Daniel Samper Pizano

ZURRIAGAZOS DE INVIDENTE

Hay unanimidad en que este gobierno, que se traslada al Cauca en busca de indígenas cuando todos lo esperan en Bogotá, está dando palos de ciego. El problema cuando lanza zurriagazos un invidente —para decirlo sin que nadie se frunza— es que uno no sabe si es más peligroso el palo o más peligroso el ciego. Mientras lo averiguamos, parece claro que el subpresidente no dispone de un solo palo sino de muchos: de toda una bolsa, como los golfistas. Ya conocíamos algunas de las varas que agita atolondrado por los aires, como han sido el programa diario de propaganda oficial so pretexto de la pandemia, los ataques a las instituciones jurisdiccionales y la hemorragia de nombramientos de amigos y condiscípulos del jefe del Estado sin reparar en incompatibilidades, inteligencia ni preparación.

Últimamente el Gobierno extrajo de la talega un arma típica de los desesperados: el secreto. Ocultar, no informar, demorar, esconder, negar acceso. El viejo tapen-tapen constituye un garrote potente al servicio de un ciego que marcha tambaleante por terreno cenagoso: el lodazal del autoritarismo.

La obsecuente Fiscalía, como si no tuviera suficientes líos, ha adoptado ahora dos medidas indignas de un país democrático. Primero, imputar cargos a la periodista Diana Díaz por revelar un episodio de censura interna en la entidad estatal responsable de los canales y emisoras del Estado (RTVC). Y, segundo, una orden de inspección de los registros de entradas de dos meses a la sede de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), corporación independiente cuya misión es proteger el libre ejercicio del periodismo. El fiscal acusa a la reportera de revelar un grave secreto estatal, consistente en que el gerente de RTCV nombrado por el nuevo gobierno, Juan Pablo Bieri, desterró en 2018 a un conocido cronista que publicaba informes en Señal Colombia en al enterarse de que este había criticado un plan de restructuración del canal público. La venganza censora suscitó un escándalo, Bieri renunció y el presidente lo premió con una asesoría oficial jugosamente pagada. El decapitado alegó que era necesario purgar al cronista por atreverse a discrepar de “la entidad que le da de comer, que le paga un sueldo”. Acudió la Fiscalía en su apoyo y ahora Diana Díaz está inmersa en un proceso como si hubiera revelado que Colombia camufla una bomba atómica en los silos de La Caro.

Los zurriagazos de ciego revelan el talante del gobierno y la Fiscalía. Y su ignorancia. Porque solo la Constitución o la ley pueden decretar la reserva de documentos y actuaciones, como deberían saberlo dos juristas de su nivel. No vale un chisme de oficina y el memorando de un gerente. Cuando hay dineros públicos de por medio toda transparencia es poca pues, más allá de lo que cree el desventurado jefe (exalumno de la misma universidad del presidente, el fiscal y medio gobierno), quien “daba de comer” al periodista desterrado, y a Bieri y sus superiores, no es el Estado: somos los contribuyentes. Por eso todos los colombianos tenemos derecho a saber en qué se gastan nuestros impuestos y no hay lugar a secretos en estos menesteres, a menos que lo declare específicamente una ley. Pero, además, mala señal la de Señal Colombia si no acepta en su seno discrepancias y si un trabajo cumplido y exitoso como el de Santiago Rivas en Los puros criollos no recibe una valoración profesional sino un juicio cuya base es la opinión personal del cronista. Un medio informativo, sobre todo cuando lo sostienen dineros públicos, debe ser ejemplo de independencia, pluralidad, tolerancia y equilibrio. Si RTVC busca un modelo, que mire a la BBC de Londres, los telediarios españoles de los últimos años, la Deutsche Welle alemana o Radio France.

Me temo, sin embargo, que, en vez de hacerlo, están copiando con el rabillo del ojo a los medios chavistas venezolanos o a la vieja Stasi de la Alemania comunista, y aprendiendo de ambos. No de otro modo se entiende que, además de perseguir a la periodista que denuncia la vulgar censura, la Fiscalía hubiera husmeado en una fundación que lucha, justamente, contra procederes como este.

El instinto secretista, característico de gobiernos autoritarios, no se detiene en la Fiscalía. Red PaPaz (RPP), que lucha contra la comida basura, se queja del hermetismo de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), que cierra sus puertas a fundaciones defensoras del derecho infantil a una alimentación adecuada. RPP ha tenido que acudir a tutelas, memoriales y recursos de insistencia ante tribunales administrativos para conocer el curso y desenlace de los procesos oficiales que desatan sus propias denuncias. Gracias a su terquedad y la de otros grupos fueron sancionadas varias empresas por anunciar vitaminas que sus productos no contienen, recargar de azúcar los artículos sin advertirlo a los consumidores y combatir la leche materna para favorecer la venta de leche en polvo. También merced a su empeño el Congreso aprobó un proyecto de ley que, aunque debilitado, obliga a los alimentos a exhibir sellos de advertencia sobre su contenido, sobre todo el exceso de sal, azúcar y grasas saturadas. Es bueno que se apresuren. Pues ya no solo ofrece problemas la leche procesada sino los recipientes en que la toman los bebés. Acaba de descubrirse que los teteros de plástico obligan al niño a tragar millones de microplásticos cada día. Habrá noticias al respecto en los próximos meses. Y no serán buenas. Mientras tanto, conviene volver al recipiente de vidrio o, mejor aún, a la irremplazable teta de mamá.

