un sucinto informe que incluía tres nombres.

El primero era Miguel Ceballos. Lo perfilaban como un dandy de gomina y pañuelo en la solapa, elegante foulard los fines de semana y costosa bata de seda con copa de brandy en mano en noches de seducción. Su misión para la campaña de Petro era sencilla: volver trizas la paz para que la gente salga a votar berraca en el 2022 por alguien que la reivindique.

El segundo era un mando medio: Iván Duque. Lo describían como un talentoso hombre de espectáculo dispuesto a lo que fuese para cumplir su sueño de conducir un Talk Show: incluso a convertirse en presidente. Su misión: elaborar un coctel de desgobierno y autoritarismo que favorezca a bancos y ahonde las desigualdades, para abonar terreno de modo ideal a los discursos populistas.

Y el jefe de cuadrilla: Francisco Barbosa. Joven abogado con un extraordinario concepto sobre sí mismo, convirtió la Fiscalía en policía política con la misión de perseguir a la oposición; hundir la Ñeñepolítica, para enardecer ánimos, y a la vez acosar de modo vulgar a Petro, con el fin de despertar solidaridad en torno a él.

Este, pues, es el sanedrín de Petro: el sanpetrín. Con esa sofisticada estrategia lograrán, incluso, que quienes dispersaron fuerzas independientes con su voto en blanco, terminen apoyándolo. Basta con abrir los ojos para darse cuenta. Como De la Calle cuando corrija los trinos del amado líder.