Esquirlas. 1. Que no termine el 2020 sin festejar el centenario natal de ese gran intelectual, periodista y ser humano que fue Gonzalo González, GOG. 2. ¿Este mismo gobierno que critica las aglomeraciones de la minga no es el que armó multitudinarios barullos al decretar el día sin IVA? 3. Amigos que se van yendo: Luis Enrique Nieto, académico divertido y cultísimo; Enrique Gaviria Liévano, jurista a quien le quedaron debiendo la cancillería.

EL CLUB DEL CLAN – DANIEL SAMPER PIZANO

Los clanes nacieron en Escocia hace mil años. Eran familias que se unían para progresar y defenderse. A Colombia el concepto llegó hace algunas décadas, se revolvió con el impulso de corrupción y surgió el clan criollo. En el mapa del poder ya existían los jefes de la oligarquía liberal-conservadora, los clubmen, dispuestos a colocar bien sus descendientes. Luego aparecieron las roscas, en las que cuenta menos la solidaridad de clase y de partido y más el interés de promover alianzas punibles para repartir puestos y contratos. En el clan criollo los lazos de sangre son muy importantes; la política pasa a ser asunto de familias, los apetitos de poder se tornan desmesurados y en algunos casos añaden violencia y crimen al menú.

León Valencia, politólogo y narrador (acaba de salir su novela La sombra del presidente), es especialista en Los clanes políticos que mandan en Colombia, justamente el título de un libro suyo. Allí presenta, como en una pavorosa pasarela, los 19 clanes más temibles y poderosos esparcidos por la geografía colombiana. Siguiendo las huellas de su trabajo, hago una síntesis de los siete más notables:

Clan Char: Herederos del empresario Fuad Char, reinan en el Atlántico y tienen alianzas con otros clanes, como los Guerra, de Sucre. A él pertenecen seis congresistas, el alcalde de Barranquilla, la gobernadora del departamento y el presidente del Senado. Hace poco María Jimena Duzán denunció un presunto acto de corrupción del exalcalde Alejandro Char, y el columnista de El Espectador Alfredo Molano Jimeno señaló que este grupo es responsable de “la máxima tecnificación en el sistema de compraventa de conciencias, votos y favores políticos”.

Clan Cotes: Según Valencia, se trata de “una familia poderosa, aliada con grupos criminales y un control mafioso de la política”. Tiene vínculos con paramilitares y su territorio es el Magdalena, donde en las últimas elecciones sufrió esperanzadoras derrotas.

Clan Gnecco: Procedente de la Guajira, el clan desembarcó en el Cesar a mediados de los años ochenta. Primero ayudó a financiar campañas y posteriormente, con ayuda de jefes paramilitares, lanzó sus propias listas y ha elegido gobernador un par de veces. El último fue sentenciado en julio a cinco años de prisión por corrupción electoral y absuelto después.

Clan Aguilar: Entró en la política a principios del siglo XXI, cuando Hugo, su fundador, fue elegido gobernador de Santander. Condenado luego por parapolítica, sus hijos tomaron las riendas y controlan por turnos alternos una silla en el Senado y la gobernación.

Clan Besaile: La cabeza del clan, Musa, llegó a la Cámara en 1998 aliado con los De la Espriella y en 2014 con el célebre Ñoño Elías, dueño de su propio subclan en el mismo departamento de Córdoba. Ha seguido ganando elecciones pese a sus vínculos con el escándalo de corrupción de algunos magistrados de las Cortes. Su hermano heredó la senaduría.

Clan Toro: La exsenadora y gobernadora Dilian Francisca Toro comanda en el Valle del Cauca uno de los clanes más sólidos del país. Eligió en 2018 dos senadores, cuatro representantes y numerosos alcaldes. Su marido fue senador en 1998-2002 y ella cuenta con cuotas en el gobierno nacional. Misiá Dilian suena como precandidata presidencial.

Clan Guerra: Los Guerra Tulena y Guerra de la Espriella constituyen un antiguo y poderoso clan sucreño. Lo encabeza la exministra y senadora María del Rosario. Su tío Julio César y su tío Hernando han sido gobernadores. Joselito, su hermano, y Miguelito, su primo, fueron condenados respectivamente en proceso 8000 por parapolítica. Su marido, Jens Mesa Dishington, preside el poderoso gremio de palmicultores (Fedepalma), cargo que heredó del senador Antonio Guerra, su cuñado.

Agencia Nacional de Terratenientes

Precisamente el clan Guerra se relame desde hace días con la posibilidad de que la Agencia Nacional de Tierras (ANT) esquive, mediante una discutible y compleja medida, el mandato constitucional que solo le permite entregar terrenos baldíos a los campesinos pobres y abra la puerta a los voraces palmeros. La medida está en proyecto, pero pinta mal la situación para los campesinos, como lo han advertido, entre otros, el centro de estudios de justicia y el jurista Rodrigo Uprimmy. Pinta mal porque el afán de ayudar a agroindustriales proviene del propio presidente Iván Duque, quien entregó la agencia a los palmeros. Su directora, que, para variar, fue compañera de Duque en la universidad que sabemos, trabajó cinco años en Fedepalma, y de allí salió a la ANT. Pero no aterrizó sola. La SillaVacía publica los nombres de cuatro altos funcionarios que laboraban bajo el mando del esposo de misiá Rosario y desembarcaron en la Agencia, donde su hermano, Gunnar Mesa, ha firmado en los últimos meses dos contratos de asesoría por 207 millones de pesos.

Es que los clanes criollos comen cada vez más y amplían su sombra gracias al desmorona- miento de los partidos y el auge del caudillismo y la corrupción ¿Cuántas curules, ministerios, gobernaciones, alcaldías, institutos, agencias están en su poder? ¿Cuánta plata manejan? ¿Cuántos delitos han cometido? Un Char ya es cabeza del Congreso y a su hermano lo engordan para que presida este pobre país. ¿Terminaremos gobernados por un club de clanes?

Esquirlas. 1. La periodista Cecilia Orozco denuncia la cercanía de la Universidad Sergio Arboleda y su rector (“cogobernante en la sombra”) con la extrema derecha cubana de Miami, que apoya a Trump y ha logrado meter a Colombia en la campaña a favor del peor presidente que ha tenido Estados Unidos. ¿Para quién trabajan Duque y los archiduques? 2. Sigo citando a colegas: ahora para adherir al artículo en que Gloria Arias expresa su admiración por el valor y la serenidad de Iván Cepeda y subraya el contraste con los desafueros de su némesis, Álvaro Uribe. 3. Falleció en su país Diego Asencio, el embajador de Estados Unidos secuestrado con otros diplomáticos por el M19 en una recepción. Buen embajador y buen tipo.

Advertencia: Este columnista informa una vez más que no utiliza Twitter. Así, pues los trinos que están circulando con mi firma son todos falsos.

MASACREMOS EL URIBISMO

El día de ayer los colombianos vivimos un pequeño momento histórico: comenzó la masacre histórica al uribismo, pero también a la democracia. Bien sabemos que el el uribismo salvó a Colombia de realidades peligrosas, aunque haya habido momentos donde esta lucha “fuera una franca expresión dura y malsonante”.

El alumbramiento fue en vivo en directo. La criatura volvió a asomar la cabeza, expulsó un denso líquido amniótico donde flotaban dictadores de izquierda y en ese momento, la Unión Patriótica lo tomó por el pie, le dio una palmadita y lo exhibió orgulloso al mundo: había nacido el precandidato de la izquierda radical al 2022, se avecina una verdadera masacre.

Anoche, Unión Patriótica, padrino del recién renacido, lo bendijo ante la grey emocionado a través de su tapabocas, cual mesías.

El eufemismo detrás de todo esto es: progresismo, tan viejo como el idioma, pero desgraciados los que crecen cerca a él. Nadie sabe por ejemplo, cuando pasó de ser revolución comunista a revolución bolivariana y de ahí a progresismo. Nadie sabe dónde está la fe de bautismo en la que se neutralizó el término.

Al progresismo le salieron de inmediato defensores que tienen como único fin acabar con lo que el uribismo consiguió, preservar la democracia.

Lo que es cierto es que el progresismo deja regueros de términos atenuantes, desobedencia civil en lugar de rebelión; retenciones en lugar de secuestros; cultivos alternativos en lugar de narcotráfico; invitaciones a la causa en lugar de reclutamiento forzado. Lo imperdonable es que los periodistas recojamos los términos que nos impuso la izquierda interesada y que repudiemos la lengua común.

Un día despúes de parido el precandidato de UP con bandera de progresista, varios noticieros engavetaron las palabras dictadura, comunismo y revolución y optaron por el oficial sustituto.

Colegas, ciudadanos, pueblo que me lee: cuidado con los eufemismos que buscan masacrar el uribismo y la democracia. Algunos de ellos (eufemismos) son útiles para maquillar un discurso pero lo que buscan es engañarnos, deformarnos y escamotearnos. Tan nefandos serán, que la mayor fábrica de disimulos verbales funcionó en la Rusa de Lenin y Stalin, en la Cuba de Fidel y en la Venezuela de Chávez. El lenguaje normado creó cientos de vocablos maquillados que hoy son materia de estudios históricos: progresismo (comunismo), retenciones (secuestros), cultivos alternativos (cultivos ilícitos)…

Ayer, cuando Petro exijió hablar de progresismo entendí que ni el nombre era preciso, ni más suave que una dictadura comunista, y que el título que obtendría de presidente sería una masacre a la democracia.

Daniel Samper Pizano